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jueves, 9 de octubre de 2014

¿Qué hace el azúcar con nuestro cerebro?

La ciencia explica los impactantes efectos que el azúcar produce en nuestro cerebro, que no se diferencian mucho de los que sufre el de un adicto a las drogas, el tabaco o el alcohol.
Si comparamos un cerebro normal, el de un obeso y el de un adicto a cocaína, el cerebro normal contiene mucha más cantidad de la sustancia resaltada de color rojo (vea la imagen), la llamada dopamina. Esta sustancia química se produce en la parte del cerebro que asociada con la recompensa, explica el rotativo Mic.
Cuando alguien experimenta una recompensa –por ejemplo, mientras come una comida especialmente sabrosa– el nivel de dopamina alcanza su máximo. Para los adictos, se trata de todo lo contrario: este pico de dopamina solo llega en la anticipación de la recompensa, en lugar de con la propia recompensa real. Más tarde, una vez que se consigue, los efectos son débiles porque el cerebro ha sido inundado con la dopamina.
Los escáneres cerebrales muestran que los adictos de todo tipo tienen menos receptores de dopamina de media en su cerebro, por lo que las señales de dopamina se envían más débiles entre células. Esto es lo que hace el azúcar al cerebro –exactamente lo mismo que el tabaco, el alcohol y la cocaína.
En 2013 investigadores de la Universidad de Connecticut descubrieron que los productos ricos en azúcar y grasa pueden ser tan adictivos como la cocaína: estimulan el cerebro de la misma manera en que lo hacen las drogas. Algunos especialistas opinan que estos productos representarían aún mayor peligro que las drogas debido a su accesibilidad y asequibilidad.

sábado, 12 de abril de 2014

“Nuestro cerebro no nos permite ver la realidad tal como es”

Para mucha gente, Juan Tamariz es poco más que un mago de aspecto estrafalario y más o menos gracioso que aparece de vez en cuando en televisión. Las apariencias, ya se sabe, engañan. Tamariz es uno de los ilusionistas más respetados del mundo y un auténtico erudito de la magia; ha hecho carrera con su capacidad para explotar la tendencia de nuestros ojos y nuestro cerebro a distorsionar la realidad y su labor, como la de otros profesionales del engaño piadoso, tiene un gran interés para la neurociencia.


III SUSANA MARTÍNEZ-CONDE
Susana Martínez-Conde nació en La Coruña. Realizó el doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela, seguidos de una estancia postdoctoral en el laboratorio del Premio Nobel David Hubel en la Universidad de Harvard. Actualmente es directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Barrow Neurological Institute (Phoenix, Arizona). Antes, dirigió laboratorios en University College London (Reino Unido).
Susana Martínez-Conde, directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Barrow (Phoenix, EEUU), explicaba ayer en una conferencia en la Universidad Europea de Madrid cómo algunos de los magos más célebres del mundo le habían recomendado que si quería aprender de veras sobre la teoría de la magia entrevistase a un tal “Tamaris”. Martínez-Conde había acabado hablando con ellos en su búsqueda de los fundamentos neuronales de la forma en que nuestro cerebro recrea la realidad que percibimos. Recrea, porque lo que creemos que percibimos es solo una aproximación a la realidad. Sus conclusiones quedaron plasmadas en el libro Los engaños de la mente, que firma junto a su marido, el también neurocientífico Stephen Macnick, y resultan inquietantes para quienes necesitan creer, al menos, lo que ven con sus propios ojos.

¿A qué se refiere cuando dice que la mente nos engaña?

El engaño se refiere a que no vemos, o no percibimos, porque esto no solo sucede con la vista, la realidad tal como es. El cerebro nos está dando una imagen que, si hablamos del sentido de la vista, no es una imagen fidedigna y a veces es claramente distinta de la realidad.

¿Hay alguna posibilidad de evitar ese engaño?

No es posible tener una representación fidedigna de la realidad con los recursos neurales que tenemos. El cerebro tiene un tamaño que es bastante reducido, y se ve forzado a tener, en el caso del sistema visual, solo el millón de fibras, que son los axones, que componen el nervio óptico. Eso sería el equivalente a un millón de pixels. Esto, que sería muy poco en una cámara, le llega en general al cerebro porque toma muestras de la parte que puede tener mayor información y después rellena los huecos. Pero a veces se rellena de una manera que es incorrecta.
Por mucho que entrenes, no vas a superarlo porque tienes una limitación física del cerebro. Se puede maximizar lo que tienes, pero más allá no vas a poder ir. Quizá en el futuro, en un escenario de ciencia ficción, si tienes una prótesis neural que sea capaz de aumentarte estas capacidades, podría ser una vía, pero basándonos en nuestra biología, no.
“No es posible tener una representación fidedigna de la realidad con los recursos neurales que tenemos”

En caso de que fuese posible hacerlo, ¿sería deseable?

Tampoco sería interesante, porque el hecho de estar seleccionando la información que vamos a procesar nos libera de procesar información que no necesitamos y que puede interferir con el resto. Lo que hace el cerebro con el rellenado de huecos es una estrategia mucho más eficaz en términos de recursos neurales y de velocidad de procesamiento que procesar toda la información.

¿Desde el punto de vista evolutivo, nos pudo dar alguna ventaja para la supervivencia que el cerebro nos engañe?

El que el cerebro nos engañe es un efecto secundario de los mecanismos que necesita implementar con sus limitaciones para que nosotros podamos sobrevivir en el mundo y transmitir la herencia genética a la siguiente generación. El hecho del engaño no es una ventaja evolutiva, pero los mecanismos que el cerebro ha implementado para acelerar la velocidad y la capacidad de procesamiento con estos recursos limitados dan lugar al engaño. Pero en la mayor parte de los casos este engaño es inocuo porque el cerebro, aunque no percibe la realidad tal como es, sí realiza una simulación bastante aproximada.

¿Tienen alguna relación estas ilusiones visuales con otras recreaciones de la realidad que hace nuestro cerebro como los falsos recuerdos?

En la memoria también existe una discrepancia. No nos debemos fiar de nuestras memorias. De hecho, se han hecho una serie de trabajos que demuestran que la memoria se puede alterar. Incluso la manera de hacer una pregunta puede variar la memoria de una persona. Esto es algo que también utilizan los magos. Por ejemplo, Elizabeth Loftus, en uno de sus trabajos clásicos, que también mencionamos en el libro, hace que una serie de observadores vean un vídeo de un coche que choca con otro. Después de verlo, a parte de estas personas se les pregunta qué velocidad creían que llevaba el coche rojo cuando chocó contra el coche azul, y a otras se les pregunta cuál era la velocidad del coche rojo cuando se estrelló contra el azul. En el segundo caso dicen que la velocidad es mucho mayor.
Las memorias no son fidedignas y desde la neurociencia se está argumentando que debería dejarse de utilizar el testimonio de testigos, porque prácticamente no tienen valor; no representan la realidad tal como ocurrió. Y sucede lo mismo con la memoria autobiográfica, con cosas que nos pasaron a nosotros. Por la neurociencia hoy sabemos que lo que estamos haciendo al acceder a estas memorias que están almacenadas a largo plazo, es accederlas, recordarlas y volverlas a almacenar, y que este acto de retirarlas del almacenamiento y volverlas a almacenar las cambia. Cada vez que accedemos a una memoria la estamos cambiando, a veces de manera ínfima, pero a veces de manera muy sustancial.

¿Las implicaciones de la manipulación de nuestras percepciones en la magia, funcionan igual en la política o la publicidad?

No lo hemos trabajado, pero son técnicas que no solo los magos utilizan. Las utilizamos nosotros unos con otros constantemente. Los magos no es que tengan acceso a unos circuitos del cerebro que nadie utiliza, los explotan y los han refinado de una manera que es espectacular, pero también se hace en otros campos como la publicidad, el márketing, la política… De hecho, en el primer artículo que publicamos sobre la magia para Scientific American, llegó una carta de un lector diciendo que le había gustado mucho el artículo, pero que tenía un fallo, y es que cada vez que poníamos magos, teníamos que poner políticos.
“Desde la neurociencia se está argumentando que debería dejarse de utilizar el testimonio de testigos, porque prácticamente no tienen valor”

Si tanto la vista como los recuerdos nos engañan, ¿no dificulta esto los acuerdos entre distintas personas sobre la realidad?

El hecho de que el cerebro nos engañe no quiere decir que nos engañe a cada uno de una manera diferente. Existen diferencias individuales, pero la circuitería básica es común a todos. Todos somos engañados, pero todos experimentamos un engaño similar. El acuerdo es posible; es un acuerdo erróneo, pero es posible.

¿Qué aplicaciones a este tipo de estudios?

Estamos colaborando con el Instituto Kingston de Resucitación de Canadá, con médicos que se están formando en técnicas de resucitación para acelerar su entrenamiento y que sean capaces de sobreponerse un poco a este efecto túnel cuando se enfrentan con una situación de resucitación de emergencia. Los novatos tienden a centrarse en la cara del paciente e ignorar otros recursos o instrumentos, mientras que los médicos que tienen más experiencia pueden relajar más el foco de atención. Creemos que podemos llegar a implementar un método de formación que acelere esta transición de principiante a experto basándose en la neurociencia de la atención.
Otra posibilidad es la utilización de los análisis de movimientos oculares como herramienta de apoyo diagnóstico a la enfermedad de Alzheimer y del deterioro cognitivo leve. A nivel cerebral existe un gran solapamiento de los sistemas neurales que controlan la posición de los movimientos de los ojos y los sistemas que controlan la concentración del foco de atención. Es básicamente el mismo sistema neural. En patologías como el alzhéimer, en las que existe un deterioro de la atención, hemos visto que los movimientos oculares están afectados de una manera característica. Y no solo en pacientes dealzhéimer sino también en otros con deterioro cognitivo leve, que no tienen alzhéimer todavía, pero que están en una situación de riesgo de desarrollarlo. Tenemos la esperanza de que esto pueda ayudar como marcador de diagnóstico temprano.

Lleva más de 15 años trabajando fuera de España. ¿Cómo ve desde esa posición la situación de la ciencia aquí? ¿Los problemas son solo de financiación o también de cultura a la hora de trabajar?

Yo no creo que la diferencia cultural sea tan importante. Llevo fuera de España 17 años y cuando me fui la situación en investigación estaba un poco complicada. De hecho, cuando yo llevaba cuatro o cinco años en EEUU, tuve la oportunidad de volver y me dio miedo. Al final pensé que la incertidumbre para volver en esas condiciones era demasiada y acabé aceptando una oferta en Londres, en University College London, que fue donde tuve mi primer laboratorio.
“España va a perder una generación de investigadores”
Pero luego, a los pocos años de irme a Londres y después de unos años en Arizona, la situación se había puesto bastante bien, más competitiva, y en ese momento me estaba planteando si algún día no estaría bien volver. Veía que había una inversión grande a nivel del Gobierno, formándose centros, atrayendo a investigadores. Incluso lo notaba en la gente. En mi laboratorio siempre suele haber algunos españoles. Ahora mismo, entre mi laboratorio y el de Steve, mi marido y principal colaborador, tenemos cuatro españoles. Y lo notas en la cantidad de gente que se pone en contacto conmigo para venirse a mi laboratorio desde España. Cuando las cosas van mal, hay muchos que quieren venirse, cuando van bien, hay menos. Y en esos momentos había menos.
La verdad es que se avanzó mucho, pero con la crisis y los recortes los avances que se hicieron en ese momento se perderán y no se recuperarán en décadas. Y no solo eso. España va a perder una generación de investigadores y eso no solo en la gente que está en investigación hoy, que es gente que no se va a dedicar a la investigación porque ven que no hay futuro. Yo esto lo he visto incluso donde hice el bachillerato, en Coruña. Me pidieron que diese una conferencia, y lo que vi hablando con los alumnos es que con 15 o 16 años ya están desilusionados. Yo con esa edad no pensaba en cómo estaría el mercado laboral o si voy a poder sacar adelante una familia… Son prácticamente niños y ya están desilusionados con su futuro, y para ser investigador tienes que tener ilusión.

lunes, 27 de enero de 2014

Cuando estamos tristes el estomago nos pide chocolate y alimentos dulces.

El estómago es nuestro segundo cerebro:

Además de controlar la digestión, el estómago también controla nuestras emociones y nuestras ganas de comer. 

Esos metros de largo de los intestinos son los que nos provocan ganas de comer, más cuando estamos estresados. Por eso cuando tenemos miedo, el estómago se nos cierra por completo, o cuando estamos tristes nos pide chocolate y alimentos dulces. El sistema nervioso entérico, el del estómago, es el encargado de hacernos sentir todas esas sensaciones.

Este sistema nervioso fue descubierto en el siglo XIX, siglo desde el que se ha vuelto más complejo aún. Tiene similitudes con el cerebro: dispone de neuronas y células gliales, produce hormonas y genera dopamina, en mayor grado que el cerebro. Los nervios del estómago ayudan a controlar la mezcla de los alimentos en la digestión, ya que es un proceso muy complejo y las neuronas ayudan a detectar los alimentos peligrosos que alcancen el estómago, son las que alertan y provocan el vómito.

Fuente: http://noticiasvenezuela.org/2014/01/el-estomago-es-nuestro-segundo-cerebro/

sábado, 4 de enero de 2014

Arrestan a joven de EE.UU que vendía cerebros humanos por Internet

Fue detenido después de que un hombre le comprara seis frascos por 600 dólares y se hubiese fijado en las etiquetas, sospechando que algo sucedía.

Un joven de 21 años de edad, identificado como David Charles, es el sospechoso de robar cerebros de enfermos mentales muertos para venderlos en internet.
Charles está acusado de robar más de 60 frascos de cerebros y otros tejidos humanos en octubre de un espacio de almacenamiento en el Museo de Historia de la Medicina de Indiana, Estados Unidos.
Algunos frascos con cerebros se vendieron en el sitio de subastas eBay por un intermediario, a pesar de la política de la empresa en contra de comerciar con seres humanos y con su cuerpo.
La venta comenzó a desmoronarse cuando la directora ejecutiva del museo, Mary Ellen Hennessey Nottage, recibió una llamada el mes pasado de un hombre en California que dijo que había comprado “seis tinajas de materia cerebral” por 600 dólares en eBay, de acuerdo con documentos de la corte.
Nottage notificó a la policía, y estos atraparon al muchacho en una operación encubierta, tras una cita de un policía que se hizo pasar por un comprador.
Charles fue arrestado el 16 de diciembre. Fue acusado de robo y otros cargos.
El detenido comparecerá ante una corte de Indianápolis este mes con relación al presunto robo de decenas de frascos de conservas de tejido cerebral humano valorado en cerca de 4.800 dólares.
El Museo de Historia de la Medicina se ubica actualmente en el sitio del antiguo hospital, que cerró en 1994.
Periódico24  /  Correo del Orinoco