Mostrando entradas con la etiqueta manipulacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta manipulacion. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de septiembre de 2014

Luces y Sombras: Virus del Ebola – Manipulacion Medios de Comunicacion

Luces y Sombras: Comenzamos nueva temporada con ganas, ilusión y fuerza y, hemos pensado que, la mejor forma, era haciendo un repaso a las noticias que han copado los titulares en estas últimas semanas además de analizar la epidemia del Ébola que asola África, para finalizar haciendo un repaso de cómo la élite controla los medios de comunicación para el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial.

domingo, 10 de agosto de 2014

Monsanto

Al tener el control de las compañías, la élite es capaz de controlar nuestra alimentación por medio de empresas internacionales como MONSANTO con sus “OMG” (organismos modificados genéticamente).

Esta comprobado que los transgénicos causan cancer y esterilidad en los humanos, y Monsanto se ha encargado de contaminar los cultivos de semillas “naturales” en todo el mundo para que estas se combinen y las semillas normales terminen desapareciendo (lo cual les permitirá tener un control absoluto sobre la semilla y cobrar los “derechos de autor”).
Todo esto es parte de la AGENDA 21, ya que su objetivo es adueñarse de las tierras y reducir dramáticamente la población mundial para tener un control absoluto.

jueves, 7 de agosto de 2014

La hipocresia que nos invade

ScreenShot002
Si reflexionamos un poco nos daremos cuenta de como usan las debilidades que nos crearon para manipularnos.


Joan Tudela

martes, 15 de julio de 2014

Alan Watt: La manipulación de la mente humana

El autor y animador radial Alan Watt, profundo investigador de las tácticas psicológicas utilizadas por el Nuevo Orden Mundial, explica en detalle cómo la población mundial es controlada por la élite intelectual mediante una serie de crisis fabricadas y el uso abrupto de revoluciones culturales, políticas, sexuales o musicales, para poder manipular el comportamiento humano y obtener un resultado deseado.


ricotero69x

jueves, 19 de junio de 2014

“La comida ha sido manipulada para que sea adictiva y resulte difícil dejar de comer”

“Es posible que creamos que no tenemos tiempo ni energías (ni conocimientos) para cocinar a diario, pero aún no estamos preparados para que esa actividad desaparezca de nuestras vidas por completo”.
Bajo esta premisa, Michael Pollan (Nueva York, 1955). uno de los periodistas especializados en alimentación más relevantes del momento  –autor de los superventas El detective en el supermercado y El dilema del omnívoro–, se propuso elaborar una breve, pero intensa, historia de la cocina. Una reivindicación de las bondades de esta actividad milenaria, que ahora ve la luz en España.
Cocinar: una historia natural de la transformación (Debate) es uno de los ensayos más interesantes en lo que respecta a la alimentación de los últimos años. Y el entusiasmo que recorre sus páginas, llenas de vivencias narradas en primera persona, se multiplica cuando es el propio Pollan el que cuenta sus descubrimientos al otro lado del teléfono, desde su casa en la bahía de San Francisco.
Después de 1880 no ha habido ningún desarrollo que haya hecho que la comida sea más saludablePara Pollan la cocina no es sólo una herramienta, ni un entretenimiento, es una actividad que define nuestra especie. “Cocinar nos hizo humanos”, asegura el escritor con rotundidad. “Si no hubiéramos descubierto nunca cómo cocinar, no nos reconoceríamos a nosotros mismos. Es cocinar lo que nos dio más energía que la que tenían otros animales, porque ellos gastan mucha energía para digerir los alimentos y nosotros no. Así que pudimos gastar esa energía en tener un cerebro más grande, que nos permitió desarrollar habilidades cognitivas que el resto de animales no tienen”.
La historia de la cocina camina paralela a la historia de la humanidad. Fue la cocina con fuego la que permitió que el Homo Sapiens se distinguiera del resto de primates, y la revolución neolítica no puede entenderse sin la invención de la cerámica y, con ella, la capacidad para cocer los alimentos que fue, según Pollan, condición indispensable para el desarrollo de la agricultura y el sedentarismo. La civilización, en definitiva, nació en torno a una olla.
Con el tiempo se fueron sucediendo todo tipo de innovaciones, fruto del ingenio humano: aprendimos a moler los cereales y hornear el pan, logramos controlar la fermentación para fabricar alcohol, queso y todo tipo de encurtidos, descubrimos que la salazón podía hacer que aguantaran más los alimentos…
Todos estos inventos tenían, según Pollan, algo en común: “Las formas de cocinar, las nuevas formas de procesar los alimentos que la humanidad fue descubriendo, hacían que la comida fuera más saludable”. Pero todo cambió con la llegada de la industrialización. “Entonces”, asegura Pollan, “empezamos a procesar la comida de forma que la hacía menos saludable. El punto de inflexión fue el refinado de la harina y nuestra habilidad para separar el almidón del germen y el salvado, las partes más nutritivas del grano, que se eliminan cuando se muele. Esto ocurrió en 1880. No veo que después haya habido ningún desarrollo que haya hecho que la comida sea más saludable. Ha habido desarrollos que la han hecho, quizás, más interesante. Si vas a un restaurante de cocina molecular verás nuevas técnicas, pero no es algo que haya contribuido a la salud y la felicidad de la humanidad”.
De cómo hemos abandonado los fogones
Pollan es muy crítico con el papel de la industria alimentaria que, asegura, es la principal responsable de que hayamos abandonado la cocina. Las grandes cadenas alimentarias, explica, nos han empujado a aceptar sin rechistar los productos procesados, bajo la promesa de que ahorraríamos tiempo y nos libraríamos de una actividad engorrosa que, gracias a ellos, nunca más tendríamos que realizar. Y es cierto, cada vez cocinamos menos, pero a cambio nuestra salud se resiente.
Para Pollan, no hay nada de altruista en los procederes de las grandes corporaciones: “La industria alimentaria nos ha animado a abandonar la cocina porque gana más dinero cuanto más procesada esté la comida. Es muy difícil ganar dinero vendiendo comida sin procesar; basta hablar con cualquier agricultor, es una manera muy difícil de ganarse la vida. Cuanto más proceses la comida, cuanto más baratos sean los ingredientes que utilices y más complejo sea el resultado, y más grasa, azúcar y sal añadas, más dinero ganas”.
Todo forma parte de una estrategia diseñada de forma explícita para que comamos más. “Puedes hablar de la libertad de elección y la responsabilidad individual”, admite Pollan, “pero no sabemos qué hay en esa comida. Hemos sido manipulados. Es muy difícil tener la libertad de elegir cuando no tenemos la información. La comida ha sido manipulada de formas muy inteligentes para que sea adictiva y sea muy difícil dejar de comer. La industria usa internamente términos como “adictividad” o blitz point [algo así como una “explosión de sabor”], snackability [cuán apetecible es algo para picotear]… Están trabajando de forma deliberada para crear comida que no podamos parar de comer. Y saben cómo hacerlo, básicamente mezclando sal, azúcar y grasa”.
Anuncio de Taco Bell promocionando la 'cuarta comida', entre la cena y el desayuno. Anuncio de Taco Bell promocionando la ‘cuarta comida’, entre la cena y el desayuno.
El arma secreta de la industria alimentaria
La industria cuenta, además, con un reclamo que muchos desconocemos: el umami (“sabroso” en japonés), uno de los cinco sabores básicos, junto el dulce, el ácido, el amargo y el salado. El sabor fue identificado por primera vez en 1908, gracias a los trabajos del profesor de la Universidad Imperial de Tokio Kikunae Ikeda, pero no ha sido hasta hace poco cuando ha sido reconocido por toda la comunidad científica.
A la gente le gusta la idea del pan integral, pero no quiere la realidad. La realidad es que es difícil de hornear, no se puede hacer a escala industrial, con máquinas y, además, es más amargo y menos dulce“Aunque hace unos años la gente no sabía que era el umami, y hasta hace unas décadas si siquiera sabíamos qué era exactamente ni teníamos un nombre para definirlo, muchas de las comidas procesadas están pensadas para resaltarlo”, asegura Pollan. “Cuando ves ingredientes como la proteína vegetal texturizada o el glutamato monosódico, son todo químicos que saben a umami. Los humanos estamos programados por la evolución para que nos guste, probablemente porque es el sabor de la carne. El bacón es el mejor ejemplo, tiene todos los compuestos químicos que configuran el umami”.
Pero el umami no es el único secreto de la industria alimentaria. El colmo de los colmos es que las empresas han logrado tal sofisticación que pueden vendernos alimentos tremendamente complejos, con una apariencia saludable que no es tal. Algo que les sirve para aprovecharse de nuestra cada vez mayor preocupación por la alimentación.
“Estamos muy concienciados de lo que comemos, pero comemos imágenes e ideas”, asegura Pollan, que pone como ejemplo las tretas de las panificadoras. “La idea de que el pan de grano entero, integral, es bueno está muy establecida”, explica. “A la gente le gusta la idea del pan integral, pero no quiere la realidad. La realidad es que es difícil de hornear, no se puede hacer a escala industrial, con máquinas y, además, es más amargo y menos dulce que el pan blanco. Así que hemos tratado de crear una versión del pan integral que es exactamente igual que el pan blanco: usamos la misma harina, le añadimos el grano entero por separado y utilizamos azúcar para ocultar el sabor de éste. El resultado es un producto procesado que no es para nada más saludable que el pan blanco. No tiene ningún sentido”.
Michael Pollan cocinando junto a su hijo Isaac. (Liz Hafalia/San Francisco Chronicle/Corbis)Michael Pollan cocinando junto a su hijo Isaac. (Liz Hafalia/San Francisco Chronicle/Corbis)
El abandono de los fogones nos empuja a la soledad
Al margen de los evidentes efectos que la comida procesada tiene sobre nuestra salud, una de las consecuencias más preocupantes del abandono de la cocina reside en que hemos dejado de lado la capacidad que tenía ésta para unir a la familia y los amigos. Cada vez hacemos más comidas solos. Y es algo de lo que deberíamos preocuparnos.
“Cuando dejas que la industria cocine por ti, no va a cocinar para toda la familia, va a cocinar para cada miembro de la familia”, asegura Pollan. “Y cuando la comida se dirige a ti, como individuo, comes más que si la compartes. Quieren que seamos comensales individualistas, y que comamos en solitario. En realidad ni siquiera quieren que comamos, quieren que estemos picando todo el rato”.
El abandono de la cocina no sólo nos separa de nuestros allegados, además, asegura Pollan, nos aleja de la naturaleza, pues se pierde el vínculo que une irremediablemente a ésta con lo que nos llevamos a la boca.
Cuando cocinas pones tus manos sobre cosas reales, sobre plantas y animales, y recuerdas que el pollo era un pájaro“Un día le pregunté a mi hijo si pensaba que los nuggets de pollo sabían realmente a pollo”, explica Pollan. “Me dijo: ‘¿A qué te refieres? Saben a nuggets’. Le pregunté de dónde demonios creía que venían los nuggets y no lo sabía. La mayoría de los niños no tienen ni idea de la conexión existente entre lo que comen y el mundo natural, no saben que comemos plantas y animales y algunos hongos. Es muy fácil olvidar esto”.
“Una de las cosas bonitas de cocinar, responsable de la satisfacción que provoca, es que te conecta con el origen de la comida y con la naturaleza”, afirma el escritor. “Cuando cocinas pones tus manos sobre cosas reales, sobre plantas y animales, y recuerdas que el pollo era un pájaro. Y creo que es algo muy importante. Si nos olvidamos de esto, no cuidaremos como debemos de nuestros pollos, no cuidaremos el suelo, no cuidaremos nuestra tierra… Y no podemos sobrevivir si la tierra no está sana. Al dejar que las corporaciones cocinen por nosotros, ya sea comida rápida, procesada o paella congelada, lo que hacemos es abandonar una importantísima conexión con el mundo. La cocina es la mejor forma que conozco de restablecer esa conexión”.
Pese al discurso aparentemente catastrofista de Pollan, sus conclusiones finales son optimistas: “En los últimos 30 años hemos dejado que la industria cocine por nosotros y creo que ha llegado el momento de darse cuenta de que ha sido un experimento fallido. Hay muchas razones para rechazar la comida procesada, industrial. El problema es que muchos de nosotros dependemos de ella. Algunos porque no sabemos cómo cocinar, otros porque no tenemos tiempo. Pero siempre encontramos tiempo para las cosas que consideramos importantes. Lo que quiero explicar en este libro es que merece la pena emplear algo de tiempo todos los días en hacer la comida. Es satisfactorio, y tiene un enorme valor para ti y para tu familia en términos de placer y salud. Debería ser una prioridad”.

sábado, 24 de mayo de 2014

El Show de Truman: el individuo como espectador

blablabla
Sin duda El Show de Truman (Peter Weir, 1998) es una de las mejores películas que se han hecho para motivar la reflexión y el análisis sociológico. Es una perfecta metáfora del mundo en el que vivimos, y retrata a la sociedad moderna de una forma magistral.
Aunque también es magnífica en los aspectos puramente cinematográficos y técnicos, en esta serie de artículos vamos a centrarnos únicamente en reflexionar y profundizar sobre la carga filosófica y antropológica que esconde el guión de la película.
Debido a que El Show de Truman se puede analizar desde distintas posturas críticas, vamos a considerar dos grandes temas sobre los cuales se reflexiona en la película:
    • por un lado la existencia de un mundo ficticio, artificial, que no nos permite conocer el verdadero mundo real; (en ESTE ARTÍCULO)
    • y por otro lado el papel que adoptan las personas en la sociedad actual, en la que muchas veces tienen un papel de observadores, de simples espectadores desde el sofá. (en ESTE ARTÍCULO)
En el artículo anterior hablamos sobre la naturaleza del mundo en el que vivimos. Nos cuestionamos si existe un mundo falso y un mundo verdadero, un tema sobre el que han reflexionado filósofos, escritores y guionistas. A continuación nos centraremos en la segunda reflexión que podemos extraer de la película El Show de Truman, y que hace referencia a la naturaleza del propio ser humano. ¿Somos personas o espectadores? ¿Vivimos la vida o la vemos pasar ante nuestros ojos? ¿Vivimos de forma activa o pasiva? ¿Qué le conviene al poder? De nuevo, estamos hablando de formas de controlsobre la población.

Una sociedad distraída 

En El Show de Truman observamos dos sociedades. La película se centra en el mundo en el que vive Truman, el “falso mundo”, a través del cual se pretende despertar la reflexión que realizamos en el anterior artículo. Pero además del falso mundo de Truman, la trama tiene lugar de alguna manera también fuera del programa de televisión, es decir, en el mundo real. Así, a parte de la sociedad que rodea a Truman en su vida diaria, podemos analizar a la sociedad que está viendo el show.
Es esta sociedad sobre la que vamos a reflexionar a continuación, y que es oportunamente caricaturizada y criticada en la película. Una sociedad enganchada al televisor, que sigue el show de Truman como si sus propias vidas estuvieran ligadas al destino del personaje Truman. Son personas que en la película aparecen siempre mirando la pantalla de la televisión, y que ríen, sufren y lloran siguiendo a Truman.
¿Hasta qué punto son personas estos espectadores? ¿Ejercen su papel de ciudadanos activos, o por el contrario son simples espectadores sentados en un sofá? En la película se muestran una serie de personas que viven para y por el show de Truman. Es lo más importante que hacen cada día: ver ese programa de televisión. Vemos dos guardias de seguridad que se olvidan de su trabajo, una madre que no presta atención a su bebé, una pareja de abuelas que no tienen nada más que hacer… todos elloshan dejado a un lado el mundo real y se centran en seguir la vida de un personaje ficticio.
espectadores
En la película El Show de Truman esta caricaturización de la sociedad enganchada al televisor se lleva al extremo, pero en ocasiones solo se puede llegar a comprender la realidad analizando los puntos más extremos. Esta representación de una sociedad embobada y totalmente dependiente de los programas de televisión nos puede ayudar a identificar varios síntomas de una patología que se está extendiendo en el S.XXI.
Para empezar, debemos preguntarnos: ¿por qué se engancha la gente a programas de televisión tan simples? Hay que recordar que el programa El Show de Truman no tiene mayor interés que ver cómo un hombre se despierta, desayuna, va al trabajo y se sienta por la tarde a ver la televisión. No hay nada más sencillo que eso: es un programa que sigue las 24 horas del día de una persona que, por otra parte, no es nada interesante (nunca le ocurre nada extraordinario, su vida es una aburrida rutina que hasta él mismo aborrece). Aun así, millones de personas conectan cada día con la televisión para ver el programa, ¿por qué?
Puede que la respuesta se esconda en las profundidades de la sociología. Quizás es un problema social, de cada persona. Quizás hay mucha gente que necesita vivir la vida de otras personas para encontrar satisfacción o distracción. Puede que el auge de programas de la conocida como “telebasura” esté directamente relacionado con la disminución de la personalidad de los ciudadanos. A más conciencia, menos consumo de telebasura.
Además de ser una medicina para escapar del aburrimiento diario, los programas de la telebasura cumplen una función sociopolítica, en el sentido de que ayudan a formar determinados perfiles sociales y políticos. En efecto, programas como Sálvame (Telecinco) consiguen “fabricar” una importante masa de población cuyo perfil sociológico es de sobras conocido. Son personas con un nulo sentido crítico y sin apenas conciencia política, de esta forma, ayudan a mantener el sistema establecido. Así, la existencia de estos programas beneficia a las clases dominantes. Por ello, además de señalar como culpables a los televidentes, hay que resaltar la responsabilidad de las empresas que ponen en antena este tipo de programas.
espectador
Los datos confirman esta realidad: varios millones de personas leen cada semana revistas de la denominada prensa rosa, que favorecen la difusión de anti-información, es decir, información banal, irrelevante, que no informa y no favorece ni motiva la reflexión ni el pensamiento crítico. Todo lo contrario: este tipo de “información” destruye la capacidad crítica de las personas, y llegan a reducir incluso la propia personalidad de los individuos, al ligar la vida de los espectadores o lectores con las vidas de los personajes artificiales expuestos en esos programas y revistas.
Es un complejo proceso sociológico el que deriva de estos medios de comunicación tan simples. Para conseguir el objetivo final se precisan de dos elementos: un producto que vender y un consumidor que lo compre. El producto que se vende es la vida de otras personas (personajes), el consumidor son los millones de individuos que, convencidos de que lo realmente interesante ocurre en la pantalla del televisor, invierten horas de sus vidas en atender los problemas de estos personajes artificiales. El objetivo que se consigue satisface al poder en varios aspectos.
Para empezar, un individuo sentado en el sofá leyendo una revista de cotilleos o viendo un programa de prensa rosa es un individuo que no está levantado, en la calle, pensando. En este sentido el papel de espectador que adquiere el individuo en la sociedad moderna permite al poder tener controlados y distraídos a varios millones de ciudadanos. Por otro lado, además de suministrarles entretenimiento a través de los medios de comunicación, se consigue hacer llegar a los ojos y a los oídos de los espectadores algo más importante que la distracción: publicidad.

Espectadores y consumidores

Estando sentado en el sofá, viendo la telenovela o escuchando a la ex-pareja de aquel torero gritarle a la amante de tal actor, el ciudadano no sólo está adoptando un papel de espectador. El individuo no sirve al sistema únicamente como observador pasivo, sino que también es convertido en un potencial consumidor. Las estrategias de publicidad encubierta son muy bien representadas en El Show de Truman, puesto que los televidentes, enganchados al show, están recibiendo continuamente mensajes que les incitan a comprar productos que, en realidad, no necesitan.
publicidad
En la película estas estrategias de marketing se llevan al extremo, pero en realidad las series de televisión que podemos ver en cualquier canal utilizan técnicas muy parecidas. La publicidad ha invadido la televisión y aparece a mitad del telediario, en el espacio de la predicción meteorológica, incrustada en programas, en series… y, además de todo eso, tenemos las largas pausas publicitarias.
¿Por qué hay tanta publicidad? Porque hay millones de potenciales consumidores. Son millones los espectadores que, cada día, se sientan frente al televisor y se dejan desinformar y distraer. Y entre tanta distracción, sin darnos cuenta, nuestro cerebro va recibiendo mensajes muy claros: “Necesito esas zapatillas”, “ese videojuego es el mejor”, “tengo que beber ese refresco”…
ARTÍCULO RELACIONADO: La sociedad de consumo: vivir es consumir (Juan Pérez Ventura, Noviembre 2013)

Una sociedad desinformada

Además de ser una sociedad distraída, la actual es una sociedad desinformada. Son los dos pilares sobre los que se asienta la estrategia del poder mediático: formar individuos ignorantes y distraídos. Ya hemos analizado la función de distracción que cumplen los medios, y que queda muy bien retratada enEl Show de Truman. Para completar el análisis, es necesario mencionar la función de desinformación.
Desinformar es la acción de dar información insuficiente o manipulada intencionadamente, al servicio de ciertos fines. Suelen ser las grandes esferas de poder quienes están interesadas en someter a la población al engaño. Estos mecanismos de control social ya los hemos analizado en otros artículos. En el caso de El Show de Truman, la desinformación es en realidad el pilar fundamental sobre el que se asienta la trama: Truman está completamente desinformado. No conoce el verdadero mundo real. Está engañado. No tiene información veraz para conocer la realidad que le rodea.
Una de las estrategias de la desinformación (y que hace más complicado detectarla) es conseguir que el consumidor de información crea estar bien informado. Aunque en la película Truman acaba sospechando, lo cierto es que pasa muchos años engañado, confiando en la información que recibe. En el caso de la desinformación aplicada a la “otra sociedad” de la película (el mundo real, donde viven los televidentes que ven el show), no podemos decir que los medios de comunicación estén desinformando directamente a la población, pero se puede inferir que los espectadores del programa de televisión están de alguna manera manipulados, ya que no atienden a los problemas reales de la vida, sino que se limitan a sentarse y a ver el Show de Truman. Un ejemplo extremo lo podemos observar en la madre que se olvida de cuidar a su bebé porque está viendo el show.
En cierta manera la anti-información es una forma más de desinformación, pues consiste en introducir en la cabeza de las personas información inútil e irrelevante, que puede terminar confundiendo y engañando a las personas. Cuando alguien cree que lo verdaderamente importante está en la isla de los famosos, en el plató de Telecinco o en el debate entre el torero y su amante, está sufriendo un ataque de desinformación. A través de la difusión de anti-información, pero finalmente el resultado es semejante: termina siendo una persona desinformada, que no conoce la verdadera realidad. Por ello todos aquellos personajes que en la película aparecen enganchados al Show de Truman son ciudadanos pasivos, distraídos y engañados.
espectador2
En el falso mundo real, donde vive Truman, también observamos manipulación de la información. Truman sufre la desinformación cuando en la agencia de viajes le dicen que no hay vuelos disponibles, o cuando la radio explica que el objeto que ha caído del cielo procedía de un avión. Además está sujeto a engaños y mentiras constantes (puesto que el mundo que le rodea es completamente falso). Y también podemos detectar otra de las estrategias de la desinformación, la difusión del miedo, cuando se exponen carteles que advierten de que un rayo podría caer sobre el avión (para evitar que Truman quiera viajar). Así, mediante el engaño, el miedo y la manipulación, se consigue consolidar el falso mundo real y someter a la población (en este caso a Truman). Como apuntábamos en el anterior artículo, la única escapatoria ante esta situación de sumisión es el ejercicio reflexivo de una mente libre.

Demasiado distraídos como para hacer algo

Mediante la difusión de anti-información (información banal, que nos distrae de lo realmente importante) y utilizando las técnicas de la des-información (manipulación de la información), el sistema actual mantiene a la población en un estado de letargo, que convierte a las personas en individuos pasivos, en ciudadanos apolíticos, que no forman parte de la polis ni intervienen en la toma de decisiones. Así es mucho más fácil manipularles y engañarles.
El sistema se encarga de distanciar a la gente de la política, de la economía y de la reflexión social. Los ciudadanos no tienen interés por estos temas, porque encuentran más interesantes los debates de la telebasura o los cotilleos en las revistas. La función de distracción y de engaño que cumplen los medios de comunicación ha permitido consolidar un sistema injusto y antidemocrático. Al no suministrar a la población información de calidad, impiden intencionadamente la correcta formación de las personas, que únicamente encuentran en los medios de comunicación un lugar donde entretenerse y pasar el rato, cuando en realidad debieran ser una herramienta más para motivar el ejercicio político dentro de la polis.
Es antidemocrática la labor que cumplen los medios de comunicación porque no promueven una democracia real. Con la manipulación informativa no es necesario el fraude electoral, pues la propia desinformación está enfocada a beneficiar a determinados partidos políticos, es decir, a conseguirles votos. ¿Cómo si no se mantiene el bipartidismo? Apoyado por las grandes corporaciones mediáticas.
Como dice Noam Chomsky, una de las funciones de los medios de comunicación de masas es dar forma a la opinión pública de acuerdo a los intereses del poder corporativo dominante. Así se explica que, como decía Marx, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. Por ello la democracia actual no es real, ya que la ideología y los intereses de las personas no están representados por la ideología y los intereses de los principales partidos políticos, pues los votos no son metidos en las urnas por las manos de los votantes, sino por los editoriales de los periódicos. Es un voto dirigido por los medios de comunicación, en perfecta armonía con otras esferas de poder político y económico.
¿Cómo hemos extraído esta reflexión de la película El Show de Truman? Porque en esta cinta, los espectadores que observan cada día el show que muestra la vida de Truman son una representación de la sociedad actual. Esas personas que se despiertan cada día pensando “¿qué ocurrirá hoy en el programa este?” o “¡ya tengo ganas de que empiece la telenovela!” son la mejor escenificación del ciudadano pasivo. Personas que no viven la realidad, sino que la ven pasar delante de sus ojos mientras se sientan en el sofá, como simples espectadores.
Son este tipo de personas quienes sustentan el sistema establecido, pues con su pasividad dan legitimidad a las clases dominantes para gobernar sobre ellos. ¿Hay una crisis económica? ¿se pone en duda el sistema político actual? ¿hay manifestaciones y reivindicaciones en la calle? A los espectadores les da igual. Están demasiado entretenidos como para hacer algo. Son esa mayoría silenciosa que tanto gusta a los gobernantes. Silenciosos, engañados y distraídos.
Por Juan Pérez Ventura Autor de la web ‘El Orden Mundial en el S.XXI