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miércoles, 9 de julio de 2014

Aeroaplicador denuncia efectos de químicos que utilizó

Tarea tóxica. “Tuve las pruebas a la vista de la toxicidad de los agroquímicos”, afirmó el piloto Rogers Iragüen.
Iragüen hoy está jubilado, pero desarrolló tareas de fumigación por años. En su vida voló desde un planeador a un Boing 747-400. Afirmó que sobre 28 integrantes de su promoción, 19 murieron antes de los 50 años por problemas por la toxicidad de los productos.
La agrupación Humbertinos por la Vida, una organización de vecinos autoconvocados de Humberto Primo – departamento Castellanos, Santa Fe, Argentina – , adherida a la multisectorial Paren de Fumigarnos, difundió a través de las redes sociales una entrevista realizada a Reynold Rogers Iragüen, un piloto aeronáutico retirado que se desempeñó como aeroaplicador, quien denunció los efectos de los agrotóxicos que utilizó durante nueve años.
En la charla el ex piloto aseguró que, de 28 integrantes de su promoción, 19 fallecieron antes de los 50 años por problemas relacionados a la toxicidad de los productos que utilizaron durante su carrera profesional.
“Pasé por todas las etapas, desde un planeador hasta un Boing 747-400″, indicó Iragüen, para luego narrar que en marco de alcanzar la meta de ser piloto de aerolíneas comerciales voló, durante nueve años, como piloto aeroaplicador. “Fue por razonas casi ajenas a mi profesión. Me interesaba solamente tener un gran entrenamiento y acumular horas de vuelo porque mi idea era llegar a ser piloto profesional de línea aérea”.
El aeroaplicador es la persona que vuela un avión específico para hacer aspersiones en los campos de agroquímicos, semillas y actividades como ataques contra incendios, entre otras.
“Me instruyeron muy bien respecto del peligro y la toxicidad de todos los elementos agroquímicos que se usaban. Esto hizo que yo pudiera tomar las precauciones debidas en el momento oportuno. Como mi idea era volar profesionalmente, sabía que no me podía dar el lujo de intoxicarme. Por lo tanto me cuidé en demasía con respecto a mis colegas. Me enseñaron cómo cuidarme y cómo protegerme respecto de la vestimenta, entre otras previsiones”, señaló Iragüen.
Contaminado de por vida
En ese marco señaló que “cuando ingresé a Aerolíneas Argentinas como piloto me hicieron análisis y de allí surgió que tenía restos de clorados y fosforados en sangre. Estoy contaminado por el resto de mi vida, solamente que en una proporción que mi físico me permite tolerarlo correctamente”.
“El problema es que, salvo que se pasen con la dosis o que tenga una incorporación directa al organismo, los agroquímicos afectan en forma indirecta y lenta. No se van”, reparó el ex piloto.
“Fui consciente y tuve las pruebas a la vista sobre la peligrosidad de los elementos que se utilizan. En mi camada éramos alrededor de 28 aeroaplicadores. Por problemas de toxicidad murieron 19 de ellos, casi todos antes de los 50 años”, relató.
Iragüen, que actualmente tiene 67 años y ya no practica actividades aéreas analiza la situación y asegura que es un sobreviviente con respecto a los demás.
Dosis incorporadas
“El grado de incorporación de elementos tóxicos fue tan alto que era indudable que no habían podido tolerar la dosis que incorporaron. Esta fue una conclusión de los médicos”, manifestó, e indicó que “ellos me dijeron que estaba contaminado y me explicaron lo peligroso que era no haber sabido defenderse y equiparse para evitar problemas”.
“La intoxicación es muy lenta, – continuó – no es algo violento. Aunque hubo un caso, el aplicador Mario Ferraro, que se quedó ciego arriba del avión. Era tan alto el índice de intoxicación que tenía que, como ataca el sistema nervioso central, quedó ciego en pleno vuelo. Imaginen lo que duró”, relató.
Intoxicado
También contó otro caso de un compañero que “estaba en la casa, tomando la leche antes de salir a trabajar y quedó duro y asfixiado frente a su cuñado. Su familiar notó que estaba intoxicado, le hizo respiración, lo trasladó hasta un hospital y lo salvaron”.
“Otro tuvo un cáncer terminal. En tres meses murió. No puedo hablar científicamente, pero sí puedo dar ejemplos de lo que veo, comentó, y aseguró que el extremo cuidado durante su actividad le permitió ahora ser un sobreviviente.
Visto en  :  Sott.net

sábado, 14 de junio de 2014

Las sustancias que ponen en los alimentos para que comas mucho

Alimentos adictivos. Más allá de la sal, la grasa y los azúcares.


A todos nos ha ocurrido. Vamos caminando por la calle y, sin previo aviso, llega a nuestras fosas nasales un olor irresistible: un aroma a comida a la parrilla que, de inmediato, despierta nuestro apetito. 

Como explica el divulgador Michael Pollan en su libro Cocinar, una historia natural de la transformación (Debate), la cocción de los alimentos de alto contenido calórico hace que estos liberen una serie de sustancias que resultan irresistibles a la mayoría de animales. 

 Nuestro instinto nos indica que allí donde se encuentra ese olor hay comida, y es especialmente apetitosa, pues nos va a aportar un buen montón de calorías. Es entonces cuando giramos el cuello y nos vemos babeando enfrente de una hamburguesería, un kebab o una pizzería.

“La comida ha sido manipulada de formas muy inteligentes para que sea adictiva y sea muy difícil dejar de comer”, explicaba Pollan en una entrevista con El Confidencial. La industria usa internamente términos como “adictividad” o blitz point [algo así como una “explosión de sabor”], snackability [cuán apetecible es algo para picotear]. Están trabajando de forma deliberada para crear comida que no podamos parar de comer. Y saben cómo hacerlo, básicamente mezclando sal, azúcar y grasa”

Esta santísima trinidad de la comida adictiva, mezclada en las correctas proporciones, hace a los alimentos irresistibles. Como explica el premio Pulitzer Michael Moss en su libro Salt Sugar Fat: How the Food Giants Hooked Us (Virgin Digital), el procesamiento de los alimentos está pensado para ofrecernos “una sensación de bienestar, al activar mecanismos cerebrales que nos hacen dependientes”.

Pero la industria alimentaria no sólo utiliza azúcar, grasa y sal. Con el tiempo sus productos se han ido sofisticando, y hay una serie de sustancias, ampliamente extendidas, que despiertan nuestros más profundos instintos y nos invitan a comer más y más. Estas son las cinco más peligrosas, no sólo porque nos lleven a ingerir más calorías de las que deberíamos, sino porque son, en su mayoría, muy poco saludables.

1. Nitrito de sodio

El bacón es uno de los alimentos cuyo olor, cuando pasa por la sartén, resulta más atrayente. Y esto es culpa del nitrito de sodio (E 250), una sal que se utiliza como conservante de la carne y fijador de sus colores, en ahumados, adobados, fiambres y embutidos. Su uso está justificado porque impide el crecimiento de las bacterias esporógenas, responsables del botulismo, pero la cantidad que se puede añadir a las carnes está regulada, ya que genera nitrosaminas, uncompuesto químico cancerígeno.

El nitrito se usa en combinación con otras sales, como el potasio y el nitrato de sodio, que constituyen las llamadas “sales de curado”, presentes en todo tipo de embutidos y carnes procesadas. Su olor despierta el hambre y su sabor nos resulta altamente atractivo, ya que resalta el umami, el quinto sabor, que está presente en muchas otras joyas de la industria alimentaria.

“Cuando ves ingredientes como la proteína vegetal texturizada o el glutamato monosódico, son todo químicos que saben a umami”, explicaba Pollan. “Los humanos estamos programados por la evolución para que nos guste, probablemente porque es el sabor de la carne. El bacón es el mejor ejemplo, tiene todos los compuestos químicos que configuran el umami”.

2. Diacetilo

El diacetilo es un producto químico natural que surge en la fermentación pero se añade artificialmente a algunos alimentos para crear un sabor parecido al de la mantequilla. Está presente en la mayoría de margarinas, algunos aceites y en las palomitas de microondas y otros snacks, a los que da su particular e irresistible olor.

Aunque el compuesto sigue siendo legal, ha sido objeto de una gran controversia. Los aromas que desprende la sustancia pueden provocar el conocido como “pulmón de palomita” o bronquiolitis obliterante, una enfermedad que han sufrido los trabajadores de fábricas de palomitas debido a la inhalación de la sustancia. Hace dos años, el estadounidense Wayne Watson logró ganar un juicio contra una marca de palomitas por provocarle la enfermedad y se embolsó 7 millones de dólares. Había estado comiendo dos bolsas diarias durante 10 años.

3. Cafeína

La cafeína es la sustancia estimulante más consumida en el mundo y, aunque su ingesta moderada parece tener más beneficios que riesgos, como la mayoría de drogas, puede resultar adictiva. La constante exposición a la cafeína (presente, principalmente, en los refrescos y el café), hace que nuestro cerebro disminuya la secreción de su propia sustancia estimulante, la norepinefrina, lo que hace que tengamos que buscar este estímulo en fuentes externas, a saber, otro refresco o café.

4. Acrilamida

La reacción de Maillard (o glicación) es un proceso químico complejo que tiene lugar cuando calentamos los alimentos a muy altas temperaturas. El proceso libera una serie de moléculas que aportan sabor y aroma a los alimentos y que resultan tremendamente adictivas, entre ellas destaca la acrilamida, la sustancia responsable del color marrón propio de la costra de la carne, la corteza del pan o el apetecible color de las patatas fritas. Una sustancia irresistible y, probablemente, cancerígena en humanos, según la Organización Mundial de la Salud.

La acrilamida se forma a temperaturas superiores a 120 °C y, aunque puede aparecer cuando cocinamos en casa (sobre todo si freímos o hacemos una barbacoa), es mucho más común en los productos procesados: está presente en la mayoría de snacks, el pan tostado, las galletas y muchos otros productos de bollería. La OMS considera que una baja concentración de acrilamida conlleva un bajo riesgo, pero existe si se consume con frecuencia.

viernes, 4 de abril de 2014

Conoce 3 alternativas caseras para las pastas dentífricas

Considerando que un individuo se lava los dientes en promedio 730 veces al año, el contacto directo con estos químicos parecería inevitable. Sin embargo, existen diversas recetas para elaborar, de manera casera, pastas de dientes libres de esos químicos nocivos.

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Hace algunos años, los dentistas recomendaban las sales de fluoruro para prevenir problemas de caries. Se creía que este compuesto incoloro y soluble en agua, bloqueaba la acción de cualquier bacteria en los dientes, e incluso en el sistema digestivo.
No obstante, de acuerdo con la información proporcionada por la Organización Mundial de la Salud (WHO, por sus siglas en inglés), el uso excesivo del fluoruro puede provocar serios problemas en el sistema digestivo, en la dentadura y otras enfermedades. Por ejemplo, se relaciona la pérdida del esmalte dental y el desgaste de los huesos con el abuso de este compuesto químico.
Incluso, de acuerdo con el doctor Russel Blaylock, otra posible consecuencia del uso excesivo del fluoruro es la alteración en la producción de la melatonina, la hormona reguladora del sueño; y también el incremento en la absorción del aluminio en el cerebro (lo que propaga el metal tóxico a lo largo del cuerpo).
Podemos usualmente encontrar este compuesto en las pastas dentífricas convencionales; productos que poseen otras composiciones nocivas como el fluoruro de sodio, colorantes sintéticos derivados del petróleo, alquitrán, hidróxido de sodio, sulfato de sodio, dióxido de titanio, edulcorantes artificiales y triclosán.
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Considerando que un individuo se lava los dientes en promedio 730 veces al año, el contacto directo con estos químicos parecería inevitable. Sin embargo, existen diversas recetas para elaborar, de manera casera, pastas de dientes libres de esos químicos nocivosEcoosfera te comparte tres de ellas:
  1. Una pasta dentífrica sencilla. Basada en la receta de Stephanie Tourles, esta pasta es de una aplicación sencilla y que puedes adecuar a tu gusto. Ingredientes:
1 cucharadas de bicarbonato de sodio
½ cucharadas de sal de mar, finamente molida
1gota de aceite de menta, clavo o cítricos
Unas gotas de agua
Mezcla los ingredientes hasta que el compuesto se convierta en una pasta espesa. Colócalo en tu cepillo de dientes y listo.
  1. Pasta dentífrica vegana. Muchas pastas de dientes contienen glicerina de origen animal para mantener cierta textura. Si deseas que tu pasta contenga este compuesto de origen vegetal, intenta esta receta. Ingredientes:
2 cucharaditas de glicerina vegetal
4 cucharadas de bicarbonato de sodio
½ cucharaditas de goma de guar
8 cucharadas de agua
5 gotas de aceite de menta, clavo o cítricos
Coloca todos los ingredientes, salvo el aceite, en una olla a fuego lento. Durante cinco minutos, mueve la mezcla hasta que se forme una pasta espesa. Deja que se enfríe y entonces añade el aceite. Colócalo en un tarro limpio y a temperatura ambiente.
  1. Pasta dentífrica a base de coco. En vez de utilizar la glicerina, esta receta emplea el aceite de coco para disfrazar el sabor del peróxido de hidrógeno y del bicarbonato de sodio. Incluso, puedes agregarle a la fórmula unas cuantas gotas de stevia. Ingedientes:
6 cucharaditas de bicarbonato de sodio
¼ cucharaditas de peróxido de hidrógeno
2 cucharadas de aceite de coco (lo suficientemente caliente para que esté en estado líquido)
10 gotas de aceite de menta, clavo o cítricos
Mezcla todos los ingredientes en un tazón hasta adquirir una pasta espesa. Si consideras que la fórmula aún está seca, agrégale un poco de bicarbonato de sodio y aceite de coco. Almacénalo en un contenedor opaco (debido al peróxido) y listo.

lunes, 24 de junio de 2013

El 80% de los productos envasados encierra ‘peligros’ químicos

EE.UU:

Aproximadamente el 80% de los alimentos envasados disponibles para el consumo en Estados Unidos contiene sustancias químicas prohibidas y consideradas peligrosas en otras partes del mundo, lo que pone en riesgo la salud de millones de personas.
 
Entre estos productos se incluyen los refrescos y cereales más consumidos en el país, que contienen aditivos alimenticios como aceite vegetal bromado, olestra y otras sustancias que han sido prohibidas en la Unión Europea y en otras naciones, informa el diario británico ‘The Daily Mail’.
 
El aceite vegetal bromado o BVO, por ejemplo, ha sido prohibido en más de 100 países, ya que se considera que puede causar graves daños en la salud, como malformaciones congénitas de órganos y la pérdida de audición, entre otros efectos secundarios.
 
El BVO se utiliza en refrescos como Mountain Dew, Gatorade o Powerade y además, en cerca del 10% de todas las bebidas que se venden en los EE.UU.
 
Los colorantes artificiales han sido prohibidos en Noruega, Finlandia, Austria, Francia y el Reino Unido debido a que se ha demostrado que algunos de ellos pueden hallarse en el origen de varios tipos de cáncer.
 
http://actualidad.rt.com/actualidad/view/98129-eeuu-productos-sustancias-quimicas