martes, 1 de noviembre de 2011

¿UN PACTO CON EL DIABLO, EXISTIRA?

Existen realmente los pactos satánicos? ¿Es posible vender el alma al Diablo? Tal y como se recoge en los tratados de Alta Magia existentes en los siglos XV, XVI y XVII, todavía existen personas que celebran rituales de magia negra creyendo lograr los favores de Lucifer.

 
En esos rituales, signos cabalísticos y extraños nombres de entidades diabólicas rodean un círculo mágico hecho en el suelo junto con una barrera de sal, que tendrán como objeto protegerse del mismo demonio. Entonces, las velas, el incienso, las ofrendas y el cuchillo “sagrado” empuñado por el oficiante, confieren a la escena un halo de terrible misterio.
 
Este ritual de magia negra, especie de una tradicional invocación al Diablo para sellar un pacto satánico, se realiza todavía en algunos lugares del mundo, tal como se realizaba en la vieja Europa hace 3 ó 4 siglos atrás . ¿Cuál es la razón para que alguien se atreva a hacer un pacto satánico? “Generalmente quien lo hace es una persona que ha perdido la fe, ambiciosa de poder, de fama, de riqueza, de amor o sexo en exceso y es por ello que acude al Diablo para venderle su alma a cambio de los favores terrenales que este supuestamente le concederá. En estos casos, y según diversas culturas y religiones, mitos y creencias, el Diablo puede presentarse en sus diferentes formas y tentar a aquellas almas que lo invocan, ofreciéndoles bienes materiales a cambio del alma de la persona que pacta con él.
 
Desde tiempo inmemorial se considera que el pacto con el demonio constituye el más poderoso hechizo de magia negra desarrollado por la humanidad, cuyo propósito es satisfacer cualquier deseo del beneficiario, desde cuestiones estrictamente personales (amor, dinero, belleza , salud...) hasta grandes asuntos de empresa o de Estado. De esta forma, este tipo de pacto fue durante milenios, la herramienta mágica más poderosa de individuos, grupos y naciones y, según diversas culturas, efectuado el pacto, el maligno hechizó y creó fortunas, amores, maldiciones, familias, clanes, alianzas, naciones e imperios.
 
Para efectuar dicho pacto, los solicitantes debían contratar los servicios de un brujo o nigromante para que realizase un sacrificio ritual de invocación demoníaca. A cambio de ese sacrificio se creía que el demonio proporcionaba al beneficiario todo lo que hubiera pedido. Anterior a la colonización romana, la alianza con Satanás fue practicada extensamente por babilonios, fenicios, minoicos, celtas, dahomeyas, mixtecas, mayas, aztecas y toltecas, así como por numerosos pueblos europeos. Todas esas civilizaciones crecieron y se expandieron mientras mantuvieron esta tradición arcana, y, según ellos, agonizaron en el momento en que la adulteraron o abandonaron.
 
 En el origen de sus comienzos, otras culturas practicaron este tipo de pacto pero luego se lo prohibieron a si mismas y a los demás, una vez que su poder quedó establecido. Esas culturas fueron los egipcios, acadios, chinos, prerromanos, judíos e indios, entre otros”. Aunque en algunas religiones se cree que el pacto diabólico pudo sobrevivir hasta mediados de la Edad Moderna, existen quienes afirman que actualmente se sigue practicando en algunos círculos de las sociedades contemporáneas a fin de obtener fortuna, éxito y poder.
 
¿Qué significa pactar con el Diablo? “Según las religiones monoteístas, sobre todo, la judeocristiana e islámica, se consideraba que pactar con el demonio implicaría la condenación eterna del hechicero y el o los beneficiarios. De acuerdo a los demonólogos, para invocar al demonio, era preciso llamarlo por su nombre correcto. Por ello, las religiones posteriores trataron de borrarlo o confundir al solicitante mediante numerosos apodos. La demonología medieval está llena de estos engaños, incorporando centenares de nombres. Lo mismo cabe decir de los símbolos, signos o sellos elaborados por los judeocristianos para dificultar cualquier posible invocación.
 
Según las religiones monoteístas occidentales, este trato resultaría muy peligroso, pues el precio de tales favores es la condenación eterna del alma. Entre los más crédulos, cualquier logro aparentemente sobrehumano se atribuía a un pacto con el demonio. El pacto podía ser oral o escrito. El oral se realizaba mediante invocaciones, conjuros o rituales: una vez que el nigromante cree que el demonio está presente, le pide el favor que sea y ofrece su alma a cambio; de esta manera, no quedarían pruebas de lo sucedido.
 
Sin embargo, en los juicios por brujería siempre aparecían evidencias como la marca diabólica, una señal indeleble causada por el toque del Diablo al cerrar el pacto. Esta marca (que podía ser desde una peca a una cicatriz) constituía prueba suficiente de que el pacto diabólico se había producido. El pacto escrito atraería al demonio de la misma manera pero incluiría un contrato firmado con la sangre del hechicero o de la víctima a sacrificar”. ¿Qué tipo de personas se atrevían a realizar alianza con el demonio? “Aquellas que solían creer que Dios les había abandonado y no encontraban alicientes en su vida para continuar.
 
 Normalmente, gente de escasos recursos económicos que cansados de su pobreza decidían pactar con el Diablo para alcanzar una vida de riquezas, individuos que amaban a alguien que no les correspondía o con afán de protagonismo y que no podían tolerar el anonimato de su vida y por consiguiente buscaban, además de dinero, la fama o cualquier otro tipo de pacto que repercutiese de una forma inmediata en la mejora de su vida terrenal. Si bien los pactos satánicos no siempre se daban de esta forma, en ocasiones era el mismo Diablo quien, como buen conocedor de la vulnerabilidad de una persona, le ofrecía acabar con esa vida de sufrimiento prometiéndole una de riquezas sin ningún tipo de limitación. De esta forma, el Diablo solía presentarse tentadoramente a personas especialmente ambiciosas, con la intención de adueñarse de su alma”.
 
¿Y cuál era o es el futuro de alguien que pacta con el Diablo? “El futuro de alguien que pacta con el Diablo no es muy alentador pues deberá sufrir eternamente en el infierno. Al fin y al cabo, toda una eternidad de tormentos inenarrables, a cambio de unos pocos años de beneficios materiales, no son un buen negocio para nadie”. ¿Pero cómo alguien que sabe eso decide pactar? “Existen dos posibles razones: La primera, algunos pactan con la intención de tras recibir los beneficios, romper el pacto y traicionar al Diablo tratando de volver a la luz.
 
Sin embargo, no resulta fácil engañar a Lucifer, porque siempre es él quien acaba ajustando el pacto a sus malignos intereses. Segunda, es que creyentes del “valor” que otorga a su alma el mismo Diablo, incluso para presentárseles en persona, piensen que este les tiene guardado un puesto de honor en el infierno. Pero, ¡que equivocados están! Pues los pobres no saben que pasarán una eternidad de tormentos inenarrables, a cambio de unos años de beneficios materiales. Incluso algunos devotos satanistas señalan los riesgos que entrañan este tipo de ceremonias. Quien vende su alma al Diablo es víctima de su propia debilidad y ambición y no vacila para lograr sus deseos, sin importarle las consecuencias, sabiendo que en algún momento tendrá que pagar su deuda. Así es que termina perdiendo todo y condenando su Ser, destruyendo su vida y todo lo que más amaba.
 
El precio de vender el alma es muy alto; el comprador es implacable y paciente para cobrar y devorar a sus víctimas. La tentación es grande y nadie se escapa de pagarlo” . Según la cita evangélica, Jesús dijo al primer Papa: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y la puertas del infierno no prevalecerán contra ella y te daré las llaves del Reino de los Cielos y cualquier cosa que atares en la Tierra será atada en el Cielo” (Mateo 16, 18). Es decir, en esta cita, en la que se sustenta en buena medida la autoridad del Magisterio de la Iglesia Católica, se pretende justificar el poder del Papa para dominar a los demonios, y para decidir en la Tierra cuestiones que afectan también al mas allá. Derivado de tal planteamiento religioso cabría preguntarse ¿La creencia de la existencia de Satanás es exclusiva de la religión católica? ya que Biblia contiene muchas referencias al Diablo. “No.
 
El culto a Satanás no es una exclusiva católica, ya que en todos los pueblos del mundo ha existido un lado oscuro del maligno. Por ejemplo, los Yezidies islámicos, son una secta que adora al Sahitán del Corán y que realiza sangrientos rituales de sangre en sus tenebrosos cultos; o los Khlysty rusos, vinculados al siniestro Rasputín y feroces enemigos satánicos de la cristiana iglesia ortodoxa. La creencia de la existencia del demonio pertenece a todas las religiones”. ¿De dónde provino el diablo? – “Originalmente era Lucifer, un ángel de luz, uno de los tres ángeles principales junto con Gabriel y Miguel”. ¿Cómo llegó el Diablo a la Tierra? “Fue expulsado del cielo junto con un tercio de los ángeles, después de liderar una rebelión de ángeles contra Dios. Posteriormente, en el Edén, se le apareció a Eva como la serpiente (esto, en lenguaje figurativo porque literalmente es un ángel caído)”. ¿Qué está haciendo el Diablo ahora? “Lo que ha hecho siempre: estar contra de Dios en cualquier forma posible. El maligno es un asesino y padre de mentiras y está en el centro mismo del implacable mal que prolifera en el mundo.
 
Diariamente los periódicos, la radio y la televisión están repletos de trágicas historias de guerra, hambre, huracanes, tornados, bombarderos suicidas, genocidio, accidentes hogareños fatales, abuso infantil, pornografía, nuevas y viejas enfermedades incurables, asesinatos, destrucción, odio, prejuicio racial y, pare usted de contar. El rey de las tinieblas orquesta todos esos males a través de gente poseída por el demonio, es decir, por él mismo”. ¡Qué es la demonología? “La demonología es una especie de “asignatura” teológica que pretende analizar a Lucifer partiendo del supuesto de que tal entidad existe y que es capaz de interactuar en nuestro mundo. El mismo apóstol Juan se refiere a Satanás como El Príncipe de este Mundo. Y como Príncipe del Mar en la Tierra, Lucifer ha acaparado la atención, preocupación y ocupación de sacerdotes, monjes y obispos de toda la historia” .
 
La idea de pactar con el Diablo a cambio de fama y gloria ha sido también recurrente en la historia de la música. “Así es y existen varios ejemplos de ello: Niccolo Paganini, extraordinario violinista italiano, al parecer fue una de esas personas y otros artistas como Giuseppe Tartini, compositor y violinista veneciano, quien creía que una de sus sonatas estaba inspirada por la aparición del Diablo en uno de sus sueños. Infernus - un practicante de Satanismo Teísta - hizo un supuesto pacto con Satanás al fundar su banda de black metal Gorgoroth; Robert Johnson, cuya leyenda narra que su virtuosismo con la guitarra devino de un pacto con el demonio; King Diamond quien sostuvo que un pacto con el Diablo le daba el poder de las mil voces; Murdoc Niccals, según la autobiografia del grupo Gorillaz, Murdoc hizo un pacto con un demonio a cambio de formar al grupo musical más famoso del mundo. El bajo El Diablo y el cambio de su segundo nombre de Alphonse a Faust, son el símbolo del contrato”.
 
Niccolo Paganini, nacido en Génova el 27/10/1782 y muerto en Niza, el 27/05/1840, fue un violinista, violista, guitarrista y compositor italiano, considerado como uno de los más famosos virtuosos de todos los tiempos, reconocido como uno de los mejores violinistas que haya existido, con oído absoluto y entonación perfecta, técnicas de arco expresivas y nuevos usos de técnicas de staccato y pizzicato. Mucho antes de que su leyenda creciera hubo alguien que aseguró haberlo visto invocar al Diablo, postrarse delante de él y repetirle. “Mi alma es suya a cambio de yo tocar como un ángel”. Luego, se encendió una luz que lo cegó, Paganini se puso de pie y siguió su camino. Así lo señaló aquel testigo a quien algunos le creyeron y otros no.
 
Más, aquel relato fue creciendo y la gente acudía masivamente para verlo y oírlo tocar, formándose desordenados tumultos donde se arrebataban los boletos cual si fueran salvavidas en un naufragio. En su tiempo, impactados gratamente por su extraordinaria ejecución del violín, todos hablaban de él y no sólo se trataba de gente culta sino también de gente humilde y hasta los mendigos y las prostitutas acudían presurosos a comprar los boletos cuando nomás se anunciaba que tocaría el gran Nicolo Paganini, “El violinista del Diablo”, como empezaron a llamarlo. Paganini comenzó a tocar el violín a los siete años. A los nueve hizo su primera aparición pública. A los trece realizó una gira por varias ciudades de Lombardía. A los dieciséis ya era conocido, pero no digirió bien el éxito y se convirtió en un jugador que continuamente se emborrachaba.
 
Una dama desconocida lo salvó de esa vida licenciosa para llevarlo a su villa donde aprendió a tocar la guitarra y el piano. Tiempo después, su técnica comenzó a asombrar a quienes lo oían tocar, llegando a pensar que existía algún influjo diabólico sobre él, porque a su vez su apariencia se notaba algo extraña y sus adelantos musicales eran una verdadera obra de arte. En esa época, en la mayoría de sus apuntes aparecía una nota extraña la cual decía "Nota 13", lo que, según algunos, le permitía interpretar obras de gran dificultad únicamente con una de las cuatro cuerdas del violín (retirando primero las otras tres, de manera que éstas no se rompieran durante su ejecución), y continuar tocando a dos o tres voces, de forma que parecían varios los violines que sonaban.
 
En sus espectáculos empleaba una asombrosa improvisación. Era tal su prodigio que su imaginativa técnica influyó notablemente en compositores como Franz Liszt, Johannes Brahms, Sergei Rachmaninoff, Boris Blacher, Andrew Lloyd Webber, George Rochberg yWitold Lutosławski. Misteriosamente, todavía hoy día nadie sabe de dónde provenía tal conocimiento y destreza musical . En la actualidad Paganini sigue siendo considerado el mejor violinista que supo extraer al instrumento sonidos y efectos inconcebibles para cualquier mente humana. Su estilo brillante y, en ocasiones, efectista, desarrolló de manera considerable las posibilidades técnicas del violín, explorando diversos recursos, lo que le permitió componer y ejecutar ingeniosas variaciones donde además de usar en solitario la cuarta cuerda del violín, introdujo los armónicos simples y dobles, unos sonidos muy agudos conseguidos acariciando las cuerdas del instrumento lo más cerca posible del puente.
 
Tal vez entonces nació la leyenda que asociaba sus geniales facultades a un pacto con el Diablo. Por ello, vivió rodeado de una aureola mefistofélica por sus propios contemporáneos, asombrados ante su dominio del instrumento y su vida desordenada y aventurera, lo que aunado a su genialidad, personalidad y misterio, le identificaba. Al parecer no era únicamente su dominio técnico e interpretativo lo que sorprendía sino toda una serie de gestos y maneras que lo transformaban durante su actuación. De este modo, los sonidos de su violín se hicieron cada vez más tempestuosos y osados, y en los ojos del espantoso intérprete brillaba un ansia de destrucción tan burlona y sus delgados labios se movían de modo tan lúgubremente agitado, que parecía como si murmurara antiguas y malvadas palabras mágicas para conjurar la tempestad y desencadenar los espíritus malignos.
 
A Paganini nunca le importó un bledo que la gente creyera que su impresionante virtuosidad se debía a un pacto con el Diablo. Hay quien asegura que vio al propio demonio acompañarle en algunos de sus conciertos. Otro de los relatos que llama la atención en la vida de Paganini, es que su madre no cesaba de contarle el sueño que había tenido en una ocasión. En el sueño un ángel le aseguraba que su hijo llegaría a ser un gran violinista que asombraría al mundo, pero que todo se lo debería a ese mismo ángel. Aunque era feo como el demonio su presencia impactaba a las mujeres al punto de arrojarse a sus pies. Y si no bastaba, ahí estaba su extraordinaria manera de tocar el violín.
 
A una de ellas que se resistía a amarlo, que se encerraba en su habitación y que había dado órdenes de que bajo ninguna circunstancia se dejara entrar a Paganini en su casa, el virtuoso se las ingenió para llegar hasta el balcón de la alcoba e improvisar una sonata para una sola cuerda. Cuando la mujer oyó su virtuosismo le hizo un lugar en su cama. Paganini era flaco, feo, de nariz aguileña, alto, erguido, con las manos que parecían llegarle hasta las rodillas y aunque ganaba mucho dinero, solía ir vestido con trajes siempre de color negro, deshilvanados, en jirones. A pesar de ser feo, descuidado y trasudado, su fuerte personalidad atrajo a numerosas mujeres que llegaron a ser sus amantes, entre las que figuran Paulina y Elisa, hermanas de Napoleón. Así anduvo Paganini, de mujer en mujer, de cama en cama. Era lo que más le atraía, junto con el dinero para gastarlo generalmente jugando o apostando.
 
Dinero que caía en sus manos dinero que gastaba. Y con la misma prontitud volvía a gastar más. Con la ventaja de que a veces ni en violines gastaba. Una vez que fue a tocar a un palacio y se le olvidó su instrumento, el anfitrión, un noble, extrajo su Guarnerius personal de la vitrina y se lo prestó para que saliera del aprieto. Después que Paganini tocó, el noble –impactado gratamente- se lo regaló besándole varias veces las manos. Como hombre Paganini parecía estar especialmente dotado para meterse en líos, particularmente de faldas o de dinero. Se fuga de Génova en dirección a Parma con una joven de veinte años llamada Angelina Cavanna. La deja embarazada y, ante esa situación, se va con ella a Fumeri. Pero el padre de Angelina lo denuncia por rapto y estupro, logrando que sea arrestado y encarcelado. Para salir de la prisión lo hacen firmar un acuerdo con el señor Cavanna, en el cual le garantizaba el pago de mil doscientas liras, mitad al contado, mitad con una letra de cambio.
 
Pero cuando se ve liberado de la cárcel, intenta evitar el segundo pago y ello provoca una demanda judicial en su contra, lo que le obliga a pagar tres mil liras. El bebé de Angelina muere al nacer. En 1821, en Nápoles se enamora de Carolina Banchieri, una linda joven con quien se fuga a Parma. Pero cuatro días después, posiblemente recordando la amarga experiencia con Angelina, decide separarse, enviándola a vivir con una campesina, cuya discreción fue remunerada. Tras esta desventurada historia, Paganini fue presa de la angustia y se sintió seriamente enfermo. Se hace examinar por un famoso médico que le diagnostica una sífilis, que en aquella época era una enfermedad irreversible, y, atormentado por la idea de que el matrimonio resultaba imposible, cae en un estado de postración psíquica, al que se sumó su delicado estado de salud.
 
En 1828, aunque no logro curarse, se recuperó y pudo reemprender sus recitales, realizando una gira por toda Italia en compañía de una cantante con la que compartía sus audiciones: Antonia Bianchi, quien se convirtió también en su amante y luego su esposa, con quien se casa cuando él tiene 42 años de edad. La pareja sólo tuvo un hijo: Achille. Mas tarde se separan, y para quedarse con su hijo, Paganini paga una elevada cantidad de dinero para apartarla de su vida y quedarse con el niño. El genial músico estuvo apartado de los escenarios durante dos años, a causa de sucesivas enfermedades. En 1828, al haber perdido gran parte de la visión, tuvo que usar unas gafas de lentes azulados que acentuaban su aspecto tétrico. Fuertemente aquejado de salud, Paganini viaja a Niza por prescripción médica, donde se radica. Allí, su salud empeora, probablemente a raíz del tratamiento con mercurio que se realizaba por recomendación de su médico para tratarle la sífilis que padecía.
 
Su cuerpo, atormentado por el dolor, iba consumiéndose lentamente. Tenía los ojos hundidos en las cuencas, lo cual, junto con su rostro de cera, le confería una apariencia espectral. El mercurio le había estropeado el estómago y podrido la mandíbula y los dientes. Fruto de su mal estado, se le habían caído los dientes hasta hacer desaparecer la boca dentro de la barbilla. Paralelamente a la sífilis que sufría, un cáncer en la garganta le hizo perder la voz progresivamente y quedó sin habla los dos últimos años de su vida y se tenía que comunicar por escrito. Nicolo Paganini murió de cáncer de laringe el 27 de mayo de 1840, cuando sólo contaba con 56 años de edad.
 
En los últimos años de su vida fue bastante reacio a mantener contacto con cualquier persona relacionada con el sacerdocio, al extremo de que ya agónico, cuando el cura quiso darle la extremaunción, el músico lo mandó al infierno. Por este motivo y por supuestamente haber hecho pacto con el Diablo, Paganini murió sin recibir los últimos sacramentos, ya que el Obispo de Niza prohibió su entierro, alegando que había rehusado la extremaunción. La fama que se había tejido alrededor de su persona referente a un posible pacto con el demonio fue determinante en esa decisión eclesiástica, sobre todo, debido a que el propio Paganini rehusó acercarse a la Iglesia y desmentir aquellos comentarios.
 
Su cuerpo fue embalsamado durante dos meses y posteriormente, por espacio de un año fue depositado en el sótano de la casa de su hijo. Finalmente, fue enterrado en el lazareto de Villefranche, pero ahí no terminaría la peregrinación, ya que años después sería trasladado a otros cementerios, hasta llegar al de Parma, en donde reposa actualmente. Paganini llevó una azarosa vida que sólo pudo compararse a lo que le aconteció a su cuerpo después de muerto. Los vecinos afirmaban que horas después de fallecido, su violín seguía sonando. En una época dominada por la superstición, el obispo de Niza prohibió que el violinista fuese enterrado en esa localidad. Entonces, nadie se hacía cargo del cadáver del músico.
 
Este permaneció dos meses en la habitación en que había residido, pero al cabo de ese tiempo los vecinos protestaron por la fetidez, por lo que almacenaron el cuerpo en el sótano donde estuvo durante 16 meses más, hasta la llegada de un amigo, el conde de Cessole, quien llevó el cadáver a un olivar de su propiedad y lo escondió por algún tiempo en una cuba de aceite. Aunque el cuerpo de Paganini ya había sido embalsamado, las autoridades sanitarias ordenaron su traslado a un lazareto de Villefranche, donde el guardián hizo correr la voz que por las noches se oía sonar un violín. Pese a las gestiones ante diversas instancias eclesiales, el clero persistió en negar camposanto para el cuerpo del músico por haber tocado el violín inspirado por el demonio.
 
Por fin, en 1844, cuatro años después del macabro itinerario del cadáver, el rey Alberto de Piamonte, Cerdeña, firmó la autorización para que Paganini fuese enterrado en Génova. Sin embargo aún entonces, no hubo requiescat in pace para el violinista: los vecinos se quejaban de la proximidad del Diablo enterrado allí. De nuevo el cuerpo fue devuelto a la superficie y trasladado a Parma, a una villa cedida por la esposa de Napoleón, para que el maestro descansara en ella al menos por algún tiempo. Permaneció allí hasta 1876, cuando el Papa Pío Nono le otorgó la gracia de ser enterrado en el cementerio de Parma. Esta fue la cuarta ceremonia fúnebre que se le practicó al cadáver, pero no la última. Años más tarde el violinista checo Frantisek Ondricek, divulgó la duda de que el maestro estuviese enterrado en aquella tumba y fue de nuevo exhumado para corroborar su identidad. Algunos aseguraban que al abrir el féretro, se escuchó sonar un violín. Posteado x Cometa Azul
 
 

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