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lunes, 9 de junio de 2014

El Plano Astral (I): Radiografía del plano astral



Con este artículo inauguramos la trilogía El Plano Astral, que como su nombre indica versará sobre las características de este mundo, tan cerca pero al mismo tiempo tan lejos de nosotros. En esta primera entrega describiremos el plano astral como territorio, en la segunda parte hablaremos de los habitantes que moran en él y en la última daremos unas pautas para hacer viajes astrales.


Antes de nada cabría preguntarse: cuando nos referimos a un “plano”, ¿de qué estamos hablando realmente? Si no podemos verlo ni percibirlo con nuestros sentidos ordinarios, ¿no se tratará más que de una quimera alimentada por los tratados ocultistas?

Para empezar, habría que decir que no existe sólo lo que vemos con nuestros ojos. Todo el tiempo estamos rodeados de cosas que no percibimos, pero aún así influyen sobre nosotros: ondas de radio y de TV, pequeños microorganismos, planetas, frecuencias del espectro de la luz que escapan a nuestros conos y bastones…

Por otra parte, sabemos que la materia es energía muy muy condensada o de un nivel vibratorio muy bajo, y por ende la energía no deja de ser materia vibrando a una escala altamente sutil. Sabemos también que la energía no se crea ni se destruye, sino que se siempre se está transformando.

Importante es aclarar que en la vasta literatura esotérica u ocultista se les puede dar el nombre de mundos, reinos, niveles, regiones o esferas a las distintas dimensiones o densidades a las que nos vamos a referir, aparte del de “plano”, que es el que más vamos a utilizar aquí.

También habría que aclarar lo que significa “nivel energético o vibratorio” y qué tiene que ver con el estado evolutivo de cada ser. Cuando fallecemos, y cada noche mientras soñamos, nos trasladamos al plano astral. Y dentro del plano astral, nos movemos dentro del subplano o franja que nos corresponde según nuestro nivel vibratorio. Podemos explorar más abajo pero nunca hacia las zonas superiores. El nivel vibratorio de cada uno es la manifestación en el plano energético de nuestro estado evolutivo. 

La manifestación del amor es la vibración de frecuencia más alta, mientras que los espíritus poco evolucionados o que todavía se guían por el egoísmo se quedan en los subplanos más bajos, lo que se llama astral inferior. El cielo y el infierno serían una visión deformada de esta realidad que ha llegado hasta nuestros días.

Nuestro sistema solar o Vía Láctea está conformada energéticamente por siete grandes planos que comparten correspondencias vibratorias con los colores de los siete chakras que poseemos todos nosotros (aquí pues, tenemos otro ejemplo de que como dice el axioma hermético, “como es arriba, es abajo”). Empezando por el nivel más bajo, el puramente físico, tendríamos:

Plano físico (etérico y denso) –> color rojo

Plano astral o emocional –> color naranja

Plano mental o devachánico (inferior y superior) –> color amarillo

Plano búdico o nirvánico –> color verde

Plano átmico –> color azul

Plano monádico o anupadaka –> color índigo

Plano ádico o divino –> color violeta o dorado


El plano ádico es el más cercano a nuestra fuente o Logos galáctico. Más allá se siguen continuando los planos, pues el Logos a su vez también tiene su fuente, y dentro de este nivel también nos encontramos con seres y grupos avanzadísimos cuya idiosincrasia escapa a nuestra comprensión.

Cada uno de los siete planos que acabamos de citar a su vez se divide en siete subplanos, estos en otros siete, y así ad infinítum, dando unas franjas vibratorias infinitas donde pueden residir los seres que se ajusten a ellas. Dentro de la misma región, como la astral que es la que nos ocupa, los habitantes que residan en las franjas vibratorias más bajas se corresponderán con un naranja apagado, mientras que cuanto más ascendamos en el gradiente, el color se volverá más vivo y brillante. El grado de conocimiento y sabiduría de los seres dentro del mismo plano varía tal y como lo hace el color.

La materia de cada uno de estos planos o mundos difiere entre ellos como aquí los gases difieren de los sólidos.

Al plano astral también se le suele llamar el reino de la ilusión, por las impresiones que causa en los que se aventuran en él. La mayoría de sus habitantes pueden cambiar de forma con rapidez y así fascinar a los que escogen para divertirse con ellos. También se caracteriza porque la visión en este plano es mucho más amplia que en el físico, y el interior de un sólido es tan visible como la superficie (por eso se le llama también cuarta dimensión). Pueden verse también los gases constituyentes de la mezcla atmosférica, las radiaciones de todos los seres vivos, los rayos infrarrojos y ultraviletas que la ciencia descubrió por otros métodos y el halo “energético” que en envuelve una ciudad. Muy habitual es también la permutación de las cifras de un número (por ejemplo, leer 592 en vez de 295 o viceversa) por lo que los neófitos en viajes astrales deben estar muy atentos y ejercitar la visión astral.

Los primeros tres subplanos tienen por trasfondo el mundo físico con todos sus conocidos accesorios. La vida en el primer subplano es la misma que la ordinaria en la vida terrestre, menos el cuerpo físico y sus necesidades; pero al transferirse a los 2º y 3º subplanos es cada vez menos material y se retrae más y más del mundo terreno y sus intereses.

En el plano astral no rigen las mismas leyes que en el físico, por eso podemos levitar o volar, por ejemplo. También existen cuatro grados de materia física más sutil que la gaseosa, a la que a falta de nombre un nombre específico se le llama etérea. En la región astral nos podemos mover en el tiempo, como si fuéramos en un avión y lo viéramos todo desde arriba. Tampoco el tiempo transcurre de la misma manera, más bien nuestra sensación de “tiempo” como tal en el mundo físico es consecuencia de percibir con nuestros sentidos ordinarios una realidad o una característica de la cuarta dimensión.

Cada partícula de materia física tiene su contraparte de materia astral, y esta contraparte no es un cuerpo simple, sino que generalmente, es un cuerpo complejo constituido por varias clases de materia astral. Además, todo ser viviente está rodeado de una atmósfera o nimbo peculiar llamada aura. Se la percibe como una masa oval de neblina luminosa de muy complicada estructura, y por su forma se le suele llamar huevo áureo.

Cuando la vista astral está plenamente desarrollada es capaz de aumentar hasta el tamaño que deseemos la visión de las más menudas partículas físicas, como si se observaran con un microscopio. Los objetos ordinarios del mundo físico se perciben desde este plano con mucho más detalle y su aspecto difiere considerablemente del que nos es familiar en el mundo físico. Así, por ejemplo, una roca vista astralmente no es ya una inerte masa de piedra. Se ve de golpe toda la masa en vez de una pequeña parte de ella; son perceptibles las vibraciones de sus partículas físicas y se advierte la contraparte astral constituida por diversos grados de materia astral, cuyas partículas también están en constante vibración. Además, se ve cómo la vida universal circula por la masa y de ella irradia formando un aura de poca variedad y corta extensión, y cómo la interpenetra siempre activa y fluctuante la esencia elemental. En el reino vegetal y animal la estructura se vuelve más compleja.


Los siguientes párrafos están extraídos del libro “Las leyes espirituales” de Vicent Guillem:


Cada planeta físico esta ligado con su correspondiente planeta energético o astral, que está superpuesto a él, pero que es mucho más extenso en tamaño que el planeta físico, aunque mucho más sutil en su naturaleza. Digamos que si el planeta físico es del tamaño de un grano de café, el del planeta astral podría ser equivalente al tamaño de un balón de fútbol, pero de naturaleza energética, quedando el grano de café en el centro del balón de fútbol. El planeta físico no podría existir sin el planeta astral, ya que es este último el que lo vitaliza energéticamente y mantiene su estructura y funcionamiento. Dentro de este mundo astral existen diferentes niveles o capas vibratorias que se diferencian por su densidad, estando las capas más densas más cercanas a la superficie del planeta físico y las más sutiles progresivamente más alejadas. Cada una de ellas tiene estructura geológica y naturaleza propias. Existen valles, montañas, ríos, flora y fauna, aunque existen diferencias entre ellas, siendo la naturaleza más bella y perfecta en las capas más sutiles que en las más groseras. Podemos decir que la naturaleza en el mundo físico es un reflejo inacabado de la naturaleza astral y que todo lo que existe el mundo físico ha sido antes ensayado en el mundo astral.

Este globo o planeta astral está lleno de vida, y es el hogar de los espíritus y formas de vida no encarnada ligados al planeta Tierra. Es el origen de la mayoría de los seres que nacen y el destino de los que mueren en vuestro mundo físico. Cuando antes he dicho que el espíritu cuando desencarna vuelve al mundo espiritual, lo que ocurre normalmente es que el espíritu se sitúa en uno de esos niveles vibratorios del planeta astral, el que se corresponde con su nivel energético, que depende a su vez de su nivel espiritual. Nosotros nos encontramos ahora en uno de esos niveles, y la naturaleza que observas a tu alrededor es la propia de este nivel vibratorio.

Max Heindel es, sin duda, el más preciso a la hora de definir y estructurar lo “invisible”. Según él, el mundo astral viene a ser una esfera que contiene dentro de sí al planeta Tierra, al cual interpenetra parcialmente y luego sobrepasa en muchos kilómetros. Por lo tanto, hay una zona -la más baja- del mundo astral, que se entremezcla con la corteza terrestre donde habitamos los humanos, de tal manera que las formas de vida de aquella dimensión se mueven entre nosotros (a todos os sonará el dicho de “el infierno se encuentra aquí en la tierra”), aunque resulten invisibles al ojo humano, al igual que resulta invisible un sentimiento, siendo que está formado de la misma energía. El resto del mundo astral es una espesa capa del espacio celeste que nos rodea. Pero tal mundo no es nada simple y la complejidad de formas de vida existentes en nuestro planeta puede resultar un juego de niños en comparación a lo que allí existe.

Digamos, siguiendo Heindel, que el mundo astral está integrado por siete niveles o regiones formadas por sustancia, o energía, cada vez más sutil a medida que nos elevamos. Tales niveles son conocidos con los siguientes nombres, comenzando por el más denso:

1. Región de las pasiones y viles deseos.

2. Región de la impresionabilidad.

3. Región del os anhelos.

4. Región de los sentimientos.

5. Región de la vida del alma.

6. Región de la luz del alma.

7. Región del poder del alma.

Las tres primeras regiones constituyen la zona purgatorial -el infierno de la doctrina católica- y las tres últimas lo que podríamos llamar primer cielo. La cuarta región es una zona neutra perfectamente asimilable a lo que conocemos como limbo.

Quedaría incompleta la descripción del escenario astral si no mencionáramos los impropiamente llamados “registros en la luz astral” o “archivos akáshicos”. Estos registros, anales, archivos o recuerdos son de rigor una especie de materialización de la memoria de Dios, una vívida representación fotográfica de todo cuanto ha sucedido, pero están permanentemente impresos en un nivel muy superior al astral, y se reflejan más o menos espasmódicamente en este plano, de suerte que quien no tenga visión superior a la astral, sólo podrá obtener de los registros informes y datos incompletos y desconectados en vez de una narración coherente.


Vamos a concluir con unas palabras del Yogui Ramacharaka sobre el plano astral:


Un plano es la condición o estado de actividad de la energía espiritual en que el Cosmos vive y se mueve y tiene su ser. En determinado punto del espacio puede haber varios planos de actividad.

Pongamos, por ejemplo, tomado del mundo físico la ordinaria vibración del sonido. Puede el aire estar lleno de muchas notas musicales. Cada nota corresponde a un grado de vibración acústica. Las notas ocupan la misma posición en el espacio y sin embargo no se entorpecen unas a otras en cuanto a la ocupación de lugar en el espacio. Es un axioma de física que dos cuerpos materiales no pueden ocupar el mismo lugar a un mismo tiempo; pero millares de vibrantes notas pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo, como sucede cuando una nutrida orquesta interpreta una composición musical.

Al hablar del “ascenso” de un plano inferior a otro superior, o del “descenso” de uno superior a otro inferior, no damos a entender que se haya de “subir” o “bajar” como por una escalera, ni tampoco que se haya de pasar de una superficie a otra de diferente nivel, y aun resulta inexacto el conocido símbolo de surgir del fondo a la superficie del océano.

El símil más aproximado a la realidad en punto a la transición de uno a otro plano es el del aumento o disminución del número de vibraciones como sucede en las acústicas, lumínicas y eléctricas.

Si se aumenta la tensión de una cuerda de violín, aumenta también su grado de

vibración y por consiguiente su nota, porque es entonces mayor el número de vibraciones.

Lo que es verdad en los planos inferiores de manifestación lo es también en los superiores.

El paso de un plano a otro puede concebirse como un cambio de vibración de la energía que anima todas las cosas, y este concepto nos dará de la verdad sobre los planos de existencia la idea más aproximada de que es capaz la mente finita del hombre.

No hay palabras a propósito para designar los fenómenos superiores, y así resulta tosco, imperfecto e insuficiente todo ejemplo, símbolo o símil expresado en términos propios de los planos inferiores.

El mundo astral consta así de numerosos planos y subplanos que se extienden en serie ascendente desde el más cercano al mundo físico hasta el más cercano al mundo espiritual.

Entre estos dos extremos se puede observar innumerable variedad de fenómenos y fases de existencia.

En los subplanos inferiores del mundo astral se manifiestan las actividades psíquicas llamadas clarividencia, clariaudiencia, telepatía, psicometría, etc.

También se manifiestan en estos subplanos inferiores ciertas formas de ectoplasmas, espectros y otras apariciones de almas desencarnadas que a veces perciben el hombre y algunos animales. Asimismo actúan y se mueven en estos subplanos los seres humanos vivientes en el mundo físico que se desprenden temporáneamente de su cuerpo físico durante el sueño o el éxtasis, o deliberadamente.

Los colores astrales son los de las auras que circuyen el cuerpo físico de todo ser humano, y se manifiestan en algunos subplanos del astral.

En otros subplanos se manifiestan los fenómenos psiquismo, las formas de pensamiento, las ondas y nubes mentales que influyen en la mente y el ánimo de quienes tienen su misma tónica psíquica.

La palabra “astral” significa “lo relativo o perteneciente a los astros”, y se empleó en un principio porque creían las gentes que el “otro mundo” estaba situado más arriba de las nubes, en la región que entonces se llamaba sidérea o de las estrellas.

De nuevo advertimos al lector que no confunda la idea del plano astral con la de uno o varios lugares.

El plano astral no es un lugar determinado ni está arriba ni abajo ni en ninguno de los cuatro puntos cardinales.

No se extiende en ninguna dirección definida, y sin embargo se extiende en todas direcciones.

Siempre es un estado o condición y nunca un lugar.

Es una fase o grado de vibración y no una parte de espacio. Son sus dimensiones las del Tiempo y no las del Espacio.

Si empleamos los términos “reino”, “`región”, “‘alto”, `”bajo”, “superior”, ‘”inferior”, es en sentido figurado, como si dijéramos un alto o un bajo grado de vibración.





Fuentes consultadas para la elaboración de este artículo:

[Libro] El Plano Astral. C. W. Leadbeater

[Libro] La vida después de la muerte. Yogui Ramacharaka

[Libro] Las leyes espirituales. Vicent Guillem

Revista Más Allá nº 2

http://davidtopi.com/densidades-como-niveles-de-evolutivos-vs-los-planos-frecuenciales-de-la-creacin-en-la-galaxia/#.U4imAXJ_t6E

Tu voto:

Publicado por elenross el 7 de junio de 2014
Publicado en: Colaboradores, Ocultismo.

miércoles, 22 de enero de 2014

Los Seres que Habitan la Noche

El Mundo de los Sueños, sigue siendo un misterio incluso hoy en día.



La ciencia no ha dado correcta respuesta a los que sucede en los sueños, pero en esta ocasión, no vamos a hablar sobre las teorías científicas o las explicaciones psiquiátricas que a los sueños se les ha dado, en esta ocasión, vamos a hablar sobre los seres que habitan dentro de nuestros sueños.

En algunos casos seres benéficos y en otros maléficos según las más viejas tradiciones repartidas por todo el Mundo.

sábado, 21 de septiembre de 2013

¿De dónde surge el mundo de los sueños?

NUEVO ESTUDIO SUGIERE QUE EL IMPULSO A SOÑAR MIENTRAS DORMIMOS PODRÍA VENIR DE UN REFLEJO BÁSICO DEL TALLO CEREBRAL, NO DE REGIONES CON MAYOR RANGO EN EL CEREBRO.

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Hay decenas de teorías que han tratado de explicar por qué, cuando cerramos los ojos y entramos en el sueño, nuestra mente desata historias extrañas que van cambiando sin ninguna aparente relación entre sí. Pero por más común que sean, no existe una ciencia definitiva que determine por qué soñamos. ¿Los sueños son producto de la imaginación o de algún reflejo en el cerebro?
Un grupo de investigadores franceses sugieren que básicamente, los sueños son generados por el tallo cerebral, la parte del cerebro que se conecta con la médula espinal y juega el papel de regular el sueño; un proceso ascendente más que un resultado de las altas funciones del cerebro.
El estudio observó a pacientes con déficit de auto-activación, un síndrome caracterizado por apatía extrema. Las personas con déficit de auto-activación pierden la habilidad de activar espontáneamente cualquier proceso cognitivo o emocional. Reportan que no tienen ningún pensamiento en lo absoluto (si es que eso es posible), y a esto se le llama “vacío mental. Y si estas personas no tienen pensamientos espontáneos, ¿sueñan?
Se les pidió a los trece sujetos con déficit de auto-activación y a otros trece sujetos sanos que llevaran un diario de sus sueños, los cuales fueron analizados en cuanto a su duración, complejidad y extrañeza. No todos los pacientes con déficit reportaron haber soñado, pero los que lo hicieron (4 de 13) tuvieron sueños más cortos y menos raros que los que estaban sanos. Reportaron sueños como estar rasurándose o caminando, en lugar de soñar que Nick Cave se enamora de ti o que el sombrero de una señora se convierte en pájaro.
El hecho de que los pacientes que “no tienen pensamientos espontáneos” durante el día puedan tenerlos cuando están dormidos sugiere que soñar puede ser un proceso ascendente; esencialmente un reflejo. Pero la simplicidad con la que sueñan y la falta de resonancia emocional de sus sueños sugiere que se necesitan procesos de un orden mayor para crear los escenarios que la mayoría de la gente encuentra en sus sueños.
A esta versión reducida de los sueños se opone un caudal histórico que  ha otorgado un significado especial a las imágenes y símbolos que se desenvuelven en los sueños. Famosamente, en la Odisea, Penelope, distingue dos tipos de sueños: aquellos que son ilusorios y pertenecen al depósito de ruminaciones cotidinas triviales, y aquellos que tienen un origen profético –sueños que se originan en un mar profundo de raíces que penetran (según Jung) en la mente colectiva. ¿Son los sueños sólo residuos y reflejos de un mundo perfectamente explicable, aunque ruidoso, o son justamente aquello que nos conecta con un mundo mucho más amplio y misterioso?

jueves, 21 de marzo de 2013

Coincidir en los sueños

Oneironauticum es un proyecto dedicado a la colectividad onírica a través del cual un grupo de personas se reúnen periódicamente en la dimensión de los sueños para gozar de experiencias compartidas. Los últimos sábados de cada mes un grupo de personas alrededor del mundo saltan juntos al espacio onírico. En ejercicios colectivos pre-agendados, los oneironautas se ponen de acuerdo para compartir su sueño. 
Oneironauticum es un proyecto que envuelve tres elementos fundamentales de la existencia humana: el sueño, la disciplina y la colectividad y, tal vez por ello, se perfila como una de las iniciativas más sensualmente etéreas que podamos encontrar actualmente.

Utilizando un detonante común que han llamado oneirogen (del griego oneiro=sueño y gen=creación) los participantes alinean sincronizadamente los cordones umbilicales para conectarse con la matriz de la tierra de los sueños. Estos detonantes son variados y pueden ir desde el uso de sustancias estimulantes como la galantamina, hasta ingredientes como el ajo o incluso prácticas de budismo tibetano orientadas al sueño lúcido.

Más allá de que podamos adjudicarle un objetivo épico al Oneironauticum, como por ejemplo novedosas funciones terapéuticas, canalizar información de planos superiores o ejercitar algunas facultades especiales como la precognición entre otras, lo cierto es que el alma de esta iniciativa realmente consiste en la sincera exploración (tal vez el más apropiado fin al que debiésemos aspirar los humanos) de la percepción, las herramientas biocognitivas y la posibilidad de alcanzar realidades que se encuentran al alcance de nuestra conciencia.

“Cualquier meta es valida. Pero mi interés no es el averiguar por qué la gente participa sino qué es lo que ocurre cuando simplemente practicamos juntos. Soñamos juntos para ver qué sucede, sin expectaciones sobre eso que sucederá. Oneironauticum ofrece una exploración sin límites sobre como es la experiencia en sí”, afirma Jennifer Dumpert, miembro del colectivo de oneironautas.

Más allá de las múltiples y sofisticadas interpretaciones en torno al acto de soñar, a sus causas y consecuencias en planos biológicos, psicológicos, y espirituales, algunas de las cuales ofrecen lúcidos fundamentos y otras simplemente se estacionan en divagaciones propias del New Age, parece innegable que los sueños, y los escenarios psicoemocionales que emergen en ellos, representan cúmulos de información cuya exploración pudiera ser indispensable para evolucionar en nuestro entendimiento de la conciencia humana y, por ende, del universo que habitamos. Y si tomamos en cuenta la actual tendencia a la colectivización hiperconectada, fenómeno que incluso sugiere que el próximo ser iluminado o gran referente espiritual podría ser un colectivo y no un individuo, la idea de compartir en forma organizada y consciente nuestros sueños podría considerarse como una prioridad para la nueva mente social.


El sueño ha sido un elemento que a lo largo de la historia humana se ha revelado como un aspecto fundamental de nuestra esencia. Sin excepción, todas las culturas, las tradiciones místicas, y las disciplinas psicosociales le han atribuido una gran importancia a la actividad onírica. El soñar es, de alguna manera, una modalidad cognitiva, distinta a la realidad que experimentamos cuando estamos despiertos, dentro de la cual pasaremos una considerable porción de nuestras vidas.

La Dra. Marylin Schlitz, directora del genial centro de alter-investigación Institute for Noetic Sciences, ha realizado diversos experimentos que le han llevado a concluir que el soñar es una actividad comunitaria pero que no nos hemos dado cuenta de ello porque inconscientemente nos cerramos a la posibilidad de compartirlos. “Las implicaciones son que todos estamos conectados y que nos entrelazamos los unos a los otros a un nivel interno. La información recabada sugiere que no somos seres aislados, sino que de hecho estamos relacionados en un plano profundo. Soñamos juntos, co-creamos juntos, podríamos mover nuestra conciencia de una conversación sobre el “yo” a una sobre el “nosotros”, sobre nuestra experiencia conjunta”, asegura Schlitz. “Todos somos fragmentos de sueño de algo más, y ello implica que si la gente dedicará mayor tiempo a compartir sus sueños podríamos construir un mejor modelo para el futuro” concluye.
Oneironauticum podría considerarse como un vehículo que está a nuestra disposición para explorar estos paisajes de información universal, que compartimos todos los humanos a través de códigos arquetípicos, pero que a la vez representa una versión etérea de nuestro “jardín secreto”. Y en este sentido resulta interesante reflexionar sobre la paradójica naturaleza del soñar, una actividad intrínsecamente universal, e inconsciente pero ineludiblemente compartida y que a la vez es el pulso que emite nuestra más prístina intimidad. Y para navegar este sensible “universo alterno” la atención colectiva, prepactada, puede ser una herramienta de enorme utilidad.

“Previo a cada Oneironauticum junto sábanas, cobijas, almohadas y futones en mi camioneta y conduzco hasta el lugar de la cita —la casa de uno de los participantes. En algunas ocasiones yo misma soy la anfitriona. La gente llega entre las 10 y las 11 equipadas con sus pijamas y sus diarios de sueños. Mientras nos acomodamos y esperamos a que todos lleguen conversamos sobre alguno tópico oneiro-céntrico”, describe Dumpert. A continuación los presentes proceden a arreglar sus lechos, que en este caso más que una cama representan una especie de naves transdimensionales, se lavan los dientes y se enfundan en sus pijamas (listos para surfear) y finalmente ingieren el oneirogen elegido para la ocasión. Finalmente penetran colectivamente el portal del sueño y procuran dormir durante una sesión larga, de al menos nueve horas, ya que los ciclos de REM son más extensos entre más se acumulan a lo largo del sueño (por eso los últimos episodios de sueños durante una noche son más largos luego de 6 o 7 horas durmiendo). A la mañana siguiente van despertando uno a uno, cuidando de que la transición entre el sueño y el despertar sea pausada y suave ya que ello ayuda a retener las vivencias oníricas y posteriormente comparten el desayuno mientras cada uno platica su experiencia.

Afortunadamente no es necesario vivir en San Francisco, ciudad en la que radica este organizado grupo de navegantes de los sueños, para participar en los rituales mensuales de onirismo. Si te interesa sintonizarte con el grupo desde cualquier otra ubicación en el planeta solo debes de visitar el sitio urbandreamscape.com donde podrás enterarte de los detalles de la siguiente sesión. Además, las sesiones de sueños compartidos que llevan a cabo en el área de San Francisco, California, son mapeadas a través del método psicogeográfico, el cual te permitirá correlacionar el espacio urbano con esta serie de prácticas etéreas. Es importante que procures encontrar el oneirogen escogido para la ocasión, generalmente son productos fáciles de conseguir en muchos lugares: suplementos vitamínicos, ajo, hierbas medicinales o algunos otros estimulantes naturales. Y en caso de que no lograras encontrar el detonante del mes, puede ser que tu intención bien dirigida baste para la fiesta de los sueños. Por cierto, las instrucciones para participar y toda la información requerida se publican en el sitio.


Se ha registrado que alrededor de dos mil personas visitan el sitio antes de la sesión del mes aunque los organizadores no han podido comprobar cuántas de estas personas finalmente participan en las sesiones. Lo que sí saben, por las decenas de correos electrónicos que reciben mensualmente, es que existen oneironautas en Sudáfrica, Italia, Nueva Zelanda, Japón, Brasil, así como muchos canadienses y en Australia incluso se ha formado un grupo espejo que replica las prácticas de Oneironauticum.

A lo largo de este tiempo en funciones, los miembros del colectivo han comprobado que la intención onírica, proyectada multiplicadamente en un sueño grupal, contribuye a hacer más vividas las experiencias y a que los participantes puedan recordar con mayor fidelidad sus vivencias durante el sueño. De ahí que participar en este proyecto haya enriquecido significativamente esa vida paralela a la que todos tenemos acceso y la cual se encuentra compleja y excitantemente entrelazada con la realidad cotidiana: los sueños.

Así que si te sientes atraído en general por la psiconaútica, o en particular por la disciplina onírica, tal vez sea buen momento de que te sincronices con los chicos de Oneironauticum y te prepares a fortalecer tu “nave de los sueños”, compartiendo tu intención con un grupo de experimentados oneironautas en busca de una interacción etérea que podría refinar tu existencia de cara a alcanzar una lúdica libertad y, en especial, un inédito estado de autoconocimiento y paz interior.