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viernes, 27 de junio de 2014

Rechazan prohibir grandes botellas de refrescos en Nueva York

La Corte Suprema de Nueva York, EE.UU., ha rechazado este jueves el intento de las autoridades de esta ciudad para limitar el tamaño de las bebidas gaseosas, responsables de la obesidad en este país.
A principios de junio, la ciudad de Nueva York solicitó la intervención de la Corte de apelaciones del estado para prohibir los refrescos grandes.
La medida fue anunciada por el entonces alcalde neoyorquino, Michael Bloomberg, en mayo de 2012, y ratificada en septiembre del mismo año por el Departamento de Salud de la ciudad.
El objetivo era prohibir que se vendieran frascos individuales de refrescos de más de 47 centilitros en restaurantes, cines, locales de comida rápida, puestos ambulantes y estadios, lo que habría marcado un hito en las grandes ciudades estadounidenses.
La municipalidad, sin embargo, se enfrentó con la oposición de los dueños de los locales afectados y fabricantes de bebidas, quienes señalaron que las autoridades de la urbe habían actuado por encima de sus poderes y no podían imponer semejante medida.
Pocas horas antes de su ejecución, en marzo de 2013, la medida fue bloqueada por un juez que la tildó de “caprichosa y arbitraria”. En julio de 2013, una Corte de apelaciones local falló en el mismo sentido.
El nuevo alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, se comprometió con seguir adelante con una apelación ante la más alta Corte estatal. Pero ésta, al final, ha afirmado este jueves que el Departamento de Salud del estado no puede imponer esta medida porque sobrepasa sus poderes.
Cabe recordar que las cifras oficiales indican que un 58 % de los habitantes en Nueva York son obesos o tienen sobrepeso.

sábado, 18 de enero de 2014

El creciente rechazo a los cultivos transgénicos de los agricultores estadounidenses

Los consumidores estadounidenses están empezando a descubrir, como ya lo hicieron los europeos a finales de los años 1990, que la mayor parte de los alimentos procesados contienen ingredientes modificados genéticamente, al igual que los agricultores, que empiezan a recelar de esta tecnología.

La elección de un nuevo alcalde en Nueva York no es el único cambio que se ha producido últimamente en Estados Unidos, después de décadas favoreciendo a las Grandes Empresas. Tanto los cultivos como los alimentos modificados genéticamente no han encontrado trabas en su expansión, sin estudios que avalen su seguridad, todo ello gracias a la influencias de las Compañías de Biotecnología y las Administraciones de George W. Bush y Barack Obama.
La mayoría de los consumidores estadounidenses desean que los alimentos modificados genéticamente estén etiquetados ( que no lo están) y creen que no se alimentan con transgénicos (que sí lo hacen). Se han realizado recientemente votaciones para exigir su etiquetado, siendo derrotada las propuestas por un estrecho margen en California (2012) y en Washington (2013).
Pero la expectación creada por estas votaciones y las enormes sumas gastadas por las Empresas de Biotecnología y Alimentación para derrotar las propuestas ( 46 millones de dólares sólo en California) han provocado un debate en Estados Unidos, y ya otros 20 estados están considerando aprobar una ley de etiquetado de los productos transgénicos.
Hace muy poco, una empresa de alimentación de Estados Unidos, General Mills, ha dejado de producir los cereales para el desayuno Cheerios sin ingredientes transgénicos. Unos cereales que ya se llevan fabricando desde hace 73 años, una de las principales marcas estadounidenses de alimentación ha rechazado estos ingredientes. Las ventas de productos certificados como no transgénicos siguen creciendo, de los 1,3 mil millones de dólares en 2001 a 3,2 mil millones de dólares en 2013.
Los consumidores estadounidenses están empezando a descubrir, como ya lo hicieron los europeos a finales de los años 1990, que la mayor parte de los alimentos procesados contienen ingredientes modificados genéticamente, al igual que los agricultores, que empiezan a recelar de esta tecnología. En Europa se nos dice que los transgénicos deben de cultivarse “porque la superficie cultivada de transgénicos en Estados Unidos sigue creciendo”. Esto lo ha repetido una y otra vez el Secretario de Medio Ambiente del Reino Unido, Owen Paterson [Arias Cañete]. Lo cierto es que los agricultores estadounidense llevan acarreando desde hace 15 años problemas con los cultivos transgénicos, y ya son tan grandes que están cambiando de parecer.
Más del 80% de todos los cultivos transgénicos se cultivan en sólo cuatro países de América del Norte y América Latina, con más del 40% en Estados Unidos. Pero a los agricultores les resulta difícil volver a una agricultura convencional no transgénica, ya que las semillas transgénicas han contaminado a las convencionales, y se enfrentan a ser demandados por las Empresas de Biotecnología si infringen las patentes de los cultivos transgénicos, aunque sea de forma involuntaria. En los campos de Iowa, Nebraska, Indiana, Delaware, y otros estados, los sueños transgénicos de Owen Paterson se oscurecen, ahora que los agricultores se enfrentan a las resistencia de las malas hierbas a los herbicidas más habituales utilizados en la agricultura transgénica, una auténtica pesadilla para los agricultores.
La mayor parte de los cultivos transgénicos de Estados Unidos están preparados para resistir al herbicida Roundup de Monsanto, un herbicida que se utiliza para fumigar los campos después de la cosecha, matando a todas las plantas antes de la próxima siembra. Pero a medida que aumenta la superficie de tierra cultiva en la que se utiliza Roundup, van apareciendo plantas resistentes, de modo que se extienden por todas partes. El área afectada por las plantas resistentes a Roundup (cuyo ingrediente activo es el glifosato) ha aumentado desde los 32,6 millones de hectáreas en 2010 a los 6,12 millones de hectáreas en 2012. Como resultado, los agricultores han aumentado el uso de herbicidas en Estados Unidos, un 25% aproximadamente entre 2001 y 2010. La única esperanza que tienen los agricultores es usar varios herbicidas diferentes, para encontrar algo que funcione.
Para empeorar las cosas para los transgénicos, los cultivos de maíz y soja no transgénicos están superando en rendimientos a los cultivos transgénicos, en parte porque las nuevas variedades no transgénicas se pueden desarrollar con más rapidez que las transgénicas. Los agricultores estadounidenses están recibiendo subvenciones por cultivar plantas no transgénicas, debido al rechazo de países como Japón, Corea del Sur y la Unión Europea.
No es de extrañar que los agricultores estadounidenses comiencen a rechazar los cultivos transgénicos. Una empresa de venta de semillas de maíz no transgénico ha visto como su negocio se ha duplicado en los últimos cuatro años, esperando que el maíz no transgénico recupere el 20% del mercado nacional en los próximo cinco años ( ahora el 90% del maíz cultivado en Estados Unidos es transgénico).
A la vista de estos resultados ¿los protransgénicos defenderán con el mismo ahínco una vuelta a los cultivos no transgénicos, a los que han instado durante los últimos 15 años? Atentos a cómo evolucionarán las cosas.
Traduccion :  noticias de abajo

sábado, 26 de octubre de 2013

Ciudadanos de EEUU se levantan contra el espionaje

Las políticas de espionaje de Estados Unidos le están saliendo muy caras al país, ya que mientras Washington intenta justificar sus actos como en defensa propia, los mismos ciudadanos norteamericanos son los primeros en rechazar tales medidas.

Este sábado, cientos de personas han salido a las calles de Washington D.C. (capital estadounidense) para denunciar los programas de espionaje masivo de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana (NSA, por sus siglas en inglés), que también ha provocado la ira internacional.
Durante la marcha, los manifestantes se congregaron en la cercanía del Capitolio, en el 12 aniversario de de la Ley Patriota, con pancartas donde se podían leer: “Detengamos el Espionaje Masivo”, “Gracias, Edward Snowden” y “No al espionaje masivo de la NSA”.
La movilización había sido convocada por la plataforma ‘Stop Watching Us’, una coalición de más de 100 organizaciones de defensa de las libertades públicas.
“Le estamos pidiendo al presidente que lo detenga, le estamos pidiendo al Congreso que lo detenga”, anunció Laura Murphy, de la oficina de Washington de la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU).
Los asistentes a la marcha tenían el objetivo de entregar una petición al Congreso firmada por más de medio millón de personas que buscan el fin de las políticas de la NSA.
Desde principios de junio, los documentos filtrados por el exempleado de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) Edward Snowden han destapado el ingente espionaje de los Estados Unidos, incluyendo el proyecto llamado PRISM, que permitía a la NSA acceder a las conversaciones privadas mantenidas en Facebook, Google, Skype y otros servicios online.