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jueves, 21 de noviembre de 2013

Así Controlan tu Fantasía

No somos conscientes de ello. Pero hay una auténtica guerra por controlar nuestra fantasía. Todo aquello que soñamos, imaginamos y somos capaces de concebir y crear. Quizás pueda parecerte una tontería casi poética, pero de verdad que no lo es. Es mucho más real de lo que imaginas. Porque la fantasía implica ir más allá de lo establecido.


Implica la capacidad de concebir nuevos mundos, nuevos modelos de pensamiento, de vida, de conducta y de estética. Es la actividad más subversiva que existe. El mayor germen de revolución que puede crear el ser humano. Mucho más que mil discursos enfervorecidos vomitados por el rebelde de turno desde un púlpito.

Porque una fantasía libre ataca los pilares fundamentales del sistema: la base psíquica instalada en tu mente sobre la que se asienta todo lo organizado y establecido. Todo ello puede ser derruido con una sola chispa mental, con un solo concepto imaginado de la nada. Y el Sistema lo sabe muy bien.

Y así es como, de la misma forma en que centra tantos esfuerzos en programarnos a través de la educación, el sistema invierte ingentes cantidades de energía en limitar y canalizar nuestra fantasía, en condicionar todo aquello que imaginamos y soñamos, para que no se salga de los límites controlables por la maquinaria.


Piénsalo bien. El sistema se sustenta en pilares meramente psíquicos y no tanto físicos, como sutilmente te han hecho creer hasta ahora. La estructura “visible” del sistema no es más que una representación externa de los mecanismos instalados en nuestro cerebro.

Pongamos un ejemplo: el dinero.

Sabemos que en nuestro mundo el dinero lo mueve todo. ¿Pero sabes una cosa? El dinero solo existe en tu mente, no es un ente real y tangible. Lo que es tangible son los billetes y las monedas, cuya presencia es física. Pero en realidad solo son pedazos de papel y de metal a los que llamamos “dinero” y a los que, al hacerlo, otorgamos una determinada función y un determinado valor abstracto.


Si un día tú decides que ese billete solo es un trozo de papel y no le otorgas el valor que tiene como dinero, sino solo su valor tangible, físico y real, es decir, el de estampita con dibujitos, el dinero muere.Literalmente.


Porque para ti, eso ya no será “dinero”. Pasará a ser lo que siempre ha sido: papel con dibujos.
De verdad, puedes hacer desaparecer el concepto de dinero de tu vida cuando quieras, porque éste solo reside en tu mente. Así es el sistema. Tan débiles son sus cimientos. Solo vive en nuestra psique, es puro software, como el programa de una computadora.

Ahora imagina que un gran número de gente decidiera hacer lo mismo: concibiera un mundo nuevo en su mente y renunciara a la programación del Sistema. Y que, por ejemplo, no le diera valor al dinero, a las leyes, a las religiones, a las autoridades o a las normas sociales establecidas. El Sistema se hundiría por completo. Desaparecería. Nada ni nadie podría salvarlo de su destrucción.

¿Entiendes ahora porqué es tan importante para el Sistema controlar todo aquello que tu mente pueda crear o fantasear? Para el sistema tiene una importancia capital que no puedas concebir nada más allá de las reglas que el propio sistema te impone. Que no seas capaz de soñar un mundo nuevo. Porque eso podría destruirlo para siempre, de un solo chispazo.

Por esta razón, toda fantasía creada y difundida a través de los medios de comunicación, la televisión, la literatura, la música, los videojuegos o el cine tiene como función principal canalizar y moldear tu fantasía para impedir que puedas salirte del Sistema.


Observa con atención y lo verás. Nada, absolutamente nada de lo que es creado y difundido por ninguno de estos medios es auténticamente subversivo. Nada.

Y es que su mecanismo de funcionamiento es tan simple como efectivo: no se produce, publica ni emite nada “que no pueda gustar al público o que el público no pueda comprender”, porque “no resultaría rentable y no tendría éxito”.

Y supuestamente, ¿qué es lo único que el público puede comprender? Evidentemente, los mecanismos del sistema instalados en su mente. Círculo cerrado. Ese es el ciclo lógico que sigue la maquinaria del sistema para moldear y limitar tu fantasía y tu creatividad.

EJEMPLOS CONCRETOS

¿Alguna vez te has preguntado cuantas películas de policías has llegado a ver a lo largo de tu vida? ¿Cuantos centenares de miles de películas y series de TV giran alrededor de la policía? No intentes contarlas, es imposible.


Porque se trata de un auténtico lavado de cerebro masivo, a escala mundial, perpetrado activa e incesantemente durante décadas. No habrá un solo día en tu vida en que no enciendas el televisor y no aparezca, como mínimo, un policía, un detective o un agente del FBI, pistola en mano, velando por el orden y la seguridad.


Como una gota malaya, continua, eterna, incesante, desde que eres pequeño hasta que mueres, inoculando en tu mente el mismo mensaje, la misma imagen:

pistola-pistola-pistola
policía-policía-policía
autoridad-autoridad-autoridad
sistema-sistema-sistema

Día tras día, una y otra vez, una y otra vez, sin cesar, como un mantra interminable.

Generación tras generación, los niños crecen y juegan con esas imágenes que moldean sus fantasías y sus sueños hasta el punto de no poder huir de ellas nunca más, férreamente instaladas en su psique como única forma de concebir la realidad.

Y así es como, llegado el momento, centenares de nuevos cineastas y escritores acaban imitando a sus ídolos de juventud, reproduciendo una y otra vez la misma fantasía, vomitando una y otra vez el mismo vómito, pasado en el mejor de los casos por el débil tamiz de su presunta personalidad propia. Así es el mundo en el que vivimos, a escala creativa.Y eso sucede en todos los ámbitos de la creación.

Hay más ejemplos de ello: ahí están los miles y miles de insoportables grupos musicales cantando la misma canción, cada uno siguiendo su corriente estética prefabricada, persiguiendo el mismo sueño clónico de gloria sobre el escenario.


Con los mismos instrumentos, raspando las mismas guitarras, bajos, baterías y teclados, con los mismos gorgoritos con tan solo pequeñas variantes que suenan estruendosamente diferentes a orejas de quien ya no llega a concebir nada más en su raquítica y programada mente.

Estructuras musicales repetitivas, párrafo-estribillo-párrafo-estribillo-variación, con la misma duración de 4 minutos cada una, como creadas con un molde. Millones de canciones que como millones de películas de policías atrapan nuestra mente en la telaraña pegajosa del Sistema para que no consigamos escapar jamás de él. Tan lavado está nuestro cerebro, que llegamos a considerar como “revolucionario” aquello que no es más que una mínima variación superficial de la norma.

Pongamos de nuevo el ejemplo del género policíaco. La irrupción de Quentin Tarantino representó un supuesto “aliento de aire fresco” para el género, casi una revolución. De repente el foco de la cámara se centraba en los delincuentes y no en los policías.


Rápidamente surgieron montones de patéticos imitadores y la ficción televisiva nos acabó obsequiando con exitosos productos, supuestamente innovadores, como Los Soprano, Boardwalk Empire o Breaking Bad. Muchos han calificado este hecho de “giro revolucionario”.


Pero pensemos un momento…¿realmente comporta alguna diferencia centrar el argumento en la delincuencia en lugar de en la policía? Para el sistema no. Pregúntate una cosa: ¿Hay mayor defensor del sistema que un delincuente o un mafioso? ¿O es que acaso su mayor sueño no es ganar dinero y acumular poder, por la vía que sea?


¿Y alguien que solo sueña y lucha por ganar dinero y poder no es un esclavo del Sistema hasta la última célula de su cuerpo? Poco importa a qué lado se encuentre de la imaginaria línea de la legalidad. Un gangster, un mafioso o un ladrón forman parte integral del Sistema, exactamente igual que un policía, un juez o un político. En el fondo, todos refuerzan los mismos mecanismos básicos.

¿Empiezas a ver ya como toda la fantasía está debidamente canalizada por el Sistema para no resultar subversiva? ¿Entiendes por que el Sistema centra tantos esfuerzos en ello? La ficción se ha convertido en una eficiente fábrica de cadenas para nuestra mente.

Y el ejemplo más flagrante de ello lo encontramos en la ficción costumbrista: los culebrones, los seriales y las comedias televisivas centradas en lo cotidiano, como única fuente generadora de historias imaginarias.


Ficciones protagonizadas por “gente normal” y consumidas por “gente normal”, en un ciclo de condicionamiento mental infinito, en el que todo sueño posible queda circunscrito a la realidad del sistema. Un lavado de cerebro en toda regla. Una prisión psicológica. Este es el mundo enfermo que hemos creado.

Un lugar infecto en el que el mayor instrumento creador sobre la tierra, nuestra mente, se limita a fantasear sobre una realidad exactamente igual a la que ya experimenta. Un desperdicio de energía y un auténtico insulto hacia el universo que ha creado una herramienta tan maravillosa. Y por lo visto, parece que el Sistema no se conforma con repetir incesantemente los mismos patrones una vez tras otra.

Desde hace unos años, la industria del entretenimiento ha entrado definitivamente en un bucle de negocio e ideas: remakes de películas, canciones reversionadas, discos remasterizados, clones de grupos musicales en gira…el sistema ni tan solo hace el esfuerzo de cambiar el argumento externo de sus mecanismos de lavado cerebral. Los repite directamente, sin más. ¡Tan debilitada está ya la mente del ciudadano medio!


A estas alturas podríamos preguntarnos si toda esta maquinaria de manipulación de nuestra fantasía y de nuestros sueños forma parte de una gran conspiración o ha surgido de forma espontánea y natural dentro del propio sistema. Quizás ambas opciones sean reales a la vez.

Pero sea como sea, hay indicios que parecen indicar que, como mínimo, hay entidades interesadas en incentivar estos mecanismos de manipulación mental con el fin de sacar algún tipo de beneficio o de seguir manteniendo su estatus de privilegio.

Sobre su identidad habrá teorías de todos los colores y cada uno podrá escoger a su propio villano y achacarle la etiqueta que crea conveniente. Pero en el fondo eso es irrelevante. Lo que quizás no sea tan irrelevante es constatar que algunas de estas fantasías inoculadas en nuestra mente albergan mecanismos de condicionamiento social de cara al futuro. Pongamos algunos ejemplos concretos.

PROGRAMANDO LA SOCIEDAD FUTURA

Estos últimos años hemos experimentado diversas oleadas de moda que, principalmente, han arraigado en la mente de las generaciones más jóvenes, como una semilla sembrada con el fin de obtener frutos más adelante. Si las analizamos con atención, estas oleadas de moda podrían representar un eficaz mecanismo de condicionamiento mental en vistas a la creación de una sociedad venidera, controlada por grupos elitistas de carácter tecnocrático.

Hablamos de 3 modas, principalmente: la moda de los vampiros, la de los zombies y la de los reality shows musicales. Vampiros La imagen del vampiro, tan en boga estos últimos años gracias a bazofias prefabricadas al estilo Crepúsculo, es altamente significativa por su impacto inconsciente. En sus inicios, el vampiro representaba a un ser maligno e inhumano, un aristócrata malvado castigado por una maldición, que se alimentaba de la sangre de inocentes y puras doncellas.


Más allá de su carácter más o menos romántico y de su posible carga sexual, el vampiro no dejaba de ser un ente antinatural y elitista, un muerto viviente que debía ser enviado de cabeza al infierno, pues actuaba como un parásito que se alimentaba de la sangre de los vivos.

En el fondo, ese concepto de vampiro, contenía un trasfondo social de eliminación de viejas estructuras parasitarias y de cambio de régimen. Pero curiosamente, el nuevo modelo de vampiro implica justamente todo lo contrario. Ahora el vampiro se ha convertido en un atractivo joven, guapo, refinado, pijo y musculoso, con una fuerza y capacidades sobrehumanas, muy por encima de los de las personas “de la calle”. Es decir, posee una carga genética superior.


No implica pues algo aberrante contra lo que se deba luchar, como los antiguos Conde Drácula o Nosferatu…sino más bien algo a lo que un adolescente debería aspirar si pretende triunfar en sociedad. Una clase preeminente, dominante y fuerte. Una élite aristocrática destinada a dominar el mundo.

Y esta es precisamente la semilla que se siembra en la mente de los adolescentes y los jóvenes a través de estos nuevos modelos de vampiro: la atracción reverencial por la élite, la asunción de su superioridad y ante todo, el sueño de llegar a formar parte de esa casta privilegiada tan cool, que por su propia naturaleza superior de carácter genético, está destinada a dominar el mundo. Pura ingeniería social. Zombies

Curiosamente la febril e injustificada moda de los zombies que inunda el mundo en estos momentos está centrada en las clases inferiores, en lo que podríamos considerar como la plebe o chusma. En sus inicios como género cinematográfico de masas, cuando las películas de género zombie formaban parte de la serie B más bizarra y underground, los zombies eran muertos vivientes, una genuina representación de la masa no-pensante del mundo, que pretendía devorar a aquellos que seguían “vivos”.


Ese concepto de zombies, como muertos que volvían a la vida, representaba todo aquello que formaba parte del pasado más caduco, las ideas y conceptos rancios, podridos y viejos que de forma antinatural pretendían volver a dominar el lugar del que la naturaleza los había desplazado para siempre.

Simbolizaban las viejas estructuras, los anticuados valores que las generaciones de los 60, 70 y 80 habían dejado atrás. Sin embargo, el estallido y generalización mediática de la nueva moda zombie, trae consigo un cambio tan sutil como sustancial.

Y es que los zombies tan de moda en la actualidad, ya no son muertos vivientes salidos de sus tumbas, sino personas infectadas por una epidemia. Y esta pequeña variación argumental, que para muchos podría suponer una mera anécdota, trae consigo un mensaje subliminal mucho más profundo y sutil de lo que pueda parecer a simple vista.


Pues como decíamos, un muerto viviente representa ese pasado caduco que pretende recuperar sus antiguos dominios. Sin embargo, una persona de la calle infectada con una enfermedad incurable, representa a las propias personas que nos rodean. Nos representa incluso, a nosotros mismos, pues todos somos susceptibles de caer enfermos en cualquier momento.

La identificación inconsciente del espectador con el zombie actual es absoluta, a diferencia del antiguo modelo, en el que al zombie y al espectador los separaba una barrera conceptual infranqueable: ni más ni menos, que la muerte. Así pues, el concepto de zombie actual representa a los ciudadanos de a pie, a las clases medias y bajas, que llegado el momento deben ser exterminadas sin piedad con el fin de terminar con la epidemia que ellas mismas representan y que inconscientemente ayudan a extender.

El mensaje subyacente en las películas de zombies actuales es: eres un enfermo y tú y los que te rodean debéis ser exterminados por el bien del planeta. Resulta curioso pues, que un mensaje subliminal tan profundamente insultante haya arraigado con tanta fuerza entre los más jóvenes y haya alcanzado tan elevadas e incomprensibles cotas de éxito.

Realmente, no ofrece muchas esperanzas de cara al futuro. Como tampoco lo ofrece el propio éxito de esto que ha venido a llamarse absurdamente como “cultura zombie”. Alguien debería preguntarse como es posible que una temática tan repetitiva, estereotipada y con tan poco recorrido argumental haya proliferado hasta este límite y haya recibido tanto apoyo y difusión mediáticas…

Reality shows musicales

Por último nos centraremos en una de las modas televisivas más extendidas en estos momentos: los concursos de talentos televisivos, al estilo de Operación Triunfo, la Voz, Factor X o Tienes Talento, que como franquicias del Mcdonald’s, del Starbucks o una virulenta infección, se han extendido sin freno por todo el planeta.

La auténtica clave de estos programas no reside en la música, ni en el baile, ni en las emociones exacerbadas; ni tan solo en el sueño de alcanzar la fama y el éxito. No. La clave, el concepto a inocular, reside en el jurado. En un jurado de “expertos” que dirime si alguien es válido o no es válido para triunfar.




Se trata de una autoridad no electa, escogida arbitrariamente por la siempre oculta y desconocida dirección del programa y que en función de sus supuestos conocimientos y experiencia, tiene la facultad de decidir de forma dictatorial y siguiendo solo sus propios criterios personales, quién progresa socialmente y quién tiene permiso para alcanzar su sueño y triunfar.

Es decir, determinan de forma pública qué función le corresponde a cada uno en la sociedad. Así pues, el concepto sembrado por estos concursos no es un concepto cualquiera.

Si la idea del vampiro nos servía para identificar a la élite y la idea del zombie nos servía para identificar a las clases sometidas a los designios de esa élite, el concepto de jurado de estos reality show nos sirve para designar la relación entre ambas clases.

Si nos fijamos bien, los dos conceptos anteriores, vampiro y zombie, se ven perfectamente reflejados en estos Talent Shows: en ellos, el jurado representa a una autoridad tecnocrática, fría e implacable, cuya función consiste en escoger, según estrictos criterios de validez y eficiencia, a aquellos que, entre la masa enferma (los zombies), tienen derecho a alcanzar determinados puestos de privilegio (vampiros)…puestos de privilegio que, en el mejor de los casos, algún día les permitirán ocupar el puesto de jurado, pero jamás la dirección del programa, que sigue en manos de autoridades ocultas que lo controlan todo desde la sombra.

Como vemos pues, los sueños y fantasías de la juventud actual, sembrados por estas modas mediáticas, parecen tener una orientación clara: inocular en sus mentes la estructura social del mañana. Y no se trata, precisamente, de una estructura social igualitaria y justa. Y a ello debemos añadir un último factor.

Un factor altamente significativo, que hemos visto proliferar en el mundo de la ficción los últimos años y que cada vez vemos más presente en las generaciones más jóvenes: el sadomasoquismo.

Porque si no es por el sadismo de la población, ¿como puede explicarse el rotundo éxito de películas de terror centradas en asesinos psicópatas como Freddy Krueger (Pesadilla en Elm Street), Michael Myers (Halloween), Ghostface (Scream), Jigsaw (Saw), Jason Voorhees (Viernes 13) o Anibal Lecter (El Silencio de los Corderos), por poner algunos ejemplos?


¿Qué oscuro resorte activan en el interior del espectador para que éste asista fascinado a sus sangrientos crímenes y destripamientos? Sin duda el más puro sadismo reprimido hacia sus semejantes. Y al mismo tiempo el más inconfesable masoquismo. Pues al ver cualquiera de estas películas, el espectador no solo se ve reflejado en la figura del asesino, sino también en el de la víctima.

Y es que solo a través del más absoluto masoquismo puede justificarse la actitud servil con la que los concursantes de estos Talent Shows se someten sumisamente a los dictados de estos jurados que fríamente deciden sobre su futuro. Al masoquismo y a la más profunda indignidad como seres humanos. Quizás todos estos no sean más que una serie de razonamientos paranoides. Es posible.

Pero nadie puede negar que la configuración de la fantasía y de los sueños de la ciudadanía resultan claves a la hora de mantener el sistema en pie y programar estructuras futuras. Y sabiendo que el Sistema utiliza todos estos mecanismos para limitar nuestro desarrollo como individuos y esclavizarnos, solo nos queda una opción para empezar a liberarnos: dejemos volar la imaginación.


Derribemos los muros impuestos en nuestra fantasía por el Sistema. Reventemos las presas levantadas en nuestras psiques por las fabulaciones prefabricadas por la industria del entretenimiento. Creemos mundos nuevos jamás concebidos por otras mentes, nuevas estructuras sociales y nuevas formas de expresarnos y relacionarnos, por locas que parezcan.

Dejemos que broten de nuestro interior como individuos libres, sin ataduras, más allá de lo que nos hayan inculcado como correcto, real y aceptable. Porque si de verdad queremos cambiar el mundo, la subversión empieza aquí. Es el primer paso.

GAZZETTA DEL APOCALIPSIS

viernes, 19 de julio de 2013

La mente es como un proyector

La mente es como un proyector, ves la imagen que quieres ver, no lo que eres......y usamos esta imagen para que los demás nos vean, y si nos vemos así con nuestra pareja o demás gente que nos rodea, no nos estamos viendo con claridad, no somos conscientes de nuestro verdadero ser, entonces probablemente ni siquiera sepamos que queremos en el amor y la vida, es posible que pretendamos que la gente que nos rodea si lo sepa. Un ejemplo puede ser cuando estas enamorado..... la pareja es hermosa, divina... y cuando estas en desamor , esa misma persona te parece la mas fea...

Foto: La mente es como un proyector, ves la imagen que quieres ver, no lo que eres......y usamos esta imagen para que los demás nos vean, y si nos vemos así con nuestra pareja o demás gente que nos rodea, no nos estamos viendo con claridad, no somos conscientes de nuestro verdadero ser, entonces probablemente ni siquiera sepamos que queremos en el amor y la vida, es posible que pretendamos que la gente que nos rodea si lo sepa. un ejemplo puede ser cuando estas enamorado.....  la pareja es hermosa, divina... y cuando estas en desamor , esa misma persona te parece la mas fea...
Ese es un ejemplo de lo que la mente puede hacer....el sueño puede parecer realidad, pero no lo es.
Salir de este juego de la mente, de esa proyección, es empezar a ver con responsabilidad  y conciencia tu verdadero yo, no juzgar al otro y a los demás antes de ver en ti mismo...
Eso que tu ves en ese otro ser.....también vive en ti y es posible que el o ella  tampoco se de cuenta, ahí es cuando el dicho que dice, cada cabeza es un mundo , es cierto. salte del velo de la ilusión y observa sin juicios.

Ese es un ejemplo de lo que la mente puede hacer....el sueño puede parecer realidad, pero no lo es.
Salir de este juego de la mente, de esa proyección, es empezar a ver con responsabilidad y conciencia tu verdadero yo, no juzgar al otro y a los demás antes de ver en ti mismo...

Eso que tu ves en ese otro ser.....también vive en ti y es posible que el o ella tampoco se de cuenta, ahí es cuando el dicho que dice, cada cabeza es un mundo , es cierto. salte del velo de la ilusión y observa sin juicios.


lunes, 29 de abril de 2013

¿Es el universo la broma cósmica de un demiurgo con enorme capacidad de programación?

La teoría de la Conspiración Cósmica: el Universo no existe. Algunas de las más brillantes filosofías en la historia de la humanidad han sugerido que el mundo es una ilusión–el budismo, el gnosticismo o el idealismo, por mencionar sólo algunas. Se ha utilizado fundamentalmente la metáfora de un sueño para describir este existir en la irrealidad y actualmente se ha evolucionado esta sospecha cosmológica formulando una nueva metáfora: la simulación o el constructo informático. 

13th
“El universo está hecho de historias, no de átomos”, Muriel Rukeyser.
“Nada es verdad; todo esta permitido”, Hassan-i Sabbah.

Reconocer la ilusión, como saber que uno sueña entrando en un estado de lucidez, es la marca del iniciado, la conciencia que se ve a sí misma ya no como un ego sino como la ilusión misma, el universo entero en un espejo infinito.


Siguiendo esta línea de investigación es plausible pensar que aquellos que perciben la ilusión consustancial del universo son parte de una conspiración –aquella que mantiene la ilusión o aquellos que tienen  acceso al código de la programación. Estos iniciados podrían ser vistos como una especie de agentes de la Matrix, algunos de los cuales quizás podrían participar en el diseño del programa, proyectando sobre la nada las imágenes del mundo. (Sostiene el budismo a través del concepto de sunyata, que la realidad de las cosas es la no-realidad, todas las cosas están vacías y son solamente construcciones mentales de nuestra percepción). 

Atisbar esto es quizás el paso fundamental de la iluminación: el estado búdico que es equivalente al despertar de un sueño. Hace algunos días el sitio de divulgación científica de la Universidad de Cornell publicó un paper de cosmologíaen el que se dice comprobar la inexistencia del universo –o algo como una conspiración que muestra que el universo ha sido diseñado por una sociedad secreta cósmica.



 Analizamos posibles escenarios para esta conspiración, y concluimos que la creencia en la existencia de nuestro universo es una ilusión, como ha sido previamente asumido por antiguos filósofos, autores de ciencia ficción del siglo XX y cineastas contemporáneos”.

Alice-matrix

Los autores Jörg P. Rachen, un astrofísico que ha publicado investigaciones sobre los resultados  de la misión Planck estudiando la luz más vieja del universo, y Ute G. Gahlings, desarrollan su teoría luego de descubrir que el número primo más pequeño que es la suma de tres números primos consecutivos es  23 = 5 + 7 + 11. 

Mismo número que mantiene relaciones insólitas con π y que además es el número más importante en la moderna teoría de la conspiración, luego de que se la apareciera en una serie de sincronicidades a William Burroughs y más tarde a Robert Anton Wilson, autor deIlluminatus! Trilogy, quien lo conectara a una serie de comunicaciones telepáticas emitidas desde el sistema estelar de Sirio. Sirio es el origen también de la proyección holográfica del Logos que simula la realidad en la novela VALIS de Philip K. Dick, inspirada en un episodio de comunicación telepática con inteligencias astrales.

“Consideramos que es posible que las fechas de los eventos del fin del mundo están encriptadas en nuestra conciencia. Como la fecha del día predicho, diciembre 21 del 2012, ha pasado sin efectos notables, y el error es inconcebible, debemos de concluir que nuestro universo concluyó esa fecha, pero mientras Ellos reciben una extensión de fondos y la simulación es reiniciada con todas las experiencias de lo temporal borradas de nuestra memoria”, dicen los autores.

Evidentemente este paper se trata de una broma de April Fools’ Day, publicada en una prestigiosa institución con un estupendo humor. Pero más allá de que la teoría es intencionalmente desaforada, parodiando las teorías de conspiración, pensar que el universo es una ilusión no es algo tan disparatado. 

El filósofo Nick Bostrom ha planteado un caso relativamente sólido argumentando que nuestro universo podría ser una simulación informática holográfica, en cada punto yace la totalidad del código. ¿Por qué no pensar también que el universo es una broma? 

Acaso de un demiurgo trickster, enamorado del poder de las copias. “Sólo alguien dormido lo considera real. Luego llega la muerte como el amanecer y te despiertas riendo de lo que pensabas era tu sufrimiento”, Rumi.

Twitter del autor: @alepholo

sábado, 6 de abril de 2013

¿Escolarizar o educar?

Desmontando los mitos de la escolarización en favor de la imaginación creadora

N. Andry. La ortopedia o el arte de prevenir y de corregir en los  niños las deformidades corporales
Toda sociedad que hace de la experiencia humana su centro de desarrollo ―y esta es la sociedad que esperamos y soñamos― necesita distinguir tajantemente entre el proceso de instrucción y la apertura de la conciencia de cada individuo, entre adiestramiento y desarrollo de la imaginación creadora.
Iván Illich, Alternativas
Existe una gran diferencia entre educar y escolarizar, entre los valores y las hábitos que se reproducen en uno y otro proceso y que, con el tiempo, contribuyen a fortalecer prácticas concretas del sistema económico-social en el que vivimos.
Quizá el primer problema que enfrentamos cuando tratamos de cuestionar la educación, sea que el punto desde el que nos posicionamos para pensarla fue justamente conformado a través de nuestros propios procesos educativos, lo que nos dificulta plantear un horizonte crítico más amplio. Pero al mismo tiempo, ello posibilita que todos podamos hablar de la educación con conocimiento de causa y de primera mano. No obstante, hay que tener tiento para desmitificar aquello que introyectamos y que nos impide generar un pensamiento concienzudo al respecto.
Comencemos reconociendo que  los “beneficios de la educación” son cosa que ya nadie discute, a lo más se discuten los contenidos, las carencias materiales y profesionales en los procesos educativos, pero no se discute la institucionalización misma de la educación, mejor dicho: de cierto tipo de educación, a través de la escuela. Pensar de manera radical nos obliga entonces a cuestionar, como punto de partida, nuestro propio proceso educativo y lo que él ha significado de manera efectiva en nuestra existencia, para ello resulta primordial establecer una clara distinción entre educación yescolarización.
El concepto educación a menudo nos puede meter en un lío a la hora en la que pretendemos explicar de qué se trata exactamente. Como todos hemos sido educados, de una u otra forma, en unos u otros espacios, todos estamos en posibilidad de hablar desde la experiencia propia, no obstante, la arraigada presencia de la escuela en nuestras vidas puede orillarnos al error (y de hecho lo hace) de confundir procesos de educación con procesos de escolarización. Lo mismo podríamos advertir con conceptos relacionados, como formación, capacitación, instrucción, adiestramiento, y otros del estilo. En esta ocasión y recuperando Iván Ilich, sólo me referiré a ciertas distinciones que resultan fundamentales para pensar nuestros propios procesos educativos en términos más amplios.
Hacia la década de los años 70, Iván Illich hizo énfasis en que era necesario desmarcar a la educación de la percepción generalizada que la vincula, de manera restrictiva, únicamente a la escuela. Esta noción, hoy ampliamente aceptada, de que el lugar par excellence de la educación es la escuela, en realidad es un invento muy moderno que quizá podríamos rastrear a partir de la Ilustración y el reposicionamiento de las universidades como los grandes templos del conocimiento, que se dio por allá del siglo XVIII, y que, finalmente se afianzó en el marco del desarrollo de las naciones industrializadas. Entonces, la escuela como institución enmarcada en procesos históricos específicos, no puede ser por naturaleza el espacio natural de lo educativo.
Siendo de este modo, lo primero que se advierte es que la educación es un proceso que necesariamente trasciende el ámbito de la escuela, de la institución, más aún, la educación es un proceso en permanente devenir, resultado de un “estar siendo en una sociedad”, tanto individual como colectivamente. En este sentido, habría que entenderla como un proceso amplio de comprensión de la realidad, a través del cual las personas aprenden y aprehenden el mundo. Este proceso está mediado en todo momento por las relaciones que se establecen entre las personas, con las instituciones, con el mundo, es decir, que está pautado por las relaciones sociales en cada contexto histórico particular.
Frente a estas consideraciones, Illich plantea la escolarización como el proceso de adiestramiento por medio del que se inculca y perpetúa en las nuevas generaciones la lógica de la sociedad capitalista en nuestros tiempos. La escolarización alude a los mecanismos mediante los que las instituciones escolares tradicionales, introyectan en una sociedad los valores que responden a la reproducción y legitimación del statu quo. Illich advierte: “Cuando una sociedad se escolariza, acepta mentalmente el dogma escolar” [1]. Sin embargo, hay que tener cuidado con caer en simplismos y asumir que el autor está en contra de toda escuela, si entendemos como organización o sistematización de la construcción colectiva del conocimiento. Illich entiende otra cosa por escuela:
Al hablar de “escuela” no me refiero a toda forma de educación organizada. Por “escuela” y por “escolarización” entiendo aquí esa forma sistemática de recluir a los jóvenes desde los siete a los 25 años, y también el carácter de rite de passage [rito de paso] que tiene la educación como la conocemos, de la cual la escuela es el templo donde se realizan las progresivas iniciaciones. Hoy nos parece normal que la escuela llene esa función, pero olvidamos que ella, como organización con su correspondiente ideología, no constituye un dogma eterno, sino un simple fenómeno histórico…[2]
Habría que dedicarle largas líneas a plantear el problema hondo de la escolarización vs educación; por ahora bástenos ubicar al menos algunos elementos para problematizar la lógica escolar, siguiendo las huellas de Iván Ilich. Comencemos con el carácter vertical de las relaciones que tradicionalmente guían la vida escolar. Salvo en algunas escuelas inspiradas en pedagogías alternativas, como los modelos de Piaget o Montessori (y salvo algunos casos excepcionales en las escuelas del estado, que los hay), en la mayoría de las instituciones escolares, está claro que es la maestra o el maestro quien posee el conocimiento y quien tiene el poder de mandar sobre los alumnos. En esta relación, son los estudiantes, en su cualidad de ignorantes, los que deben someterse sin resistencia a los mandatos de la autoridad. Esta relación vertical que anula la posibilidad de poner en cuestión a la autoridad y lo que ésta dice, entrena a niñas y niños para reproducir la fórmula en la totalidad de sus relaciones sociales, más allá de la escuela. Así, la escuela funciona como un mecanismo de adaptación y aceptación de las relaciones de dominación en todas sus dimensiones.
Otro de los elementos que Illich discute, y quizá uno de los fundamentales para cuestionar, no sólo la escuela, sino en general, el conocimiento que aceptamos como válido, es el de la certificación. Nos hemos acostumbrado a que exista una instancia, por encima de nosotros, que decida cuál es el tipo de conocimiento válido, y más aún, cuál es la forma correcta de adquirirlo. Esa instancia, la escuela ―y ahora las instituciones que evalúan a las escuelas―, se encuentra cada vez más alejada de las necesidades profundas y reales de las personas, en tanto responde a las demandas de producción y consumo del mercado. ¿Acaso no deberían ser las comunidades las que definieran sus propias necesidades educativas de acuerdo a los procesos en que se inscriben? ¿No deberíamos ser capaces de generar autónomamente aquello que nos es vital, material y simbólicamente, y encauzar nuestra educación a cultivarlo de manera colectiva?
La escuela no sólo pauta la manera en la que se adquiere el conocimiento, sino que tiene la facultad de decidir quién lo ha adquirido “correctamente”. Aquellos que logren sortear los diferentes filtros de evaluación (para los que más que inteligencia, se requiere adiestramiento), serán reconocidos mediante la certificación de sus aptitudes, esto les confiere a su vez un indiscutido reconocimiento social. Mientras, el resto, los que no lograron sujetarse a los reglas del juego, son excluidos, estigmatizados por un sistema que no reconoce la diversidad de necesidades, de conocimientos y saberes, y la pluralidad con que estos se generan. De esta forma, la lógica de la credencialización se perpetúa y legitima las desigualdades sociales, sobre el argumento de las capacidades y aptitudes, que unos tienen y otros nomás no.
Finalmente, a partir de estos preceptos, el conocimiento es valioso únicamente en tanto mercancía. Sólo aquel conocimiento que rinda beneficios directos a la producción de la sociedad capitalista es validado y reconocido. No es de extrañar que en nuestros días las áreas de humanidades, artes y ciencias sociales sean menospreciadas de manera corriente. Ahora, si el conocimiento es valuado como una mercancía, los sujetos se convierten ellos mismos en una mercancía, que dentro de las instituciones escolares, están siendo producidos para salir a competir con otras mercancías en ese terreno salvaje que bien hacen en llamar “mercado laboral”.
Frente a este devastador escenario que se erige sobre la escolarización y sus mitos, no obstante, aún nos queda la reivindicación de la educación, entendiéndola en su profundidad, como proceso integral que se suscita permanentemente en todos los espacios de la vida cotidiana, incluso la que se da en las escuelas. No se trata de mandar al diablo las escuelas así como así, sino de pensar la educación desde la sociedad que queremos vivir, desde las relaciones que queremos encarnar con los demás y con el mundo.

Notas
[1] Ivan Illich, “Alternativas”, en Obras Reunidas, Vol. I, Fondo de Cultura Económica, México, 2006, p. 103.
[2] Ibíd., p. 102

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Diseñando tu propia mente

Aparentemente ha llegado el momento de asumir una ineludible responsabilidad: diseñar nuestra propia mente y así construir la realidad dentro de la cual habremos de existir.


“Got Change For a Paradigm” – Imaginary Foundation
Teniendo en cuenta la investigación reciente sobre la plasticidad del cerebro y los peligros de la carga cognitiva, las herramientas más poderosas a nuestra disposición podrían derivarse del diseño. En concreto, podemos utilizar los principios de diseño para dar forma a nuestras mentes. Esto es muy diferente al concepto de aprender y adquirir conocimientos. Se trata de diseñar cómo cada uno de nosotros piensa, recuerda y se comunica – adecuada y eficazmente para la era digital.

Nuevos descubrimientos neurocientíficos nos han revelado que los cerebros son maleables y pueden cambiar dependiendo de la forma en que se utilizan. Los resultados de estudios como éstos apoyan la idea de que incluso entre los adultos, el uso persistente y concentrado de un área en particular del cerebro puede aumentar su tamaño, y por la tanto, también su capacidad. No sólo el uso intenso cambia la estructura cerebral regional y su función, sino que también cambia la formación temporal y de ensayo mental.

La existencia de la neuroplasticidad permanente ya no está en duda. El cerebro, básicamente funciona bajo el lema: “úsalo o piérdelo”. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Podemos diseñar el cerebro a nuestra manera?” ¿Por qué no usamos las demandas de nuestra vasta información, de nuestra sobreestímulación en fast-track, de nuestro multi-tasking en el reino digital para ampliar nuestra capacidad cognitiva? El Dr. Stan Kutcher, un experto en salud mental, ha estudiado el efecto de la tecnología digital en el desarrollo del cerebro e indica: “Hay cada vez más pruebas de que la exposición a las nuevas tecnologías puede empujar a la Generación Net de adolescentes y adultos jóvenes a que su cerebro rebase las limitaciones de capacidades convencionales”.

Cuando un estudiante está haciendo su tarea y al mismo tiempo otras cinco cosas online, en realidad no está multi-tasking, sino que ha desarrollado una memoria de trabajo más activa y con mejor capacidad de conmutación. Puede leer sus e-mails, escuchar música en Itunes, descargar archivos y chatear en Facebook al mismo tiempo. Su cerebro ha sido codificado para manejar las demandas de la era digital.

¿Cómo podemos utilizar el pensamiento de diseño para cambiar la forma de pensar? El buen diseño suele comenzar con algunos de los principios y objetivos funcionales. Es posible que aspires a tener una gran capacidad para percibir y absorber información de manera eficaz, mayor capacidad para concentrarte, para recordar, para inferir significados, para ser creativo, para escribir, hablar y comunicarte, y al mismo tiempo disfrutar de importantes colaboraciones y relaciones humanas. ¿Cómo podrías diseñar tu uso (o abstinencia) de los medios para lograr estos objetivos?

Algo tan old-school como un curso de lectura rápida puede aumentar la capacidad de entrada sin poner en peligro la comprensión. ¿Te sientes distraído? La disciplina de leer algunos artículos completos por día y no sólo los encabezados o resúmenes podría fortalecer tu atención.


¿Has perdido la retención? Decide qué tan lejos quieres adoptar la ley de Einstein de la memoria. Cuando se le preguntó por qué fue a la guía telefónica para obtener su número de teléfono, contestó que sólo memorizaba las cosas que no pudiera buscar en algún lado.
Hay muchas cosas que recordar en estos días. Toda la data que se recogió de la civilización hasta el 2003 produjo 5 exabytes de datos (un exabyte equivale a 1 trillón de bytes). Hoy, 5 exabytes de datos se recogen cada dos días. Pronto habrá 5 exabytes cada 15 minutos. Los seres humanos tenemos una capacidad de memoria finita. ¿Se pueden desarrollar criterios para determinar que memoria será interior y que memoria será exterior?

El cerebro humano es una herramienta inconcebiblemente compleja, y mientras nos concentramos en el curso de nuestra vida real y de nuestra vida virtual, nuestro cerebro está procesando una gran cantidad de información debajo de la superficie de la conciencia. Mientras tanto, esta información periférica sutilmente le da forma a nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, y al mismo tiempo moldea algunas de nuestras experiencias. Para entender como podemos hacer consciente esa información periférica y sus fuentes para complementar nuestro set de herramientas de diseño mental, a continuación explico 4 ejemplos:

1. Color.
El color es una característica ubicua del medio ambiente, a pesar de que rara vez notamos los colores a menos que sean especialmente brillantes o que desvíen radicalmente nuestras expectativas. Sin embargo, los colores tienen una gran capacidad de dar forma a una serie de reflejos: los hombres son ligeramente más atractivos para las mujeres cuando llevan ropa de color rojo, el mismo efecto se aplica a las mujeres, que les parecen más atractivas a los hombres cuando sus fotos están delimitadas por un marco de color rojo. El color rojo indica tanto la intención romántica y dominación entre las especies de orden inferior, y esta misma señal aplica entre hombres y mujeres. Esta misma relación entre el rojo y el dominio explica por qué los equipos deportivos que visten de rojo son más agresivos que los equipos deportivos que usan otros colores, y mientras tanto, estudios revelan que los árbitros tienden a dar mayor ventaja a los equipos que usan uniformes de color rojo, lo que puede explicar en parte por qué los equipos con uniformes rojos tienden a superar a los equipos que usan otros colores. Sin embargo, el rojo no siempre es benéfico: hemos llegado a asociar al rojo con los errores y las advertencias, lo que genera que la gente limite su creatividad (aunque también mejora su atención a los detalles). Estos efectos tienen bases sólidas en la biología y la psicología humana, pero eso no los hace menos importantes e impactantes en la población laica.

2. Clima y Temperatura.
No es ninguna sorpresa que el calor de un verano soleado haga feliz a la gente, pero las condiciones meteorológicas y la temperatura ambiente tienen otros efectos más sorprendentes en nuestra vida mental. El clima lluvioso nos hace más introspectivos y reflexivos, que a su vez mejora nuestra memoria – en un estudio, la gente recordaba los rasgos de una tienda con mayor precisión en los días lluviosos que en los días soleados. En una escala mayor, la bolsa tiende a aumentar en los días soleados, mientras que las recesiones aumentan con climas más fríos. Más sorprendente aún, es la relación entre los cambios en el clima con accidentes, suicidios, depresión e irritabilidad general de la población, los cuales, a su vez, responden a los cambios en el estado eléctrico de la atmósfera. La metáfora entre la calidez y la bondad humana es más que una metáfora, ya que estudios recientes han demostrado que las personas encuentran a un extraño más agradable cuando en su primera impresión, el extraño sostiene una taza de café caliente. La metáfora de la calidez y la bondad se extiende a la exclusión social, cuando la gente literalmente siente frialdad al haber sido excluidos socialmente. La simple relación entre el buen clima y la felicidad se une a una serie de relaciones más sorprendentes y complicadas entre la temperatura y el calor, por un lado, y a una serie de resultados importantes en el desarrollo de nuestra experiencia mental por el otro.

3. Símbolos e Imágenes
Los paisajes urbanos están poblados por miles de símbolos e imágenes que inconscientemente influyen en nuestra forma de pensar y comportarnos. Las personas que se identifican como católicos o cristianos tienden a comportarse de manera más honesta cuando están expuestos a una imagen del crucifijo, incluso cuando no tienen memoria consciente de haber visto el crucifijo. La honestidad es una virtud, pero otro experimento demostró que los católicos reflejaron opiniones inferiores de sí mismos después de haber sido expuestos subliminalmente a una imagen del entonces Papa Juan Pablo II. Por otro lado, la gente piensa más creativamente cuando están expuestos al logotipo de Apple, o cuando son testigos de la iluminación de un foco incandescente, tanto el logo de Apple como el foco iluminado, popularmente se asocian con la creatividad, y éstas metáforas profundamente arraigadas, una vez activadas, tienen la capacidad de dar forma a el comportamiento. Lógicas asociativas similares sugieren que las banderas nacionales deben impulsar la unidad, y de hecho una muestra de los israelíes de izquierda y de derecha servían más humildemente a políticas opuestas cuando fueron expuestos subliminalmente a una imagen de la bandera israelí, del mismo modo, una muestra reflejó respuestas de mayor empatía hacia los musulmanes cuando estuvieron expuestos a la misma bandera.

4. Circuitos de Retroalimentación
La idea propuesta por Richard Doyle de “los circuitos de retroalimentación” refuerzan las maneras de hacer consciente el aprendizaje y la percepción de las formas en que diseñamos nuestra propia experiencia, todo a través de nuestras elecciones creativas y de nuestras elecciones lingüísticas, es decir, la capacidad extraordinaria que tenemos para moldear nuestras vidas, los espacios que habitamos y la gente con la que nos rodeamos. Mientras curamos nuestros espacios, curamos nuestras circunstancias, y esencialmente nos convertimos en diseñadores de nuestra experiencia.

Esto nos hace pensar que tenemos más control sobre nuestra realidad de lo que pensamos, y este control extraordinario proviene del poder de los circuitos de retroalimentación. La intención, esa agencia sumada a la acción, crea un loop de retroalimentación que se auto-amplifica. En otras palabras, la intención de un pensamiento positivo moldea nuestra mente para que nuestra experiencia externa sea positiva, y al encontrar estímulos positivos se generan mayores pensamientos positivos y así sucesivamente.
Éstos 4 cues – los colores, las condiciones meteorológicas, los símbolos e imágenes y los circuitos de retroalimentación- son parte de docenas de otros que tienen una sorprendente capacidad de influir en nuestra forma de pensar, sentir, actuar y decidir. Una vez que entendemos lo que son estos cues y cómo se reflejan en nuestras vidas mentales, estaremos más equipados para convertirnos en mejores diseñadores de nuestros propios pensamientos.

Twitter del autor: @BienMal
visto en maestroviejo

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Cómo influyen los pensamientos a nuestra salud?

Un pensamiento positivo, puede relajar el cuerpo, hacer bajar la tensión, subir nuestras defensas y mejorar nuestra salud general. En cambio un pensamiento negativo puede acelerar nuestro corazón, nos puede hacer subir la tensión, contracturas musculares, al estar en un estado de tensión…


Durante el día tenemos muchos pensamientos y por desgracia, normalmente, son pensamientos negativos. En el siguiente video realizo un ejercicio para que te des cuenta que la imaginación tiene un efecto directo con nuestro cuerpo.



Todos nuestros pensamientos afectan a nuestra salud, ya que para el cerebro, no hay diferencia entre lo que imagina y lo que en verdad está sucediendo.