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jueves, 19 de junio de 2014

Monsanto en las escuelas

Marketing en horario escolar
Por Heather Callaghan, 12 de junio de 2014
No pretendo causar indignación con este artículo, o dar sólo conocimiento de este hecho vergonzoso, sino para que sepa que quizás algún representante de Monsanto puede visitar una escuela que se encuentra cerca de usted.
Y por lo menos sé de un caso que dejó una honda impresión en un niño de 12 años, estudiante de 7º grado.
Conozco a Steve a través de Facebook. Ha publicado varios vídeos para decir a las familias que a cuatro representantes de Monsanto se les permitió adueñarse de una clase de Educación Física en la que realizaron una presentación a los estudiantes, supuestamente una clase de educación para la salud.
Los representantes de Monsanto dieron a cada estudiante una baraja de cartas como regalo. Su logo estaba impreso en la parte delantera, y en la parte trasera se decía que suministra alimentos al mundo, de la siguiente forma “Estados Unidos produce el 30% de la soja mundial”. Ningún mensaje sobre los transgénicos y otras prácticas realizadas por la compañía. Se anuncian como “Líderes en agricultura”.
Durante 47 minutos los alumnos recibieron las explicaciones de los representantes de Monsanto, que incluía una presentación. El hijo de Steve dice que estos estuvieron hablando de todas las cosas buenas que hace Monsanto, haciendo hincapié en que los graves problemas alimentarios no se deben a compañías como Monsanto, sino a enfermedades transmitidas por los alimentos, como que las personas dejan la comida demasiado tiempo, caso de las carnes, sin refrigerar. “La culpa es de la gente”, fue uno de los mensajes que los niños llevaron a sus casas.
¿Sabían ustedes que el jarabe de maíz con alto contenido en fructosa no es perjudicial para la salud? Otra de las cosas que la gente de Monsanto les enseñó, y que no es causa de obesidad, sino porque la gente no se preocupa de no engordar.
Steve preguntó a su hijo:
¿No te han dicho nada de los productos químicos que aparecen en los alimentos?
No
¿No te han dicho nada de cómo hacen los negocios?
No
O sea, que se sentaron allí y culparon a los demás de todos los problemas relacionados con los alimentos
¿Dijeron algo de los transgénicos?
No
¿Y sobre el etiquetado de los transgénicos?
No
O sea, que todo eran maravillas
Sí, así es.
El hijo de Steve también dijo que les mostraron vídeos en los que se decía que Monsanto crea muchos puestos de trabajo y que ayuda a la gente…
El cuento del granjero
Luego el hijo de Steve contó que los representantes de Monsanto les contaron el cuento de un granjero que intentó poner a salvo sus semillas cultivándolas a una cierta distancia y se metió en problemas. Esto podría hacer referencia a un agricultor que compró las semillas de Monsanto y luego las guarda para la próxima cosecha, o un agricultor que adquiere las semillas de Monsanto para así poder rociar ciertos pesticidas sin matar las plantas que cultiva. Si esto último es lo que dijeron, lo que hacen es una descripción de la contaminación de los cultivos convencionales por la presencia cercana de los cultivos transgénicos. En cualquier caso, Monsanto suele presentar demandas. ¿Qué fue esto, la versión agrícola de Scared Straight para niños? Desde luego que resultó útil para los niños saber cómo anda el mercado de las semillas.
A estos representantes de la Industria se les permite su presencia para hablar ante los estudiantes con la aprobación de los directores y los consejos escolares ( si fuera necesario). ¿Debieran permitirse este tipo de intromisiones? ¿No deberíamos saber que esto se va a llevar a cabo y tener la posibilidad de decir algo?
El plan anual escolar ya nos recuerda que somos Recursos humanos para el Estado y que durante las horas de clase pertenecemos al Estado y a la Escuela. Estamos sujetos a la propiedad de la Escuela. Cualquier padre que lea este manual puede corroborar lo que digo. Esto se decía hace 15 años… Entonces, si somos propiedad de la Escuela y del Estado, ¿por qué debemos someter a los alumnos al marketing de las empresas? ¿Por que el Gobierno emplea recursos y tiempo y permite que el dinero se gaste de esta manera?
Dejando la ironía a un lado, será Steve el que tome cartas en este asunto y hable con el Director. Estas fueron sus palabras:
“Independientemente de que yo tenga una mala consideración hacia Monsanto, creo que se trata de que nuestros hijos tengan la posibilidad de una educación sin la presencia de entidades que tienen motivos comerciales, obligándoles a sentarse y escuchar algo que nada tiene que ver con la educación que están recibiendo.
Vivo cerca de San Louis, donde se encuentra la sede de Monsanto, pero quiero que sepa que si fuese una empresa de cervezas también me mostraría enfadado si se obliga a mis hijos a una presentación por parte de la compañía. La escuela pública está ahí para educar, no para condicionar, y si se trata de Monsanto, o empresas militares, u otras, ninguna entidad relacionada con la empresa, no con la educación, no deben permitirse presentaciones obligatorias para los alumnos, a las que que mi hijo o el suyo deben asistir”.
Actualización: Así que hablé con el Director respecto a este tema. Aunque sé que muchos de nosotros estamos enfadados por este asunto, tengo que decir que se mostró comprensivo y razonable, y que entendía nuestra frustración. Supe que aunque era consciente desde hacía tiempo de que los representantes de Monsanto iban a venir a la escuela, no sabía muy bien sobre qué iban a hablar a los niños, y sobre este punto tendría que informarse del maestro que estuvo con los niños durante la presentación. Me pareció entender que fue iniciativa de ese maestro el preparar la visita y que no estuvo destinada para toda la escuela, sino sólo para esa clase en particular (por desgracia, la de mi hijo)
El Director me aseguró que entendía mi enfado sobre la visita de Monsanto y estaba de acuerdo en que era un tema muy controvertido el que una empresa se sentase frente a los niños sin el consentimiento de los padres. Se disculpó y me aseguró que ninguna entidad corporativa visitaría el centro escolar sin el consentimiento de los padres, y que mi hijo nunca acudiría a otra sin que yo diese el mío.
Ahora bien, una vez dicho esto, no pudo asegurarme que a las empresas no se les permitiese hacer algo similar en el futuro, porque no hay ninguna norma específica sobre este asunto, ni hay norma que prohíba a los maestros invitar a entidades a la clase si entienden que el tema puede estar relacionado con lo que se imparte en el aula.
Ambos acordamos que si nunca se han establecido este tipo de normas es porque los padres raramente se quejan de sucesos de este tipo, lo que nos pareció decepcionante y triste. Se mostró firme y razonable, diciendo que en sus 27 años de trabajo en la escuela es ahora cuando hay menos participación por parte de los padres, lo cual era motivo de preocupación.
El Director dijo que tendríamos que seguir hablando de este asunto después de que hablase con la maestra que estuvo con los niños, de lo que informaré más adelante. Si bien la escuela no va a permitir que mi hijo asista a otra presentación de este tipo, no parece que nosotros los padres vayamos a hacer algo para pararlas. Esta experiencia me ha demostrado que, como padre de familia, cada uno de nosotros tenemos que estar alerta si queremos poner fin a las influencias corporativas que influyen en la vida de nuestros hijos.
Este pequeño esfuerzo va a permitir que mi hijo no asista a este tipo de presentaciones corporativas sin mi consentimiento, pero no va a proteger a otros niños. Nosotros los padres debiéramos estar más preocupados y vigilantes, porque las instancias administrativas no van a impedir que laven el cerebro y adoctrinen a nuestros hijos. Gracias por preocuparse por este asunto. Me sentí abrumado por la cantidad de apoyos que recibí antes de la reunión.
Heather Calllaghan escribe artículos de salud natural y sobre alimentación. Puede ver su trabajo en NaturalBlaze.com y ActivistPost.com .
Traducción  :  noticias de abajo

lunes, 25 de noviembre de 2013

“La misión principal de la escuela ya no es enseñar cosas”

“La misión de la escuela ya no es enseñar cosas. Eso lo hace mejor la TV o Internet.” La definición, es del reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucci. Pero si la escuela ya no tiene que enseñar, ¿cuál es su misión? “Debe ser el lugar donde los chicos aprendan a manejar y usar bien las nuevas tecnologías, donde se transmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo”, responde.

Para Tonucci, de 68 años, nacido en Fano y radicado en Roma, el colegio no debe asumir un papel absorbente en la vida de los chicos. Por eso discrepa de los que defienden el doble turno escolar.
“Necesitamos de los niños para salvar nuestros colegios”, explica Tonucci, licenciado en Pedagogía en Milán, investigador, dibujante y autor de Con ojos de niño, La ciudad
de los niños y Cuando los niños dicen ¡Basta!, entre otros libros que han dejado huella en docentes y padres. Tonucci llegó a la Argentina por 15a. vez, invitado por el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, a quien definió como “un lujo de gobernante”.
Dialogó con LA NACION sobre lo que realmente importa a la hora de formar a los más chicos y dejó varias lecciones, que muchos maestros podrían anotar para poner en marcha a partir del próximo ciclo escolar.
Propuso, en primer lugar, que los maestros aprendan a escuchar lo que dicen los niños; que se basen en el conocimiento que ellos traen de sus experiencias infantiles para empezar a dar clase. “No hay que considerar a los adultos como propietarios de la verdad que anuncian desde una tarima”, explicó.
Recomendó que “las escuelas sean bellas, con jardines, huertas donde los chicos puedan jugar y pasear tranquilos; y no con patios enormes y juegos uniformes que no sugieren nada más que descarga explosiva para niños sobreexigidos”.
Y que los maestros no llenen de contenidos a sus estudiantes, sino que escuchen lo que ellos ya saben, y que propongan métodos interesantes para discutir el conocimiento que ellos traen de sus casas, de Internet, de los documentales televisivos. “¡Que se acaben los deberes! Que la escuela sepa que no tiene el derecho de ocupar toda la vida de los niños. Que se les dé el tiempo para jugar. Y mucho”, es parte de su decálogo.
De hablar pausado y de pensamiento agudo, Tonucci transmite la imagen de un padre, un abuelo, un educador que aprendió a ver la vida desde la perspectiva de los niños. Y recorre el mundo pidiendo a gritos a políticos y dirigentes que respeten la voz de los más pequeños.
-¿Cómo concibe usted una buena escuela?
-La escuela debe hacerse cargo de las bases culturales de los chicos. Antes de ponerse a enseñar contenidos, debería pensarse a sí misma como un lugar que ofrezca una propuesta rica: un espacio placentero donde se escuche música en los recreos, que esté inundado de arte; donde se les lean a los chicos durante quince minutos libros cultos para que tomen contacto con la emoción de la lectura. Los niños no son sacos vacíos que hay que “llenar” porque no saben nada. Los maestros deben valorar el conocimiento, la historia familiar que cada pequeño de seis años trae consigo.
-¿Cómo se deberían transmitir los conocimientos?
-En realidad, los conocimientos ya están en medio de nosotros: en los documentales, en Internet, en los libros. El colegio debe enseñar utilizando un método científico. No creo en la postura dogmática de la maestra que tiene el saber y que lo transmite desde una tarima o un pizarrón mientras los alumnos (los que no saben nada), anotan y escuchan mudos y aburridos. El niño aprende a callarse y se calla toda la vida. Pierde curiosidad y actitud crítica.
-¿Qué recomienda?
-Me imagino aulas sin pupitres, con mesas alrededor de las cuales se sientan todos: alumnos y docentes. Y donde todos juntos apoyan, en el centro, sus conocimientos, que son contradictorios, se hacen preguntas y avanzan en la búsqueda de la verdad. Que no es única ni inamovible.
-¿Cuál es rol del maestro?
-El de un facilitador, un adulto que escuche y proponga métodos y experiencias interesantes de aprendizaje. Generalmente los pequeños no están acostumbrados a compartir sus opiniones, a decir lo que no les gusta. Los docentes deberían tener una actitud de curiosidad frente a lo que los alumnos saben y quieren. Les pediría a los maestros que invitaran a los niños a llevar su mundo dentro del colegio, que les permitieran traer sus canicas, sus animalitos, todo lo que hace a su vida infantil. Y que juntos salieran a explorar el afuera.
-Varias veces usted ha dicho que la escuela no se relaciona con la vida. ¿Por qué?
-Porque propone conocimientos inútiles que nada tienen que ver con el mundo que rodea al niño. Y con razón éstos se aburren. Hoy no es necesario estudiar historia de los antepasados, sino la actual. Hay que pedirles a los alumnos que se conecten con su microhistoria familiar, la historia de su barrio. Que traigan el periódico al aula y se estudie sobre la base de cuestiones que tienen que ver con el aquí y ahora. Esto los ayudará a interesarse luego por culturas más lejanas y entrar en contacto con ellas.
-¿Cómo se puede motivar a los alumnos frente a los atractivos avances de la tecnología: el chat, el teléfono celular, los juegos de la computadora, el iPod, la play station?
-El colegio no debe competir con instrumentos mucho más ricos y capaces. No debe pensar que su papel es enseñar cosas. Esto lo hace mejor la TV o Internet. La escuela debe ser el lugar donde se aprenda a manejar y utilizar bien esta tecnología, donde se trasmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo.
-¿Es positiva la doble escolaridad?
– En Italia llamamos a este fenómeno “escuelas de tiempo pleno”. La pregunta que me surge es: ¿pleno de qué? Esta es la cuestión. La escuela está asumiendo un papel demasiado absorbente en la vida de los niños. No debe invadir todo su tiempo. La tarea escolar, por ejemplo, no tiene ningún valor pedagógico. No sirve ni para profundizar ni para recuperar conocimientos. Hay que darles tiempo a los niños. La Convención de los Derechos del Niño les reconoce a ellos dos derechos: a instruirse y a jugar. Deberíamos defender el derecho al juego hasta considerarlo un deber.
Fecha del artículo  29 de diciembre de 2008
Fuente : la nacion.com
Visto en : Legnalenja