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lunes, 12 de enero de 2015

Los misteriosos agujeros del cometa 67P y otras imágenes censuradas que no podemos ver

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Misteriosos agujeros en la superficie del cometa 67P vistos por la cámara OSIRIS (http://twitter.com/AstroKatie/)

En estos momentos la sonda espacial europea Rosetta orbita el cometa 67P Churyumov-Gerasimenko captando espectaculares imágenes de su superficie. Nunca antes la Humanidad había podido ver con tanto detalle y durante tanto tiempo el aspecto de un cometa. Entre ellas, estas alucinantes estampas de unos misteriosos agujeros de doscientos metros de diámetro que se encuentran repartidos por todo el núcleo:
Naturalmente, te preguntarás dónde están todas esas impresionantes fotografías. Pero no hace falta que te vuelvas loco buscándolas, porque no se han hecho públicas. Parece mentira, pero es así. El pasado agosto Rosetta alcanzó la órbita del cometa y pudimos contemplar algunas imágenes en alta resolución de la cámara OSIRIS. Desde un primer momento el equipo científico de este instrumento, dirigido por Holger Sierks, anunció que se iba a reservar el derecho de publicación de las imágenes y que solamente sacarían una fotografía a la semana aproximadamente.
Eso a pesar de que la visita de Rosetta al 67P era un hecho histórico y todo un logro sin precedentes de la Agencia Espacial Europea (ESA) que podía haber aprovechado para dirigir el interés del gran público hacia la exploración espacial y la ciencia. Pero no hubo manera. El equipo de Sierks se cerró en banda ante el temor de que ‘alguien’ pudiese adelantárseles y publicar artículos de nuevos descubrimientos usando las imágenes de OSIRIS. Poco importaba que nunca antes en la historia de la exploración espacial se hubiera dado un caso semejante de robo de datos. El mundo no estaba preparado para ver las imágenes de OSIRIS y se tendría que conformar con las fotografías de baja resolución tomadas por la cámara Navcam (un instrumento ‘de juguete’ en comparación con OSIRIS).
Por si fuera poco, hace meses que Sierks y su equipo decidieron que la política de publicar una imagen a la semana era demasiado magnánima y cerraron el grifo completamente. Ni siquiera el aterrizaje de Philae del pasado noviembre, que generó un interés mediático sin precedentes en una misión de la ESA, pudo ablandar el corazón de los guardianes de los tesoros de OSIRIS.Desde entonces nadie sabe qué maravillas nos está revelando esta cámara. Pero, contra todo pronóstico, sí que tenemos una ligera idea de lo que nos estamos perdiendo. Durante estos meses los investigadores de Rosetta han participado, como es normal, en varios congresos científicos en los que han presentado los últimos resultados de sus instrumentos, incluyendo OSIRIS.
En estos congresos los asistentes han podido ver imágenes de OSIRIS que, paradójicamente, ¡tampoco se han hecho publicas! Es por esto que la única forma que tenemos de ver estas imágenes es a través de fotos ‘robadas’ por los asistentes que luego han publicado en sus cuentas de Twitter o Facebook como si de paparazzi científicos se tratasen. Ese es el caso de la fotografía que abre esta entrada, tomada por @AstroKatie durante el último congreso de la American Astronomical Society celebrado en Tucson, Arizona, hace pocos días.
La política de Sierks ya era ilógica desde cualquier punto de vista, pero ahora que que hemos contemplado algunos de los resultados de OSIRIS en congresos es simplemente ridícula. ¿Por qué el equipo de OSIRIS no publica al menos las fotografías que ya han sido presentadas públicamente en estos congresos?¿Más secretismo o simple desidia? Mucho me temo que más bien lo último. A estas alturas ha quedado meridianamente claro que al equipo de OSIRIS no le interesa en absoluto la divulgación científica y el impacto positivo que estas imágenes podrían tener en la percepción pública de la ESA. Y si no es así lo disimulan muy, pero que muy bien.
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Ya se ha dicho una y mil veces, pero por si hay algún despistado lo repetimos. No se pide que Sierks publique TODAS las imágenes de OSIRIS en tiempo real. Es comprensible que el equipo se tome algún tiempo para analizar las imágenes y publicar los correspondientes papers en revistas de impacto (en diciembre se publicó en Astronomy and Astrophysics el primer artículo sobre las observaciones de OSIRIS realizadas entre marzo y junio). Por supuesto, nadie quiere tirar por la borda las carreras de decenas de investigadores que colaboran en este instrumento. Lo único que se está reclamando es que, de vez en cuando, se publique una selección de -a estas alturas- viejas imágenes de OSIRIS ya tratadas.
Migajas. Sólo pedimos unas pocas migajas, nada más. Un buen punto de partida podrían ser, precisamente, estas imágenes presentadas en congresos pasados (una práctica habitual en la NASA, por cierto, que suele publicar un press release correspondiente cuando se anuncian resultados científicos en congresos).
No cabe duda que, con el tiempo, las imágenes de OSIRIS se harán públicas y es de esperar que el equipo de OSIRIS anunciará orgulloso su decisión de abrir sus archivos como quien promueve una generosa obra de caridad. El problema es que para entonces puede que nadie esté prestando atención.
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El cometa 67P visto por la cámara Navcam, un instrumento de juguete comparado con OSIRIS (ESA).

viernes, 24 de mayo de 2013

Nuevos indicios de que fue un cometa y no un asteroide lo que aniquiló a los dinosaurios

Los profesores Jason Moore y Mukul Sharma, del Departamento de Geociencias del Dartmouth College en Hanover, New Hampshire, Estados Unidos, han presentado los resultados de su nueva investigación, según los cuales fue un cometa lo que provocó la extinción de los dinosaurios.



Hace 66 millones de años, ocurrió algo que extinguió a los dinosaurios
por ciento de todas las demás especies que poblaban la Tierra en aquella época. La mayoría de los científicos cree que el culpable directo o indirecto de esta aniquilación fue un objeto extraterrestre, y la opinión mayoritaria sobre la naturaleza de éste es que fue un asteroide.


La teoría de que el impacto de un asteroide causó la extinción, empezó con descubrimientos hechos por el físico Luis Alvarez, galardonado con un Premio Nobel, y su hijo, el geólogo Walter Alvarez, profesor en la Universidad de California en Berkeley. En 1980, ambos identificaron concentraciones extremadamente altas de un elemento químico, el iridio, en una capa de roca conocida como Límite Cretáceo-Paleógeno (antes llamada más comúnmente Límite Cretáceo-Terciario). La capa marca el final del Período Cretáceo, que fue una era dominada por los dinosaurios, y el principio del Período Paleógeno, tras la extinción de los dinosaurios.
Aunque el iridio es raro en la corteza terrestre, es un elemento común en cuerpos rocosos provenientes del espacio, como por ejemplo los asteroides. Debido a los elevados niveles de iridio encontrados por todo el mundo en esa capa del Límite, los Alvarez sugirieron que esto apuntaba a una importante colisión entre un asteroide y la Tierra, alrededor de la época del Límite Cretáceo-Paleógeno, hace unos 66 millones de años. El debate científico en torno a esta teoría no cesó hasta 2010, cuando un panel de 41 científicos publicó un informe en apoyo de la teoría de los Alvarez. El panel confirmó que en el Límite Cretáceo-Paleógeno un gran asteroide impactó contra la Tierra, y causó la extinción masiva de aquella época.
La comunidad científica actualmente reconoce que el cráter de Chicxulub (descubierto en 1990), de unos 180 kilómetros de diámetro (unas 110 millas), sepultado a gran profundidad y parcialmente sumergido bajo la Península de Yucatán en México, es el lugar de la Tierra donde impactó el mortífero asteroide. La edad del cráter de Chicxulub, 66 millones de años, coincide con el Límite Cretáceo-Paleógeno, por lo que se concluyó que lo que produjo ese cráter también exterminó a los dinosaurios.
Moore y Sharma concuerdan con los Alvarez en que Chicxulub fue la zona del impacto, pero discrepan en que el objeto procedente del espacio fuera un asteroide. Los científicos recopilaron todos los datos publicados sobre el iridio en la capa geológica que corresponde a la época de la catástrofe. También incluyeron los datos de esa capa relativos al osmio, otro elemento común en las rocas provenientes del espacio.
Una imagen de la Península de Yucatán, en México, muestra un tenue semicírculo en el noroeste, marcando la porción subterránea del cráter de impacto de Chicxulub, con el resto del cráter oculto debajo del Golfo de México. La imagen original fue tomada por la lanzadera espacial estadounidense Endeavour, en febrero del 2000.
Revisando y reanalizando los datos, han llegado a la conclusión de que los niveles totales de los elementos traza son mucho menores que los asumidos durante décadas. Este hallazgo debilita el argumento del impacto por asteroide. Sin embargo, la explicación de que el objeto caído fue un cometa, concuerda con la evidencia del cráter causado por un gran impacto y también encaja con los bajos niveles de iridio y osmio en la capa geológica que corresponde a la época de la catástrofe.
Los cometas tienen en su composición un porcentaje de iridio y osmio menor que el de los asteroides, pero debido a las altas velocidades a las que viajan, pueden tener suficiente energía para crear un cráter de 180 kilómetros de diámetro. A menudo, los cometas viajan mucho más rápido que los asteroides, por lo que tienen más energía de impacto, aunque debido a estar formados en gran parte por hielo, no albergan tanto iridio u osmio.