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jueves, 25 de septiembre de 2014

Simbolos y signos: Un Conocimiento Ancestral

Conocer el significado de los símbolos y su lectura es adentrarse en la historia de la cultura. La mitología, el arte y la literatura están poblados de ellos.


Pero también disciplinas como la psicología y la sociología los utilizan y estudian, porque afloran constantemente en el inconsciente colectivo e individual, en el complejo mundo de los sueños o en muchas facetas del comportamiento cotidiano.

En el terreno de la filosofía afirmaba Aristóteles que no se piensa sin imágenes; simbólica es también la ciencia, constituyendo ambas evidentes manifestaciones de lainteligencia.


Los símbolos son pictografíascon significado propio. Nuestra relación con los símbolos, signos y señales es mucho más próxima y cotidiana de lo que parece. Pero estos tres conceptos no son la misma cosa. Son estratos de comunicación diferentes, aunque los tres se basan en la capacidad comunicadora y creativa del hombre. Pero en el ámbito de los símbolos también se hayan objetos, conceptos, acciones, personas, animales etc. tras las cuales existe un significado onírico, mágico, religioso, etc.

La señal es el nivel más simple y automático. Por ejemplo, las señales de tráfico, una vez aprendido un código, automáticamente sugieren una acción.

Los signos y símbolos, sin parecido físico con lo que que representan, poseen significados gracias a la semiótica(disciplina que aborda la interpretación y producción del sentido). A veces requieren un planteamiento intuitivo que extraiga su sentido y que, por consiguiente, posibilite su interpretación creativa.

Los signos requieren una capacidad racional, por ejemplo, el lenguaje, es un sistema de signos relacionados. Cuando un signo no sólo informa de un significado, sino que además evoca valores y sentimientos, representando ideas abstractas de una manera metafórica o alegórica, se conoce como símbolo.Los signos pueden ser comprendidos por los seres humanos y, algunos, por los animales; los símbolos no.

Son los símbolos los que encierran mayos capacidad deabstracción, un mayor poder creativo y sugeridor. Un símbolo es una imagen que materialmente o por palabras representa un concepto moral o intelectual, e implica la transmisión de un valor o conocimiento a lo largo de la historia, evolucionando y modificándose con ella. 

El hombre, como ser colectivo e individual, intelectual y espiritual, participa constantemente de una doble relación (materia/espíritu) y necesita la analogía y el símbolo no sólo para relacionarse y expresarse (comunicarse), sino también para comprenderse y afirmarse. Y es aquí donde aparece elvalor arquetípico del símbolo, como exponente de su universalidad.

Los valores arquetípico e histórico del símbolo son los que le dan su significado, porque en las diversas culturas y con el transcurso del tiempo se ha ido modificando, en lagunos casos, lo externo del mito, la fábula la leyenda o el gesto, pero no su valor interno, que permanece invariable. La conexión que crea el símbolo entre el plano real y el espiritual le otorga una dimensión especial que lo aleja de una analogía o una convención cualquiera. Además, sus variados niveles de lectura e interpretación y de su belleza formal, es fuente inagotable para escritores y artistas.

En las sociedades primitivas, los símbolos sirvieron para expresar las cualidades esenciales de sus creencias religiosas. 


En el Antiguo Egipto se practicó la costumbre simbólica en suescritura jeroglífica; muchas otras civilizaciones, utilizaron la representación de los fenómenos de la naturaleza personificados enseres mitológicos, que terminaron por encarnar los valores morales de la sociedad.

En las religiones se utilizan símbolos que evocan en sus seguidores los valores y creencias, por ejemplo la luna creciente simboliza al islamismo; la cruz es el símbolo de los cristianos y la estrella de David representa a la religión hebraica.

En el cristianismo, los símbolos que adornaban las catacumbas (galerías subterráneas que se utilizaban como lugar de enterramiento) y que posteriormente se reprodujeron en la pintura y la escultura, ya eran utilizados por los cristianos en el siglo II, adornando anillos, medallas etc. para reconocerse entre sí, obligados al secreto que la persecución imponía a los primeros cristianos.

http://elgrancielo.blogspot.com.es/2012/07/simbolos-y-signos-introduccion.html

lunes, 12 de mayo de 2014

¿Que leche quieres?


Quiero compartir con ustedes lo siguiente, para que cuando vayan a comprar su leche sepan que producto están llevando a sus casas. Si se fijan en las dos fotos , que están tomadas desde la parte inferior de la caja, hay una numeración que va desde el 1 al 5.

En la foto de la izquierda a la numeración le falta el número 1, eso quiere decir que esa leche a sido pasteurizada por primera vez. En la foto de la derecha a la numeración le falta el número 4 que quiere decir que esa leche a sido pasteurizada por cuarta vez.

A las fabricas solo les está permitido reciclar la leche 5 veces y después las deben botar. O sea, si a la numeración le falta el número 5, esa leche a llegado al tope del reciclaje.

Ahora ¿Cuándo se recicla la leche? Pues cada vez que la leche se vence y los negocios o supermercados no lo han podido vender.

Si sacas bien tus cuentas, si consumes una leche que le falta el número 5 quiere decir que te estás tomando una leche que a vencido 5 veces.

A todo esto el proceso de pasteurización consiste en que la leche es sometida a altísimas temperaturas en donde matan virus, bacterias, enzimas, vitaminas, etc. O sea todo el contenido de... la leche, quedando solo agua blanca sin ningún tipo de nutrientes que nos aporten con algo bueno.

Fácilmente, si la leche puede ser reciclada 5 veces , puede estar en el mercado más de dos años. La leche natural de vaca solo dura días. Si aun quieres seguir consumiendo leche procura que sea una leche que a sido expuesta al mercado por primera vez. No creo que sea sano consumir algo que a muerto 5 veces.

Puedes compartir esta información si quieres, ya que esto no viene explicado en las cajas, aunque deberían.

martes, 10 de diciembre de 2013

¿Qué es tu mente?

...Los chamanes eran seres prácticos, y lo que ellos describían era siempre algo muy sobrio y muy realista, dijo don Juan. La dificultad de entender lo que los chamanes hacían estaba en que ellos procedían desde un sistema cognitivo diferente.


Aquel día, sentados en la parte trasera de su casa en el centro de México, don Juan dijo que el cuerpo energé­tico era de una importancia clave en todo lo que estaba ocurriendo en mi vida. Él veía como un hecho energéti­co el que mi cuerpo energético, en lugar de alejarse de mí (como sucede normalmente), se me acercaba a gran ve­locidad.


‑¿Qué significa el que se me esté acercando, don Juan? ‑pregunté.


‑Significa que algo te va a sacar la mugre ‑dijo don Juan sonriendo‑. Un grado tremendo de control va a aparecer en tu vida, pero no tu control; el control del cuerpo energético.


‑¿Quiere decir, don Juan, que una fuerza externa va a controlarme? ‑pregunte



Hay montones de fuerzas externas controlándote ahorita mismo ‑don Juan replicó‑. El control al que me refiero es algo que está fuera del dominio del lengua­je. Es tu control pero a la vez no lo es. No puede ser clasi­ficado, pero sí puede ser experimentado. Y, por cierto y por sobre todo, puede ser manipulado. Recuerda: puede ser manipulado, por supuesto, para tu beneficio total, que no es, claro, tu propio beneficio sino el beneficio del cuerpo energético. Sin embargo, elcuerpo energético eres tú, así es que podríamos continuar indefinidamente co­mo perros mordiéndose la propia cola, tratando de expli­car esto. El lenguaje es inadecuado. Todas estas experien­cias están más allá de la sintaxis.



La oscuridad había descendido muy rápidamente, y el follaje de los árboles, que momentos antes brillaba de color verde, estaba ahora muy oscuro y denso. Don Juan dijo que si yo prestaba atención intensamente a la oscuri­dad del follaje, sin enfocar la mirada sino mirando como con el rabillo del ojo, vería una sombra fugaz cruzando mi campo de visión.


‑Ésta es la hora apropiada para hacer lo que te voy a pedir ‑dijo‑. Toma un momento en fijar la atención necesaria de parte tuya para lograrlo. No pares hasta que captes esa sombra fugaz negra.


Vi de hecho una extraña sombra fugaz negra proyec­tada en el follaje de los árboles. Era, o bien una sombra que iba de un lado al otro, o varias sombras fugaces mo­viéndose de derecha a izquierda o de izquierda a dere­cha, o hacia arriba en el aire. Me parecían peces negros y gordos, peces enormes. Era como si gigantescos peces­ espada volaran por el aire. Estaba absorto en la visión. Luego, finalmente, la visión me asustó. Estaba ya muy oscuro para ver el follaje, pero aun así veía las sombras fugaces negras.


‑¿Qué es, don Juan? ‑pregunté‑. Veo sombras fugaces negras por todos lados.


‑Ah, es el universo en su totalidad -dijo‑, incon­mensurable, no lineal, fuera del reino de la sintaxis. Los chamanes del México antiguo fueron los primeros que vieron esas sombras fugaces, así es que las siguieron. Las vieron como tú las viste hoy, y las vieron como energía que fluye en el universo. Y, sí, descubrieron algo tras­cendental.


Paró de hablar y me miró. Sus pausas encajaban per­fectamente. Siempre paraba de hablar cuando yo pendía de un hilo.


‑¿Qué descubrieron, don Juan? ‑pregunté.


‑Descubrieron que tenemos un compañero de por vida ‑dijo de la manera más clara que pudo‑. Tene­mos un predador que vino desde las profundidades del cosmos y tomó control sobre nuestras vidas. Los seres humanos son sus prisioneros. El predador es nuestro amo y señor. Nos ha vuelto dóciles, indefensos. Si que­remos protestar, suprime nuestras protestas. Si quere­mos actuar independientemente, nos ordena que no lo hagamos.


Estaba ya muy oscuro a nuestro alrededor, y eso pa­recía impedir cualquier expresión de mi parte. Si hubie­ra sido de día, me hubiera reído a carcajadas. En la oscu­ridad, me sentía bastante inhibido.


‑Hay una negrura que nos rodea ‑dijo don Juan‑, pero si miras por el rabillo del ojo, verás todavía las fuga­ces sombras saltando a tu alrededor.


Tenía razón. Aun las podía ver. Sus movimientos me marearon. Don Juan prendió la luz, y eso pareció disi­parlo todo.


‑Has llegado, a través de tu propio esfuerzo, a lo que los chamanes del México antiguo llamaban el tema de temas ‑dijo don Juan‑. Me anduve con rodeos to­do este tiempo, insinuándote que algo nos tiene prisione­ros. ¡Desde luego que algo nos tiene prisioneros! Esto era unhecho energético para los chamanes del México an­tiguo.


‑¿Pero, por qué este predador ha tomado posesión de la manera que usted describe, don Juan? ‑pregun­té‑. Debe haber una explicación lógica.


‑Hay una explicación ‑replicó don Juan‑, y es la explicación más simple del mundo. Tomaron posesión porque para ellos somos comida, y nos exprimen sin compasión porque somos su sustento. Así como noso­tros criamos gallinas en gallineros, así también ellos nos crían en humaneros. Por lo tanto, siempre tienen comi­da a su alcance.


Sentí que mi cabeza se sacudía violentamente de lado a lado. No podía expresar mi profundo sentimiento de incomodidad y descontento, pero mi cuerpo se movía haciéndolo patente. Temblaba de pies a cabeza sin voli­ción alguna de mi parte.


‑No, no, no, no ‑me oí decir‑. Esto es absurdo, don Juan. Lo que usted está diciendo es algo monstruo­so. Simplemente no puede ser cierto, para chamanes o para seres comunes, o para nadie.


‑¿Por qué no? ‑don Juan preguntó calmadamen­te‑. ¿Por qué no? ¿Por qué te enfurece?


‑Sí, me enfurece ‑le contesté‑. ¡Esas afirmacio­nes son monstruosas!


‑Quiero apelar a tu mente analítica ‑dijo don Juan‑. Piensa por un momento, y dime cómo explica­rías la contradicción entre la inteligencia del hombre‑in­geniero y la estupidez de sus sistemas de creencias, o la estupidez de su comportamiento contradictorio. Los chamanes creen que los predadores nos han dado nuestro sistemas de creencias, nuestras ideas acerca del bien y el mal, nuestras costumbres sociales. Ellos son los que establecieron nuestras esperanzas y expecta­tivas, nuestros sueños de triunfo y fracaso. Nos otorgaron la codicia, la mezquindad y la cobardía. Es el predador el que nos hace complacientes, rutinarios y egomaniá­ticos.


‑¿Pero de qué manera pueden hacer esto, don Juan? ‑pregunté, de cierto modo más enojado aún por sus afirmaciones‑. ¿Susurran todo esto en nuestros oídos mientras dormimos?


‑No, no lo hacen de esa manera, ¡eso es una idio­tez! ‑dijo don Juan, sonriendo‑. Son infinitamente más eficaces y organizados que eso. Para mantenernos obedientes y dóciles y débiles, los predadores se involu­craron en una maniobra estupenda (estupenda, por su­puesto, desde el punto de vista de un estratega). Una maniobra horrible desde el punto de vista de quien la sufre. ¡Nos dieron su mente! ¿Me escuchas? Los pre­dadores nos dieron su mente, que se vuelve nuestra mente. La mente del predador es barroca, contradicto­ria, mórbida, llena de miedo a ser descubierta en cual­quier momento.


»Aunque nunca has sufrido hambre ‑continuó‑, sé que tienes unas ansias continuas de comer, lo cual no es sino las ansias del predador que teme que en cual­quier momento su maniobra será descubierta y la comi­da le será negada. A través de la mente, que después de todo es su mente, los predadores inyectan en las vi­das de los seres humanos lo que sea conveniente para ellos. Y se garantizan a ellos mismos, de esta manera, un grado de seguridad que actúa como amortiguador de su miedo.


‑No es que no pueda aceptar esto como válido, don Juan ‑dije‑. Podría, pero hay algo tan odioso al res­pecto que realmente me causa rechazo. Me fuerza a to­mar una posición contradictoria. Si es cierto que nos co­men, ¿cómo lo hacen?


Don Juan tenía una sonrisa de oreja a oreja. Rebosaba de placer. Me explicó que los chamanes ven a los niños humanos como extrañas bolas luminosas de energía, cu­biertas de arriba a abajo con una capa brillante, algo así como una cobertura plástica que se ajusta de forma ceñi­da sobre su capullo de energía. Dijo que esa capa brillan­te de conciencia era lo que los predadores consumían, y que cuando un ser humano llegaba a ser adulto, todo lo que quedaba de esa capa brillante de conciencia era una angosta franja que se elevaba desde el suelo hasta por en­cima de los dedos de los pies. Esa franja permitía al ser humano continuar vivo, pero sólo apenas.


Como si hubiera estado en un sueño, oí a don Juan Matus explicando que, hasta donde él sabía, la humani­dad era la única especie que tenía la capa brillante de conciencia por fuera del capullo luminoso. Por lo tanto, se volvió presa fácil para una conciencia de distinto or­den, tal como la pesada conciencia del predador.


Luego hizo el comentario más injuriante que había pronunciado hasta el momento. Dijo que esta angosta franja de conciencia era el epicentro donde el ser humano estaba atrapado sin remedio. Aprovechándose del único punto de conciencia que nos queda, los predadores crean llamaradas de conciencia que proceden a consumir de manera despiadada y predatorial. Nos otorgan proble­mas banales que fuerzan a esas llamaradas de conciencia a crecer, y de esa manera nos mantienen vivos para alimen­tarse con la llamarada energética de nuestras seudo‑pre­ocupaciones.


Algo debía de haber en lo que don Juan decía, pues me resultó tan devastador que a este punto se me revol­vió el estómago.


Después de una pausa suficientemente larga para que me pudiera recuperar, le pregunté a don Juan:


‑¿Pero por qué, si los chamanes del México anti­guo, y todos los chamanes de la actualidad, ven los pre­dadores no hacen nada al respecto?


‑No hay nada que tú y yo podamos hacer ‑dijo don Juan con voz grave y triste‑. Todo lo que pode­mos hacer es disciplinarnos hasta el punto de que no nos toquen. ¿Cómo puedes pedirles a tus semejantes que atraviesen los mismos rigores de la disciplina? Se reirán y se burlarán de ti, y los más agresivos te darán una pa­tada en el culo. Y no tanto porque no te crean. En lo más profundo de cada ser humano, hay un saber ancestral, visceral acerca de la existencia del predador.


‑Los chamanes del México antiguo ‑dijo‑ vieron al predador. Lo llamaron el volador porque brinca en el aire. No es nada lindo. Es una enorme sombra, de una oscuridad impenetrable, una sombra negra que salta por el aire. Luego, aterriza de plano en el suelo. Los chama­nes del México antiguo estaban bastante inquietos con saber cuándo había hecho su aparición en la Tierra. Ra­zonaron que era que el hombre debía haber sido un ser completo en algún momento, con estupendas revela­ciones, proezas de conciencia que hoy en día son leyen­das mitológicas. Y luego todo parece desvanecerse y nos quedamos con un hombre sumiso.


‑Lo que estoy diciendo es que no nos enfrentamos a un simple predador. Es muy ingenioso, y es organiza­do. Sigue un sistema metódico para volvernos inútiles. El hombre, el ser mágico que es nuestro destino alcan­zar, ya no es mágico. Es un pedazo de carne. No hay más sueños para el hombre sino los sueños de un ani­mal que está siendo criado para volverse un pedazo de carne: trillado, convencional, imbécil.


‑Este predador ‑dijo don Juan‑, que por supues­to es un ser inorgánico, no nos es del todo invisible, como lo son otros seres inorgánicos. Creo que de niños sí los vemos, y decidimos que son tan terroríficos que no queremos pensar en ellos. Los niños podrían, por su­puesto, decidir enfocarse en esa visión, pero todo el mundo a su alrededor lo disuade de hacerlo.


»La única alternativa que le queda a la humanidad ‑continuó‑ es la disciplina. La disciplina es el único repelente. Pero con disciplina no me refiero a arduas ru­tinas. No me refiero a levantarse cada mañana a las cin­co y media y a darte baños de agua helada hasta ponerte azul. Los chamanes entienden por disciplina la capaci­dad de enfrentar con serenidad circunstancias que no están incluidas en nuestras expectativas. Para ellos, la disciplina es un arte: el arte de enfrentarse al infinito sin vacilar, no porque sean fuertes y duros, sino porque es­tán llenos de asombro.


‑¿De qué manera sería la disciplina de un brujo un repelente? ‑pregunté.


‑Los chamanes dicen que la disciplina hace que la capa brillante de conciencia se vuelva desabrida al vola­dor ‑dijo don Juan, escudriñando mi cara como que­riendo encontrar algún signo de incredulidad‑. El re­sultado es que los predadores se desconciertan. Una capa brillante de conciencia que sea incomible no es parte de su cognición, supongo. Una vez desconcertados, no les queda otra opción que descontinuar su nefasta tarea.


»Si los predadores no nos comen nuestra capa bri­llante de conciencia durante un tiempo ‑continuó‑, ésta seguirá creciendo. Simplificando este asunto en ex­tremo, te puedo decir que los chamanes, por medio de su disciplina, empujan a los predadores lo suficiente­mente lejos para permitir que su capa brillante de con­ciencia crezca más allá del nivel de los dedos de los pies. Una vez que pasa este nivel, crece hasta su tamaño natu­ral. Los chamanes del México antiguo decían que la capa brillante de conciencia es como un árbol. Si no se lo poda, crece hasta su tamaño y volumen naturales. A me­dida que la conciencia alcanza niveles más altos que los dedos de los pies, tremendas maniobras de percepción se vuelven cosa corriente.


»El gran truco de esos chamanes de tiempos antiguos ‑continuó don Juan‑ era sobrecargar la mente del vo­lador con disciplina. Descubrieron que si agotaban la mente del volador con silencio interno, la instalación fo­ránea saldría corriendo, dando al practicante envuelto en tal maniobra la total certeza del origen foráneo de la mente. La instalación foránea vuelve, te aseguro, pero no con la misma fuerza, y comienza un proceso en que la huida de la mente del volador se vuelve rutina, hasta que un día desaparece de forma permanente. ¡Un día de lo más triste! Ése es el día en que tienes que contar con tus propios recursos, que son prácticamente nulos. No hay nadie que te diga qué hacer.Ya No hay una mente de origen foráneo que te dicte las imbecilidades a las que estás ha­bituado.


‑Mi maestro, el nagual Julián, les advertía a todos sus discípulos -continuó don Juan‑, que éste era el día más duro en la vida de un chamán, pues la verdadera mente que nos pertenece, la suma total de todas nuestras experiencias, después de toda una vida de dominación se ha vuelto tímida, insegura y evasiva. Personalmente, pue­do decirte que la verdadera batalla de un chamán comien­za en ese momento. El resto es mera preparación.


Te voy a revelar uno de los secretos más extraordinarios de la brujería. Te voy a describir un hallazgo que les tomó a los chamanes miles de años para verificar y consolidar.


Me miró y sonrió de manera maliciosa.


‑La mente del volador huye para siempre cuando un chamán logra asirse a la fuerza vibradora que nos mantiene unidos como conglomerado de fibras energé­ticas. Si un chamán mantiene esa presión durante sufi­ciente tiempo, la mente del volador huye derrotada. Y eso es exactamente lo que vas a hacer: agarrarte a la ener­gía que te mantiene unido.


»El verdadero peligro está en que la mente del volador te puede vencer agotándote y forzándote a abandonar ju­gando con la contradicción entre lo que ella te dice y lo que yo te digo.


»Te digo, la mente del volador no tiene competido­res ‑continuó don Juan‑. Cuando propone algo, está de acuerdo con su propia proposición, y te hace creer que hiciste algo de valor. La mente del volador te dirá que lo que don Juan Matus te está diciendo es puro dis­parate, y luego la misma mente estará de acuerdo con su propia proposición. "Sí, por supuesto, es un disparate", dirás. Así nos vencen.


»Los voladores son una parte esencial del universo ‑continuó‑, y deben tomarse como lo que son real­mente: asombrosos, monstruosos. Son el medio por el cual el universo nos pone a prueba.


»Somos sondas creadas por el universo ‑siguió, como si yo no estuviera presente‑, y es porque somos poseedores de energía con conciencia, que somos los medios por los que el universo se vuelve consciente de sí mismo. Los voladores son los desafiantes implacables. No pueden ser considerados de ninguna otra forma. Si lo logramos, el universo nos permite continuar...


EL LADO ACTIVO DEL INFINITO de CARLOS CASTANEDA

Fuente: Creología

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viernes, 13 de septiembre de 2013

La serpiente cósmica: ADN y los orígenes del conocimiento

La primera vez que un hombre Ashaninca me contó que aprendió las propiedades medicinales de plantas bebiendo un brebaje alucinógeno, pensé que estaba bromeando. Nos encontrábamos en el bosque sentados al lado de un arbusto cuyas hojas, él declaró, podían curar la mordedura de una serpiente mortal. “Uno aprende tales cosas bebiendo ayahuasca”, él dijo. Pero él no estaba riendo.


  

Esto fue a comienzos del 1985, en la comunidad de Quirishari en el valle de Pichis de la amazonia peruana. Tenía 25 años y empezaba un período de trabajo de campo de dos años para obtener un doctorado en antropología por la Universidad de Stanford. Mi formación me había inducido a esperar a que la gente me contara cuentos chinos. Pensaba que mi trabajo como antropólogo era descubrir que era lo que realmente querían decir, como si de algún tipo de detective privado yo me tratara.

Durante mi investigación sobre la ecología Ashaninca, la gente de Quirishari regularmente mencionaba el mundo alucinógeno de los ayahuasqueros, o chamanes. En conversaciones sobre plantas, animales, tierras, o el bosque, ellos se referían a los ayahuasqueros como la fuente de conocimiento. Cada vez que decían esto me preguntaba que es lo que realmente esto significaba.

Mi trabajo de campo concernía el uso Ashaninca de los recursos – con especial énfasis en sus técnicas racionales y pragmáticas. Enfatizar el origen alucinógeno del conocimiento ecológico de los Ashaninca hubiera sido contraproducente al principal argumento subyacente de mi investigación. Sin embargo, el enigma continuaba: esta gente extremadamente práctica y franca, viviendo casi autónomamente en el bosque amazónico, insistían en que su extenso conocimiento botánico procedía de alucinaciones inducidas por plantas. ¿Cómo podía ser esto verdad?

El enigma era de lo más fascinante ya que el conocimiento botánico de los indígenas amazónicos ha asombrado a científicos durante mucho tiempo. La composición química de la ayahuasca es un ejemplo que hace al caso. Los chamanes amazónicos preparan ayahuasca desde hace milenios. El brebaje es una combinación necesaria de dos plantas, la cuales deben ser hervidas conjuntamente durante horas. La primera contiene una substancia alucinógena, la dimetiltriptamina, que parece ser también secretada por el cerebro humano; pero este alucinógeno no produce efecto alguno cuando es ingerido por vía oral, debido a que una enzima del estómago llamada monoamina oxidasa lo bloquea. La segunda planta, no obstante, contiene varias substancias que inactivan esta precisa enzima estomacal, permitiendo que el alucinógeno alcance el cerebro.

Así que hay gente sin microscopios electrónicos que escogen, de entre unas 80,000 especies de plantas amazónicas, las hojas de un arbusto que contiene una hormona alucinógena del cerebro, la cual combinan con una liana que a su vez contiene compuestos que inactivan una enzima del tracto digestivo, la cual si no impediría el efecto alucinógeno. Y hacen esto para modificar su conciencia.

Es como si conocieran las propiedades moleculares de las plantas y el arte de combinarlas, y cuando uno les pregunta como es que saben estas cosas, ellos dicen que su conocimiento proviene directamente de plantas alucinógenas. 

No había venido a Quirishari a estudiar este asunto, el cual para mi tiene que ver con mitología indígena. Hasta consideraba el estudio de la mitología como un pasatiempo inútil y “retrógrado”. Mi interés como antropólogo se centraba en la explotación de los recursos por los Ashaninca. Intentaba demostrar que un desarrollo verdadero consiste primero, en reconocer los derechos territoriales de los indígenas. Mi punto de vista era materialista y político, antes que místico – a pesar de todo me impresionó bastante el pragmatismo de los Quirishari.

Esta es una gente que enseña por ejemplo antes que por explicación. Los padres animan a sus hijos a que los acompañen en su trabajo. La frase “deja a papá solo porque está trabajando” es desconocida. La gente sospecha acerca de conceptos abstractos. Cuando una idea parece realmente mala, ellos dirán como quien no quiere tomar la cosa en serio: “es pura teoría”. Las dos palabras claves que surgían una y otra vez en conversaciones eran “práctica” y “táctica” – sin duda porque son requisitos para vivir en la selva. 

Después de aproximadamente un año en Quirishari, llegué a observar que el sentido práctico de mis anfitriones era mucho más fiable en su medio ambiente que mi comprensión académicamente informada de la realidad. Su conocimiento empírico era innegable, pero sus explicaciones sobre el origen de su conocimiento me eran increíbles. Mi actitud era ambivalente. Por una parte, quería comprender que pensaban – por ejemplo, sobre la realidad de los “espíritus” – pero por otra parte, no podía tomarme seriamente lo que decían porque no me lo creía.

Al partir de Quirishari, supe que no había solucionado el enigma del origen alucinógeno del conocimiento ecológico Ashaninca. Marché con el extraño sentimiento de que el problema tenía que ver más con mi incapacidad de comprender qué había dicho la gente, que con la insuficiencia de sus explicaciones. Siempre habían utilizado palabras tan simples.

En Junio del 1992, fui a Río a asistir a la conferencia mundial de desarrollo y medio ambiente. En la “cumbre de la Tierra de Río”, pues así fue llamada, todos hablaban sobre el conocimiento ecológico de los indígenas, pero ciertamente nadie mencionaba nada sobre el origen alucinógeno de parte de este, tal y como era reconocido por los mismos indígenas.

Algunos colegas preguntarían, “¿quieres decir que los indios afirman obtener información verificable molecularmente de sus alucinaciones? ¿No les crees de manera literal, verdad?” ¿Qué podría uno contestar? Nada uno puede decir sin contradecir dos principios fundamentales del conocimiento occidental.

Primero, las alucinaciones no pueden ser fuente de información real, y si lo son, se consideran psicosis. En el mejor de los casos el conocimiento occidental considera las alucinaciones como ilusiones, en el peor como fenómenos mórbidos.

Segundo, las plantas no comunican como los seres humanos. Teorías científicas de la comunicación consideran que solo los seres humanos utilizan símbolos abstractos como palabras e imágenes, y que las plantas no transmiten información en forma de imágenes mentales. Para la ciencia, el cerebro humano es la fuente de las alucinaciones, el cual las plantas psicoactivas simplemente estimula gracias a las moléculas alucinógenas que contienen.

Fue en Río que me di cuenta del alcance del dilema planteado por el conocimiento alucinógeno de los indígenas. Por una parte, sus resultados son confirmados empíricamente y usados por la industria farmacéutica; por otra parte, su origen no puede ser discutido científicamente porque contradice los axiomas del conocimiento occidental.

Cuando comprendí que el enigma de la comunicación por plantas era un punto ciego para la ciencia, sentí la necesidad de dirigir una investigación a fondo sobre la cuestión. Además, el misterio de la comunicación por plantas me había estado acompañando desde mi estancia con los Ashanincas, y sabía que la exploración de contradicciones en ciencia a menudo da resultados fructuosos. Me pareció que el establecimiento de un dialogo serio con los indígenas sobre ecología y botánica requería que esta cuestión fuese tratada.

Yo mismo había ingerido ayahuasca en Quirishari, una experiencia que me puso cara a cara con un territorio irracional y subjetivo que fue aterrador, aún lleno de información. En los meses posteriores, pensaba mucho sobre lo que mi principal informante Ashaninca, Carlos Pérez Shuma, había dicho. ¿Qué tal si fuese cierto que la naturaleza habla en signos y que el secreto de entender su lenguaje consiste en darse cuenta de las similitudes en la forma?, ¿Qué tal si me lo tomaba literalmente?

Me gusto esta idea y decidí leer textos antropológicos de chamanismo, fijándome no solo en su contenido si no también en su estilo. Pegué una nota en la pared de mi despacho: “Observa la FORMA”.

Una cosa se hizo clara al recordar mi estancia en Quirishari. Cada vez que había dudado de una explicación de mis informantes, mi comprensión de la visión Ashaninca de la realidad se agarrotaba; contrariamente, en las raras ocasiones en que conseguí silenciar mis dudas, mi comprensión de la realidad local aumentaba – como si hubiera veces que uno tuviese que creer para ver, en lugar de lo contrario.

Se me hizo claro que de alguna manera los ayahuasqueros en sus visiones conseguían acceso a información verificable sobre las propiedades de las plantas. De esta manera, razoné, el enigma del conocimiento alucinógeno podía ser reducido a una pregunta: ¿Provenía esta información del interior del cerebro humano, tal y como el punto de vista científico afirmaría, o bien del mundo exterior de las plantas, tal y como los chamanes declaran?
Ambas perspectivas parecían presentar ventajas e inconvenientes.

Por una parte, la similitud entre el perfil molecular de los alucinógenos naturales y la serotonina parecían verdaderamente indicar que estas substancias actúan como llaves que encajan en la misma cerradura del interior del cerebro. Sin embargo, no podía estar de acuerdo con la posición científica en la cual las alucinaciones solo son descargas de imágenes almacenadas en compartimientos de la memoria subconsciente. Estaba convencido de que las enormes serpientes fluorescentes que había visto gracias a la ayahuasca no correspondían de ninguna manera a nada que yo hubiera podido soñar ni en mis pesadillas más extremas.

Además, la velocidad y coherencia de algunas de las imágenes alucinógenas sobrepasaban en gran medida los mejores videos de rock, y sabía que no hubiera podido filmarlos.

Por otra parte, estaba encontrando cada vez más fácil abandonar la incredulidad y considerar el punto de vista indígena como potencialmente correcto. Después de todo, había todo tipo de huecos y contradicciones en el conocimiento científico de los alucinógenos, el cual al principio había parecido tan seguro: Los científicos no saben como estas substancias afectan a nuestra conciencia, y tampoco han estudiado verdaderos alucinógenos en detalle. Ya no me parecía irrazonable considerar que la información sobre el contenido molecular de las plantas pudiera ciertamente provenir de las mismas plantas, justo como los ayahuasqueros afirmaban. Sin embargo, fallé en ver como esto podría funcionar concretamente.

A lo mejor encontraría la respuesta teniendo en cuenta ambas perspectivas simultáneamente, con un ojo encima la ciencia y el otro encima el chamanismo. De esta manera la solución consistiría en formular la pregunta de manera diferente: No era cuestión de preguntar si la fuente de las alucinaciones es interna o externa, si no de considerar que podría ser ambas al mismo tiempo. No podía imaginar como esta idea podría funcionar en la práctica, pero me gustó porque reconciliaba dos puntos de vista que eran aparentemente divergentes.

Mi investigación reveló que a principios de los sesenta, el antropólogo Michael Harner había estado en la amazonia peruana estudiando la cultura de los indios Conibo. Después de algo de un año poco había progresado en la comprensión de su sistema religioso cuando los Conibo le dijeron que si realmente quería aprender, necesitaba beber ayahuasca. Harner aceptó, no sin miedo, ya que la gente le había avisado de que la experiencia era aterradora. Al siguiente atardecer, bajo la supervisión estricta de sus amigos indígenas, bebió el equivalente a un tercio de botella. Después de varios minutos se encontró desembocando dentro de un mundo de genuinas alucinaciones.

Observó que sus visiones emanaban de “criaturas reptiles gigantes” reposando en las más bajas profundidades de su cerebro. Estas criaturas empezaron a proyectar escenas delante de sus ojos. “Primero me mostraron el planeta Tierra tal y como era eones atrás, antes de que hubiera vida en él. Vi un océano, tierra árida, y un cielo azul brillante. Entonces cientos de motas negras cayeron del cielo y aterrizaron delante de mí sobre el paisaje estéril. Pude ver que de echo, las “motas” eran grandes criaturas negras brillantes con alas achaparradas como de terodáctilos y enormes cuerpos como de ballena… Ellas me explicaron a través de una especie de lengua pensante que huían de algo del espacio exterior. Habían llegado al planeta Tierra para escapar de su enemigo. Entonces las criaturas me enseñaron como habían creado vida en el planeta para esconderse dentro de las multitudinarias formas y así disfrazar su presencia. Ante mi, la magnificencia de la creación y especiación de plantas y animales – cientos de millones de años de actividad – ocurrieron a una escala y con una vivacidad imposible de describir. Aprendí que las criaturas parecidas a dragones estaban, de este modo, dentro de todas las formas de la vida, incluido en los hombres”.

En este punto de su relato, Harner escribe en una nota al pie de la página: “Retrospectivamente uno podría decir que ellos eran casi como ADN, aunque entonces, en 1961, no sabía nada del ADN “.

No había prestado atención a esa nota previamente. En efecto había ADN dentro del cerebro humano, así como también en el mundo externo de las plantas, ya que la molécula de la vida que contiene información genética es la misma para todas las especies. El ADN podría entonces ser considerada una fuente de información que es tanto externa como interna – en otras palabras, precisamente lo que había estado intentado imaginar.

Me zambullí de nuevo en el libro de Harner, pero no encontré nuevas menciones del ADN. Sin embargo, algunas páginas adelante, Harner señala que “dragón” y “serpiente” son sinónimos. Esto me hizo pensar que la doble hélice del ADN se parece, en su forma, a dos serpientes entrelazadas.

Las criaturas reptiles que Harner había visto en su cerebro me hicieron recordar algo, pero no podía decir que. Después de hurgar en mi despacho un tiempo, puse mis manos en un artículo llamado “Cerebro y Mente en el chamanismo Desana” de Gerardo Reichel-Dolmatoff. Pasando páginas, me detuve en un dibujo Desana de un cerebro humano con una serpiente alojada entre los dos hemisferios. Varias páginas después en el mismo artículo, encontré un segundo dibujo, esta vez con dos serpientes. Según Reichel-Dolmatoff, dentro de la fisura “habitan dos serpientes entrelazadas… En el chamanismo Desana estas dos serpientes simbolizan un principio femenino y masculino, una imagen de madre y padre, agua y tierra…; en resumen, representan un concepto de oposición binaria el cual tiene que ser superado para alcanzar conciencia e integración individual. Las serpientes son imaginadas dando vueltas rítmicamente en espiral en un movimiento oscilatorio de un lado a otro”.

Acerca de las principales creencias cosmológicas de los Desanas, Reichel-Dolmatoff escribe: “Los Desana dicen que en el principio del tiempo sus ancestros llegaron en canoas en forma como de enormes serpientes”.

Estaba asombrado por las similitudes entre el relato de Harner, basado en su experiencia alucinógena con los Indios Conibo en la amazonia peruana, y los conceptos chamánicos y mitológicos de una gente que usa la ayahuasca y vive a mil millas de distancia en la amazonia colombiana. En ambos casos había reptiles en el cerebro y barcos de origen cósmico en forma de serpiente que eran buques de vida en el inicio del tiempo. ¿Pura coincidencia?.

Para averiguarlo, consulté un libro sobre un tercer grupo de gente que usa la ayahuasca, titulado: “Visión, Conocimiento, Poder: Chamanismo en los Yagua del Noreste del Perú”. En este estudio de Jean-Pierre Chaumeil (en mi opinión, uno de los más rigurosos en la materia), encontré una “serpiente celestial” en un dibujo sobre el universo de un chamán Yagua. Entonces, algunas páginas más adelante, la declaración de otro chamán se citaba: “Al principio de todo, antes del nacimiento de la tierra, la tierra de aquí, nuestros ancestros más distantes vivían en otra tierra…” Chaumeil añade que los Yagua consideran que todos los seres vivientes fueron creados por gemelos, quienes son “los dos caracteres centrales del pensamiento cosmogónico Yagua”.

Estas correspondencias parecían muy extrañas, y no sabía que hacer con ellas. Mejor dicho, podía ver un modo fácil de interpretarlos, pero eso contradecía mi comprensión de la realidad: Un antropólogo occidental como Harner bebe una dosis fuerte de ayahuasca con una gente y consigue acceso, en medio del siglo veinte, a un mundo que informa de los conceptos “mitológicos” de otra gente y que les permite comunicarse con espíritus creadores de vida de origen cósmico, posiblemente relacionados con el ADN. Esto me parecía sumamente improbable, si no imposible. Aún, había decidido seguir mi planteamiento a través de su conclusión lógica. Entonces, sin darle mucha importancia con un lápiz escribí en el margen del texto de Chaumeil: “¿gemelos = ADN?”

Estas conexiones indirectas y analógicas entre el ADN y las esferas alucinógenas y mitológicas me parecían divertidas, o intrigantes como mucho. No obstante, empecé a pensar que quizás con el ADN había encontrado el concepto científico sobre el cual poner un ojo, mientras enfocar el otro en el chamanismo de los ayahuasqueros amazónicos.
 
Por ese entonces, mientras continuaba buscando nuevas conexiones entre chamanismo y ADN, recibí una carta de un amigo quien sugería que quizás, el chamanismo era “intraducible a nuestra lógica por la falta de conceptos correspondientes”. Entendí que quería decir, y yo estaba intentando ver precisamente si el ADN, sin ser exactamente equivalente, podía ser el concepto que mejor traduciría lo que decían los ayahuasqueros.

Hojeando escritos de autoridades en mitología, descubrí con sorpresa que el tema del creador gemelo de origen celestial era extremamente común en Sudamérica, y efectivamente en todo el mundo. La historia que los Ashaninca cuentan sobre Avíreri y su hermana, quienes crearon la vida por transformación, solo era una de entre cientos de variantes sobre el tema de los “gemelos divinos”.

Otro ejemplo es la serpiente plumada de los Aztecas, Quetzalcoatl, quien simboliza la “energía sagrada de la vida”, y su hermano gemelo Tezcatlipoca. Ambos son hijos de la serpiente cósmica Coatlicue.
Cuando leí el siguiente fragmento del último libro de Claude Lévi-Strauss, pegué un salto: “En azteca, la palabra coatl significa tanto “serpiente” como “gemelo”. Así, el nombre Quetzalcoatl puede ser interpretado como “serpiente plumada” o “gemelo magnífico”.

¿Una serpiente gemela, de origen cósmico, simbolizando la energía sagrada de la vida? ¿Entre los Aztecas? Me preguntaba que podrían significar todos estos seres gemelos de los mitos creacionistas de los indígenas. Intentaba mantener un ojo sobre el ADN y el otro sobre el chamanismo para encontrar puntos en común entre los dos. Revisé las correspondencias que había sentido tan lejos. Rumiando sobre este bloqueo mental, recordé el desafío de Carlos Pérez Shuma : “Observa la FORMA”. 

Había consultado sobre el ADN en varias enciclopedias y de pasada me había dado cuenta de que la forma de la doble hélice era descrita de manera más frecuente como una escalera, o una escalera de cuerda girada en espiral, o una escalera en espiral. Fue inmediatamente después, mientras me preguntaba si había escaleras en chamanismo, que la revelación ocurrió: “¡LAS ESCALERAS! Las escaleras de los chamanes, símbolos de la profesión según Métraux, presentes en temas chamánicos en todo el mundo según Eliade!”.

Corrí rápidamente a mi despacho y cogí el libro de Mircea Eliade “Chamanismo: las Técnicas Arcaicas del Éxtasis” y descubrí que había “incontables ejemplos” de escaleras chamánicas en los cinco continentes, aquí una “escalera espiral”, allí una “escala” o “cuerdas trenzadas”. En Australia, Tíbet, Nepal, Egipto antiguo, África, Norte y Sudamérica, “el simbolismo de la cuerda, como él de la escalera, implica necesariamente la comunicación entre el cielo y la tierra. Es mediante una cuerda o una escalera (como también por una liana, un puente, o una cadena de no importa que, etc.) que los dioses descienden a la Tierra y los hombres suben al cielo”.

Eliade hasta cita un ejemplo del Viejo Testamento, donde Jacobo sueña con una escalera que alcanza el cielo, “a través de la cual los ángeles de Dios ascienden y descienden”. Según Eliade, la escalera chamánica es la versión más temprana de la idea de un axis (eje) del mundo, el cual conecta los diferentes niveles del cosmos, y se encuentra en numerosos mitos creacionistas en la forma de un árbol.

Hasta entonces había sospechado del trabajo de Eliade, pero de repente lo veía desde otro punto de vista. Empecé a hojear sus otros escritos que yo poseía y descubrí: serpientes cósmicas. Esta vez eran aborígenes australianos que consideraban que la creación de la vida fue a cargo de un “personaje cósmico relacionado con la fecundidad universal, la Serpiente Arco Iris”, los poderes de la cual eran simbolizados por cristales de cuarzo.
  
¿Cómo podía ser que aborígenes australianos, separados del resto de la humanidad por 40,000 años, explican la misma historia sobre la creación de la vida por una serpiente cósmica asociada a cristales de cuarzo tal y como es contada por pobladores amazónicos consumidores de ayahuasca? Las conexiones que empezaba a percibir superaban el campo de mi investigación. ¿Cómo podían serpientes cósmicas de Australia ayudar a mi análisis sobre el uso de alucinógenos en la amazonía occidental?

Intenté contestar a mi pregunta: Uno, la cultura occidental se ha desconectado del principio serpiente/vida, del ADN en otras palabras, ya que adoptó un punto de vista exclusivamente racional. Dos, la gente que practica lo que nosotros llamamos “chamanismo” comunica con el ADN. Tres, paradójicamente, la parte de la humanidad que se desconectó de la serpiente consiguió descubrir su existencia material en un laboratorio unos tres mil años después.

La gente usa diferentes técnicas en diferentes lugares para conseguir acceso al conocimiento del principio vital. En sus visiones los chamanes logran llevar su conciencia a un nivel molecular.

Así es como aprenden a combinar hormonas cerebrales con inhibidores de la monoamino oxidasa, o como descubren 40 fuentes diferentes de paralizadores musculares, mientras la ciencia solo ha sido capaz de imitar a sus moléculas. Cuando dicen que su conocimiento proviene de seres que ven en sus alucinaciones, sus palabras significan exactamente lo que dicen.

Según los chamanes del mundo entero, uno establece comunicación con espíritus por vía de música. Para los ayahuasqueros, es casi inconcebible entrar en el mundo de los espíritus y permanecer en silencio. Angelika Gebhart-Sayer habla de la “música visual” proyectada por los espíritus delante de los ojos del chaman: está echa de imágenes tridimensionales que se funden en sonido y que el chamán imita emitiendo melodías correspondientes. Yo debía examinar si el ADN emite sonido.

Parecía que nadie había advertido los posibles vínculos entre los “mitos” de la “gente primitiva” y la biología molecular. Nadie había visto que la doble hélice había simbolizado el principio de la vida durante miles de años en todo el mundo. Contrariamente; todo estaba al revés. Se consideraba que las alucinaciones no podían de ninguna manera constituir una fuente de conocimiento, que los indios habían encontrado sus moléculas útiles por experimentación imprevista, y que sus “mitos” eran precisamente mitos, sin relación alguna con el conocimiento real descubierto en los laboratorios.

En este punto, recordé que Michael Harner había dicho que esta información estaba reservada a los muertos y a los moribundos. Repentinamente, me sobrevino el miedo y sentí la urgencia de compartir estas ideas con alguien más. Cogí el teléfono y llamé a un viejo amigo que también es escritor. 

Rápidamente le informé de las correspondencias que había encontrado durante el día: los gemelos, las serpientes cósmicas, las escaleras de Eliade. Entonces añadí: “Hay una última correlación que es ligeramente menos clara que las otras. Los espíritus que uno ve en las alucinaciones son imágenes tridimensionales que emiten sonido, y hablan un lenguaje echo de imágenes tridimensionales que emiten sonido. En otras palabras, están echas de su propio lenguaje, como el ADN”.

Hubo un largo silencio al otro lado del teléfono.

Entonces mi amigo dijo, “Sí, y como el ADN, se replican a si mismos para transmitir su información”. Apunté eso, y fue después al revisar mis notas sobre la relación entre los espíritus alucinógenos hechos de lenguaje y el ADN que recordé el primer verso del primer capítulo del Evangelio según Juan: “Al principio era el logos” – la palabra, el verbo, el lenguaje.
Aquella noche me costó mucho dormir.

Mi investigación me había llevado a formular la siguiente hipótesis de trabajo: En sus visiones, los chamanes llevan su conciencia al nivel molecular y consiguen acceso a información relacionada con el ADN, al cual ellos llaman “esencias animadas” o “espíritus”. Así es como ven dobles hélices, escaleras en espiral y formas de cromosoma. Así es como culturas chamánicas han conocido durante milenios que el principio vital es el mismo para todos los seres vivientes y que este tiene forma parecida a dos serpientes entrelazadas (o de una liana, una cuerda, una escalera …). El ADN es la fuente de su asombroso conocimiento botánico y medicinal, el cual solo puede ser logrado en estados de conciencia desenfocados y “no-racionales”, aunque sus resultados son empíricamente verificables. Los mitos de estas culturas están llenas de imaginería biológica. Y las explicaciones metafóricas de los chamanes corresponden de manera bastante precisa a las descripciones que los biólogos están empezando a proporcionar.

Como el axis mundi de las tradiciones chamánicas, el ADN tiene la forma de una escalera en espiral (o una liana…); según mi hipótesis, el ADN era, como el axis mundi, la fuente de conocimiento y visiones chamánicas. Para estar seguro de esto necesitaba entender como el ADN podía transmitir información visual. Sabía que emitía fotones, los cuales son ondas electromagnéticas, y recordaba lo que Carlos Pérez Shuma me había dicho cuando comparó los espíritus con ondas de radio: “Una vez enciendes la radio, las puedes coger. Así es con las almas; con ayahuasca … las puedes ver y oír”. De esta manera busqué literatura sobre fotones de origen biológico, o “biofotones”.
 
A principios de los ochenta, gracias al desarrollo de un aparato de medida sofisticado, un grupo de científicos demostró que las células de todos los seres vivientes emiten fotones a una proporción de aproximadamente hasta 100 unidades por segundo y por centímetro cuadrado. También demostraron que el ADN era la fuente de esta emisión de fotones.

De esas lecturas, aprendí con asombro que la longitud de onda en la cual el ADN emite estos fotones corresponde exactamente a la banda estrecha de luz visible. A pesar de todo, esto no probaba que la luz emitida por el ADN era lo que los chamanes veían en sus visiones. Además, había un aspecto fundamental de esta emisión de fotones que yo no podía comprender. Según los investigadores que lo mesuraron, su debilidad es tal que corresponde “a la intensidad de una vela a una distancia de unos 10 kilómetros”, pero tiene “un sorprendentemente alto grado de coherencia, comparado con el de los campos técnicos (láser).”

¿Cómo podía una señal ultra débil ser altamente coherente? ¿Cómo podía una vela distante ser comparada con un “láser”?.
 
Llegué a entender que en una fuente coherente de luz, la cantidad de fotones emitidos puede variar, pero los intervalos de emisión permanecen constantes. El ADN emite fotones con tal regularidad que los investigadores comparan el fenómeno con un “láser ultra débil”. Hasta ahí yo podía entender, pero aún no podía ver que es lo que esto implicaba para mi investigación.
Consulté a mi amigo, un periodista científico, quien lo explico inmediatamente: “Una fuente coherente de luz, como un láser, da la sensación de colores brillantes, una luminiscencia, y una impresión de profundidad holográfica”.

La explicación de mi amigo me proporcionó un elemento esencial. Las descripciones detalladas de las experiencias alucinógenas de ayahuasca mencionan invariablemente colores brillantes, y, según los autores del estudio de la dimetiltriptamina: “Los sujetos describieron los colores como más brillantes, más intensos, y profundamente saturados, que aquellos vistos en estado de conciencia ordinaria o en sueños: Era el azul de un cielo del desierto, pero de otro planeta. Los colores eran de 10 a 100 veces más saturados.” 

Era casi demasiado bueno para ser verdad. La emisión de fotones altamente coherente del ADN explicaba la luminiscencia de las imágenes alucinógenas, como también su aspecto tridimensional o holográfico. 
 
En base a esta conexión, ahora podía concebir un mecanismo neurológico para mi hipótesis. Las moléculas de nicotina o dimetiltriptamina, contenidas en la ayahuasca, activan sus respectivos receptores, los cuales hacen estallar una cascada de reacciones electroquímicas dentro de las neuronas, que conduce a la estimulación del ADN, y más particularmente, a la emisión de ondas visibles (por el ADN), que los chamanes perciben como “alucinaciones”.
Allí, pensé, está la fuente del conocimiento: ADN, viviendo en el agua y emitiendo fotones, como un dragón acuático escupiendo fuego.

¿Me equivoco al vincular el ADN con estas serpientes cósmicas de todo el mundo, con estas cuerdas celestes y axis mundi?. Algunos de mis colegas lo afirmarían indudablemente. Ellos me recordarían que antropólogos del siglo diecinueve habían comparado culturas y elaborado teorías en base a las similitudes que encontraron. Cuando descubrieron, por ejemplo, que las gaitas no solo eran utilizadas en Escocia, sino también en Arabia y Ucrania, establecieron falsas conexiones entre estas culturas. Entonces se dieron cuenta que la gente podía realizar cosas similares por razones diferentes.

Desde entonces, la antropología se ha apartado de generalizaciones grandiosas, ha denunciado “abusos del método comparativo”, y se ha encerrado en si misma en la especifidad al filo de la miopía. Aún evitando comparaciones entre culturas, uno termina por enmascarar conexiones verdaderas y fragmentando la realidad un poco más, sin ni siquiera saberlo.

¿Es la serpiente cósmica de los Shipibo-Conibo, los Aztecas, los aborígenes australianos, y los egipcios antiguos la misma? No, respondería el antropólogo que insiste en la especifidad cultural; pero es hora de devolverles su crítica. ¿Por qué se insiste en separar la realidad, pero nunca se intenta juntarla de nuevo otra vez? 
  
Según mi hipótesis, los chamanes llevan su conciencia al nivel molecular y logran acceso a información biomolecular. ¿Pero qué ocurre, de hecho, en el cerebro/mente de una ayahuasquero cuando esto pasa? ¿Cuál es la naturaleza de la comunicación de un chaman con las esencias animadas de la naturaleza? La respuesta clara es que se necesita más investigación sobre la conciencia, el chamanismo, la biología molecular, y sus interrelaciones.
  
Extraído de Noetic Sciences Review, Vol. 48, Summer 1999 pages 16-21

Fuente: PlanetaConciencia 

jueves, 20 de junio de 2013

La comida que pisamos (con Josep Pàmies)

En los bosques, jardines y al borde de los caminos, crecen plantas totalmente comestibles que nada tienen que envidiar a las lechúgas, los tomátes o cualquier otra verdura de las que acostumbramos a llevar a nuestro plato. Hay quién les llama malas hierbas, pero esto depende del punto de vista con el que se mire.

En este reportaje de Miquel Figueroa, el agricultor Josep Pàmies nos mostrará una serie de plantas comestibles que crecen alrededor de las tierras que él trabaja. Estas variedades son típicas de un lugar y un tiempo concretos, por lo que, si lo deseamos, cada cual deberá salir en busca de las especies que crecen donde vivimos.
Como dice Josep, este conocimiento puede servirnos en tiempos de crisis, ya que se trata de un regalo de la naturaleza que no nos cuesta ni un céntimo.
Youtube  :  Miquel Figueroa

lunes, 18 de marzo de 2013

LA ACEPTACIÓN DE CÓMO SOMOS Y LO QUE VIVIMOS.

CUÁNTAS VECES HEMOS DESEADO SER MÁS AMABLES, NO TENER AGRESIVIDAD O NECESIDAD DE JUZGAR.

CUÁNTAS VECES HEMOS QUERIDO PODER ENTREGARNOS MÁS A LA VIDA SIN TEMORES. CUÁNTAS VECES HEMOS CAÍDO UNA Y OTRA VEZ EN ESOS PATRONES VIEJOS QUE CREÍAMOS YA HACE TIEMPO HABER SUPERADO.
CUÁNTAS VECES HEMOS LUCHADO ANTE LO QUE LA VIDA NOS PRESENTABA. CUÁNTA RESISTENCIA HEMOS PUESTO ANTE LO INESPERADO Y SORPRESIVO.

CUÁNTAS VECES NOS EXIGIMOS, NOS CASTIGAMOS, NO NOS ACEPTAMOS.


Hoy luego de transitar la lucha ante aquello que no quieres ser, tener, ver, en definitiva que no quieres vivir, es tiempo de bajar la defensa, de detener la guerra y pedir la Paz interior. Hoy es tiempo de vivir en ACEPTACIÓN.

Si niegas la oscuridad en ti, tu cuerpo se encargará de hablar de lo que le sucede a tu interior. Si niegas o reprimes cada emoción baja que aparezca, y te esfuerzas por no ver lo que está adentro sin resolver, tu alma se sentirá presa de tus conflictos, tus emociones serán desproporcionadas y poco sinceras contigo y con los demás.

Si niegas o luchas ante lo que el camino te presenta, sólo será más difícil que antes. Eres humano, y estas aprendiendo a Amar, y entre un aprendizaje y otro, habrá caídas, vueltas e idas, pero no te enojes contigo o con lo que te toca vivir, estas aprendiendo como un niño a caminar. No califiques tus vivencias o tus estados emocionales como buenos o malos. Sólo son.

ERES TODO LO QUE VIVES, ENTONCES VIVE TODO LO QUE ERES.

Hay un justo equilibrio, un punto entre las polaridades de lo que quieres ser y lo que eres realmente, o lo que quisieras vivir y lo que vives realmente, y en ese punto está la Paz.

Si encuentras ese punto en tu vida, ese lugar de ti donde puedes descansar y aceptar todo sin juzgar, podrás trasformar cada momento, cada segundo de tu existencia en una bendición. Podrás vivir en verdadera e imperturbable Paz.

En este punto central de ti, serás lo que eres, ni más ni menos. Ni blanco ni negro, ni bueno ni malo. Eso eres tú, una chispa de Dios jugando a recordar su origen Divino.

NO NIEGUES NADA. TODO LO QUE ATRAVIESAS, EN ALGÚN LUGAR MÁS PROFUNDO HAS DECIDIDO VIVIRLO PARA EXPERIMENTAR Y CRECER.

Equilibrio. El camino del medio es al que debes llegar, y cómo se llega: Con Aceptación.


Aceptando lo que eres ahora, tus limitaciones, tus temores, bloqueos; aceptando tus “problemas” actuales, tus conflictos cotidianos.
CUANDO TRANSITES ALGO QUE NO PUEDAS TRANSFORMARLO CON LO QUE ERES O TIENES, ACÉPTALO. ABRÁZALO. ESO ERES TÚ.

¿Cuánto esfuerzo gastas en querer negar lo que eres, en querer negar lo que debes ver y transitar? ¿Y si simplemente lo aceptas? ¿Si simplemente te aceptas y te abrazas, y abrazas todo lo que hay dentro y fuera de ti? ¿Si te amas y dices: “Acepto lo que Soy”, “Acepto lo que en mi vida se presente”? Tal vez eres consciente de que puedes dar mucho más de ti si estarías en otra situación de vida, pero para llegar a más debes aceptar lo que hay Aquí y Ahora.

Escúchate un momento. Tomate un tiempo para apreciar tu camino. Mira todo lo que eres. Sólo debes amarte, sólo debes amar tu vida. “Esto es lo que soy. Esto es lo que vivo hoy. Sé que puedo más, siento mis potenciales y capacidades ilimitadas, pero hoy me toca transitar esto. Quisiera una vida más armoniosa, pero hoy, en este segundo de mi eternidad, acepto lo que vivo. Hoy me acepto como soy”

LA ACEPTACIÓN TRAE PAZ. EL ESFUERZO Y NEGACIÓN, CANSANCIO E INFELICIDAD.
Pero es importante no confundir “Aceptación” con “resignación”. La resignación te hará estancarte en la situación de vida, sin necesidad ni motivación de cambio alguno. Y principalmente, la resignación difícilmente te traerá paz porque estarás siendo sólo una parte de todo lo que eres verdaderamente.

La resignación es la no esperanza de cambio. La aceptación es cambio, porque cuando se acepta lo que hay, lo que hay ya no es lo mismo.
La aceptación es la esperanza de que todo es transitorio y momentáneo, pero aun así me enseña a que debe ser respetado y vivido.
La aceptación verdadera trae indudablemente Paz, y esta paz será la llave de la transformación.

La mayoría de las veces cuando algo difícil se presenta en nuestras vidas, tomamos dos posturas, o luchamos contra ello o lo negamos consciente o inconscientemente. Toda la vida hemos crecido así. Se nos cae algo al piso y decimos “No!”. Se nos rompe algo y lo primero que decimos sin pensar es “No!” Nos echan del trabajo, perdemos algo importante, nos separamos de alguien querido, y ante todo el primer impulso que tenemos es decir “No, no puede ser”.

Puede haber cosas más difíciles que aceptar que otras, pero debemos saber que cuanto mayor es el caos, mayor es la paz que se siente cuando se lo acepta sin resistencia. Empieza probándolo en pequeñas cosas, verás que liviano comienza a ser todo. Di “Si!”. Sólo date la oportunidad de soltar la resistencia de los hechos de tu vida.

POR SUPUESTO QUE ES MÁS FÁCIL ACEPTAR AQUELLO QUE COMPRENDES, QUE SABES LOS PORQUÉS, LA RAZÓN POR LA CUAL VIVES O SIENTES ALGO, QUE AQUELLO QUE NO COMPRENDES POR QUÉ DEBES TRANSITARLO Y POR LO TANTO LO SIENTES INJUSTO PARA TI. PERO AUN ASÍ, ANTE EL MAYOR DESCONCIERTO, CONFÍA, SIENTE EL ORDEN DETRÁS DEL CAOS.

Suelta la mochila. No es pesada si la entregas al poder superior. Descansa la mente, no debes entenderlo todo. No debes solucionar el mundo. No debes ser de una determinada forma ante los demás. No te esfuerces por mantener una imagen de ti ante ti mismo y el mundo. No hace falta que lo hagas, primero porque en ningún lugar está escrito cómo debes ser, y segundo porque estarás limitando la verdadera belleza de tu alma.
Acepta tus limitaciones, los problemas de tu vida, los conflictos interiores. Acepta la luz y la sombra de la vida.

Acéptalo con humildad y sinceridad. No debemos ser perfectos, sólo sinceros y humildes. Sólo flexibles y livianos.
Entrega todo eso que guardas adentro de ti, deja que salga. Es una mochila muy pesada para ti, pero rápidamente se vacía si la miras con aceptación. Si la miras con amor. Si la abrazas y la sueltas.

DEJA QUE TU ALMA AFLORE, DEJA QUE GUÍE TUS ACCIONES, PENSAMIENTOS Y SENTIMIENTOS. SI QUIERES CONTROLAR Y MEDIR CADA COSA QUE OCURRE, TU ALMA NO TENDRÁ LUGAR PARA EXPRESARSE.

SIN EMBARGO, SI ACEPTAS TODO EN PAZ, TU ALMA TOMARÁ EL MANDO DE TU VIDA, Y TODO SE TRANSFORMARÁ.