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viernes, 15 de noviembre de 2013

China flexibilizará política del hijo único y eliminará campos de trabajo

El Gobierno de China abolirá los campos de reeducación mediante el trabajo y flexibilizará la política del hijo único, autorizando a las parejas a tener un segundo descendiente, según anunciaron este viernes las autoridades chinas a través de la agencia oficial china Xinhua.

Esta decisión “forma parte de los esfuerzos por mejorar los derechos humanos y las prácticas judiciales” en el país, precisó la agencia, que añade que Beijing también reducirá paulatinamente el número de delitos sancionables con la pena de muerte.
El sistema de campos de reeducación a través del trabajo (laojiao en chino) es utilizado por la policía contra los delincuentes y por las autoridades locales para deshacerse de alguien molesto.
El primer ministro chino, Li Keqiang, en el cargo desde marzo, había anunciado hace unos meses que el sistema sería reformado.
Además, el Ejecutivo señaló que los letrados jugarán un importante papel en la protección de los derechos legales y los intereses de los ciudadanos.
El líder Mao Zedong, fundador de la República Popular China, introdujo en 1957 los campos de reeducación para castigar los delitos menores.
En lo referente a la política del hijo único, implementada en el año 1979 para frenar la superpoblación, el país asiático mantendrá sus acciones básicas sobre planificación familiar.

martes, 22 de noviembre de 2011

Los bosquimanos divergieron de otras poblaciones humanas antes de lo creído

Origen de los bosquimanos

(NCYT) La primicia es obra de un grupo de especialistas en estadística biológica y biología informática de la Universidad de Cornell, quienes ya han aplicado estos métodos a los genomas de varias personas con ascendencia de Europa, Asia oriental, África occidental y el sur de África.


El equipo de Ilan Gronau y Adam Siepel analizó sólo seis genomas, pero, para asegurar una buena fiabilidad de los resultados, se valió del hecho de que estos genomas contienen vestigios de material genético de miles de antepasados humanos, que se han reunido en nuevas combinaciones a lo largo de milenios mediante la recombinación genética.

El principal hallazgo del estudio es que los bosquimanos (conocidos también como los San), un grupo indígena de cazadores-recolectores del sur de África, se separaron de otras poblaciones humanas hace alrededor de 130.000 años, bastante antes de lo que se creía hasta ahora. En comparación, los ancestros de las poblaciones actuales de Eurasia emigraron desde África hace sólo unos 50.000 años.

Estudios previos habían estimado que los bosquimanos, una de las poblaciones humanas más divergentes genéticamente, se separaron de otros africanos hace alrededor de 100.000 años.
Esos estudios anteriores de demografía humana se basaban sobre todo en el ADN mitocondrial de la línea materna, o en los datos del cromosoma Y, transmitidos del padre al hijo varón, pero esos estudios están limitados por las pequeñas cantidades de posiciones genómicas analizadas.

El nuevo estudio, en cambio, se basa en el genoma entero de cada individuo, proporcionando por ello un panorama más rico y más completo de la evolución humana, tal como argumentan los investigadores.

viernes, 11 de noviembre de 2011

7.000 MILLONES DE HABITANTES POBLANDO EL PLANETA NO SON EL PROBLEMA

¿Cómo pueden hablar de “superpoblación” cuando todos los habitantes del planeta cabríamos en una superficie similar a la de Japón a densidades similares a la de la zona más poblada del globo, Macao, con 18.534 personas por kilómetro cuadrado?

Según los modelos demográficos de la ONU, la población mundial ha alcanzado los 7.000 millones de habitantes en estos días. Estos modelos muestran que el ritmo de crecimiento de la población se está ralentizando debido a un descenso significativo de la tasa de natalidad, aunque el crecimiento continúa, fundamentalmente, por la disminución de la tasa de mortalidad. 

El crecimiento de la población mundial ha ido en paralelo con el agravamiento de la Crisis Ecológica Global, lo que ha llevado a algunos a afirmar que ésta se debe a la “superpoblación”. Como veremos, esta afirmación carece de sentido y, habitualmente, es utilizada para desviar la atención de la verdadera causa de la Crisis Ecológica: la organización –o, mejor dicho, desorganización– de la producción bajo el sistema capitalista.

Las cifras dejan claro que las grandes problemáticas que conforman la Crisis Ecológica no responden de forma prioritaria al crecimiento de la población mundial. Por ejemplo, según la ONU, alrededor de 24.000 personas mueren cada día de hambre o de causas relacionadas con el hambre, cuando se producen dos kilogramos de alimento por persona y día. Es decir, la gente no muere de hambre por falta de alimentos, sino por falta de dinero para comprarlos.

Entre 1890 y 1990, la población mundial se multiplicó por 3,5 mientras que las emisiones de CO2 (que contabilizan cerca del 60% del Cambio Climático) lo hicieron por 17 y las emisiones de SO2 (que producen lluvia ácida) por 13. El Pentágono es la institución que más petróleo consume en el Planeta y una de las que más gases de efecto invernadero emiten. Estados Unidos, con el 4% de la población mundial, emite el 25% de los gases de efecto invernadero.

En el período 1990-2000, la población del Estado español creció ligeramente, mientras que el consumo de energía primaria se incrementó un 38% y un 45% el parque de automóviles. Estas cifras nos muestran que el Cambio Climático y otras problemáticas relacionadas con la contaminación atmosférica no responden al crecimiento de la población mundial.

La mayor parte de la población mundial consume muy poco (tiene una huella ecológica muy baja) y no decide sobre la producción. Y no pensemos solo en los países empobrecidos. Por ejemplo, en el Estado español, la huella ecológica de los grandes empresarios es mucho mayor que la del 60% que llega justo a fin de mes y que, además, no toma decisiones respecto a los procesos productivos –que es donde se generan directamente más impactos socio-ambientales.

El movimiento ‘Ocupemos Wall Street’, las y los indignados de Estados Unidos, lo están dejando muy claro cuando señalan no a los 7.000 millones de habitantes sino al 1% de ellos, grandes millonarios que controlan mucho más (gobiernos y multinacionales), consumen mucho más y destruyen mucho más que todo el resto junto. No se degrada capital natural porque seamos demasiada gente, sino porque reporta beneficios para unos pocos y perjuicios para la mayoría.

Un aumento repentino de la densidad de habitantes puede ser la causa más importante de degradación ambiental en momentos muy definidos en zonas muy concretas. Por ejemplo, las crisis de los Tigres Asiáticos a finales de los años noventa y la crisis actual en China obligaron a cientos de miles de trabajadores a migrar de zonas industriales al medio rural. En sus nuevas tierras, estos migrantes cultivaron en zonas montañosas sin conocer las técnicas tradicionales de conservación de suelos, provocando una fuerte erosión, deforestación, contaminación de ríos, etc.

Fenómenos similares se han registrado en zonas de asentamiento de campos de refugiados. Pero estos casos específicos no pueden llevarnos a inferir que el crecimiento de la población mundial es la causa de la Crisis Ecológica Global. Además, como vemos en estos ejemplos, las migraciones que conllevan grandes concentraciones desordenadas de población tienen, en último término, un origen socioeconómico.


Y es que la evolución de la población no es un hecho aislado del contexto socioeconómico, sino que depende estrechamente de él. En un mundo repleto de injusticias sociales y donde la mujer está oprimida, los hijos se convierten en trabajadores necesarios para las familias pobres y las mujeres no pueden decidir sobre sus embarazos.

En un mundo más justo, donde no se prioricen los beneficios de unos pocos y las mujeres dejen de estar oprimidas, la población mundial se estabilizaría y la organización democrática de la producción la llevaría a la senda de la sostenibilidad.